6 de julio de 2026 - 09:45

La psicología afirma que los niños nacidos entre 1958 y 1971 no se volvieron fuertes por una mejor crianza, sino por gestionar sus emociones

La fortaleza emocional no depende solo de la época en la que alguien nació. La clave está en cómo aprendió a regular lo que sentía y a resolver conflictos.

Esa experiencia suele resumirse con una frase repetida: “eran más fuertes porque los criaron mejor”. Sin embargo, desde la psicología, esa explicación resulta incompleta. La fortaleza emocional no aparece únicamente por una forma de crianza, sino por la capacidad de gestionar emociones, tolerar frustraciones y adaptarse a situaciones cambiantes.

No fue solo crianza: también fue práctica emocional

Durante esas décadas, muchos chicos aprendieron a esperar, negociar con otros, aburrirse, equivocarse y continuar. No siempre recibían una explicación inmediata ni una solución rápida frente a cada incomodidad.

Ese contexto pudo favorecer ciertas habilidades de autorregulación emocional, como calmarse después de un enojo, aceptar un límite o encontrar una salida práctica ante un problema. Pero eso no significa que todas las infancias hayan sido saludables ni que la dureza sea, por sí misma, positiva.

La psicología distingue entre una dificultad manejable y una experiencia dañina. Una frustración acompañada puede enseñar recursos; una carencia emocional sostenida puede dejar heridas, inseguridad o problemas para pedir ayuda.

Gestionar emociones no significa ocultarlas

Una de las confusiones más habituales es creer que una persona regula sus emociones porque no las muestra. En muchos hogares de esas generaciones, llorar, hablar del miedo o expresar tristeza podía ser visto como una debilidad.

Pero reprimir no es lo mismo que gestionar. La regulación emocional implica reconocer lo que se siente, interpretar la situación y elegir una respuesta posible. La represión, en cambio, intenta esconder la emoción sin necesariamente procesarla.

Los estudios sobre regulación emocional diferencian estrategias más adaptativas, como la reevaluación de una situación, de otras menos saludables cuando se usan de manera permanente, como la supresión expresiva. Una persona puede parecer fuerte por fuera y, aun así, estar cargando una tensión que no logró elaborar.

La experiencia también enseña a elegir las batallas

Quienes nacieron entre 1958 y 1971 tienen hoy entre 55 y 68 años. A esa edad, muchas personas ya atravesaron pérdidas, crisis económicas, cambios laborales, mudanzas, separaciones, responsabilidades familiares y momentos de incertidumbre.

Esa acumulación de experiencias puede ayudar a distinguir entre un problema urgente y una molestia pasajera. No necesariamente sienten menos, pero pueden haber aprendido a priorizar lo importante y no reaccionar ante todo con la misma intensidad.

La teoría de la selectividad socioemocional, desarrollada por la psicóloga Laura Carstensen, sostiene que cuando las personas perciben el tiempo como más limitado, tienden a valorar más los vínculos significativos y las experiencias emocionalmente importantes.

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