11 de julio de 2026 - 14:15

La psicología explica que las personas criadas entre 1971 y 1981 no desarrollaron resiliencia por voluntad propia, sino por el contexto en el que crecieron

Quienes nacieron entre 1971 y 1981 crecieron en una época marcada por una mayor autonomía, menos supervisión y responsabilidades tempranas.

Las personas nacidas entre 1971 y 1981 atravesaron una infancia muy diferente a la de las generaciones actuales. Sin teléfonos celulares, internet ni redes sociales, debían resolver muchos problemas cotidianos por cuenta propia, asumir responsabilidades desde edades tempranas y encontrar formas de entretenerse sin depender de la tecnología.

Según investigaciones en psicología, este contexto favoreció el desarrollo de la resiliencia, entendida como la capacidad de afrontar situaciones adversas, adaptarse a ellas y seguir funcionando de manera positiva.

Una infancia con más autonomía

Estudios realizados por investigadores de la Universidad de Texas y de la Universidad de Leipzig señalan que la resiliencia suele fortalecerse cuando las personas enfrentan desafíos reales, adquieren independencia y aprenden a resolver problemas desde la infancia.

Para quienes nacieron entre 1971 y 1981, ese escenario era habitual. Era común regresar solos del colegio, organizar actividades con amigos sin supervisión constante, colaborar con las tareas del hogar y resolver conflictos cotidianos sin la intervención inmediata de un adulto.

Las responsabilidades fortalecieron la adaptación

Durante las décadas de 1970 y principios de 1980, muchas familias experimentaron importantes cambios sociales. El aumento de la participación laboral de ambos padres y las limitadas alternativas de cuidado infantil hicieron que muchos niños pasaran más tiempo de forma autónoma.

Diversas investigaciones sostienen que asumir responsabilidades acordes a la edad permitió desarrollar mayor tolerancia a la frustración, capacidad para tomar decisiones y confianza para enfrentar situaciones complejas durante la vida adulta.

La resiliencia no depende solo de las dificultades

El reconocido estudio longitudinal de la psicóloga Emmy Werner observó que numerosos niños expuestos a situaciones adversas lograban convertirse en adultos plenamente adaptados.

Sin embargo, los investigadores remarcan que la adversidad por sí sola no explica ese resultado. La presencia de vínculos familiares estables, un entorno relativamente seguro y oportunidades para asumir responsabilidades fueron factores fundamentales para desarrollar resiliencia.

Otros trabajos analizados por el sociólogo Glen H. Elder llegaron a conclusiones similares: afrontar desafíos moderados dentro de un contexto familiar estable favorecía la autonomía y el sentido de competencia, mientras que los entornos altamente conflictivos tendían a producir efectos negativos.

El contraste con la crianza actual

Diversos especialistas sostienen que muchos niños y adolescentes crecen hoy bajo modelos de crianza con una supervisión mucho más intensa. En este contexto aparece el concepto de "padres helicóptero", utilizado para describir a quienes intervienen de manera constante para evitar que sus hijos experimenten frustraciones o dificultades.

Algunos expertos advierten que esta sobreprotección puede limitar el desarrollo de habilidades como la resolución de problemas, la tolerancia al fracaso y la autonomía, competencias que muchas personas nacidas entre 1971 y 1981 desarrollaron de manera natural durante su infancia.

Una generación acostumbrada a resolver problemas

Los investigadores coinciden en que la principal fortaleza de quienes nacieron entre 1971 y 1981 no radica únicamente en haber vivido una infancia más exigente, sino en haber enfrentado de forma repetida situaciones que requerían iniciativa, adaptación y toma de decisiones.

Esa práctica cotidiana, sostienen los estudios, contribuyó al desarrollo de recursos psicológicos que hoy les permiten afrontar con mayor flexibilidad los cambios, superar contratiempos y adaptarse con mayor facilidad a nuevas circunstancias.

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