Imaginar una discusión con la pareja, practicar una respuesta antes de una reunión o anticipar qué decir durante una conversación incómoda es un comportamiento bastante común. La psicología estudia cómo estas conversaciones construidas en la mente pueden relacionarse con la planificación, los hábitos sociales, la incertidumbre y nuestra manera de prepararnos para situaciones futuras.
En algunos casos, el ensayo mental llega a ser sorprendentemente detallado: imaginamos qué dirá la otra persona, elaboramos nuestra respuesta y hasta anticipamos posibles desacuerdos. Esto no implica por sí mismo la existencia de un trastorno. La investigación sobre simulación mental muestra que imaginar acontecimientos futuros forma parte de los procesos cognitivos que utilizamos para anticipar aquello que podría ocurrir.
Por qué ensayamos conversaciones que todavía no ocurrieron
En el campo de la comunicación existe incluso un concepto específico: las interacciones imaginadas, representaciones mentales de conversaciones con otras personas. Una de sus posibles funciones es precisamente el ensayo de un encuentro futuro. Investigaciones sobre este fenómeno encontraron que puede aparecer en contextos muy diferentes y utilizarse para preparar aquello que queremos comunicar.
La incertidumbre tiene un papel importante. Una conversación cotidiana con alguien conocido generalmente exige poca preparación, mientras que pedir un aumento, plantear un problema de pareja o afrontar una reunión difícil puede tener consecuencias que nos importan. La mente intenta entonces construir posibles escenarios y respuestas antes de encontrarse realmente frente a esa situación.
También intervienen las emociones. Un estudio clásico publicado en Journal of Personality and Social Psychology encontró que anticipar una futura interacción social puede influir en la forma en que las personas regulan su estado de ánimo antes del encuentro. Otras investigaciones han estudiado específicamente cómo diferentes estrategias de regulación emocional actúan durante la anticipación de situaciones sociales.
Cuándo anticipar ayuda y cuándo puede hacernos dar demasiadas vueltas
Ensayar mentalmente puede ser útil cuando tiene un objetivo concreto. Pensar los puntos principales antes de una conversación laboral, decidir cómo explicar un problema o preparar una respuesta difícil permite llegar al encuentro con una estructura. Una revisión y metaanálisis sobre simulación mental encontró, de hecho, un efecto positivo general sobre cambios posteriores de conducta, aunque los resultados varían según el tipo de simulación.
Sin embargo, imaginar repetidamente un escenario no garantiza que vaya a ocurrir de esa manera. Una investigación sobre experiencias interpersonales futuras encontró que repetir una simulación podía aumentar la sensación subjetiva de que un acontecimiento emocional era probable, aunque imaginarlo más veces obviamente no hacía que el hecho realmente fuera a suceder.
Ahí aparece una diferencia importante entre preparar y rumiar. Una simulación puede ayudarnos a decidir qué queremos decir; repetir indefinidamente todas las respuestas posibles puede dejar de aportar información nueva. Además, una conversación real incorpora tono, gestos y respuestas inesperadas que ningún ensayo puede controlar completamente.
Por eso, la psicología no considera extraño que algunas personas mantengan auténticas conversaciones anticipadas en su mente. Puede ser una forma de planificación, preparación y regulación emocional. El límite práctico aparece cuando el ensayo deja de prepararnos para hablar y se convierte simplemente en repetir una escena que todavía no ocurrió.