18 de agosto de 2026 - 13:30

La psicología dice que la incomodidad de hacer algo duro se mide en minutos y la incomodidad de evitarlo se mide en años

La procrastinación no siempre surge de la falta de disciplina: muchas veces aparece como una forma de evitar el malestar inmediato.

Hacer cosas difíciles suele resultar desagradable. Una llamada telefónica implica afrontar la incomodidad del momento; comenzar un proyecto puede generar confusión; ir al médico supone enfrentarse a la posibilidad de recibir información que preferiríamos no conocer. La psicología tiene una respuesta a ello.

El problema es que el presente pesa mucho más que el futuro. Aunque sabemos que una tarea puede generar malestar si la dejamos para después, sus consecuencias todavía están lo suficientemente lejos como para ignorarlas. En cambio, el temor y la incomodidad aparecen inmediatamente.

La resistencia aparece antes de empezar

Todavía no abriste el correo electrónico, no tomaste el teléfono, no comenzaste el trámite ni escribiste la primera frase de ese informe. Sin embargo, es posible que ya hayas decidido que hacerlo será horrible.

Antes de iniciar una tarea, el cerebro realiza una especie de evaluación de costos: anticipa cuánto esfuerzo, incomodidad o malestar emocional supondrá. Si ese costo percibido parece demasiado alto, aparece la falta de disciplina y el impulso de evitarla.

Así, el miedo que surge frente a una tarea pendiente no necesariamente responde a la tarea en sí misma, sino a lo que imaginamos que tendremos que experimentar mientras la hacemos.

Por qué el presente suele ganar al futuro

Una de las claves para comprender la procrastinación es el llamado sesgo del presente: tendemos a valorar mucho más aquello que ocurre ahora que aquello que sucederá en el futuro.

Los diez minutos incómodos que supone hacer una llamada están presentes. En cambio, los meses de preocupación que pueden surgir por no hacerla todavía pertenecen a una versión futura de nuestra vida.

Para la psicología, esa capacidad intenta evitar la procrastinación.

Para la psicología, esa capacidad intenta evitar la procrastinación.

Por eso, decir "mañana lo hago" puede parecer completamente razonable por la noche y volverse una decisión mucho más difícil al día siguiente. Cuando el futuro se convierte en presente, vuelve a aparecer la misma incomodidad y surge nuevamente la posibilidad de aplazarla.

Las investigaciones de Hal Ersner-Hershfield, de la UCLA, aportaron otra perspectiva interesante: cuando las personas piensan en su yo futuro, la actividad cerebral puede parecerse más a la que aparece cuando piensan en otra persona que a la que surge al pensar en sí mismas.

Postergar no detiene el problema: lo hace crecer

Una tarea pendiente rara vez permanece igual mientras la ignoramos.

Una factura que inicialmente podía resolverse con un pago sencillo puede acumular cargos adicionales. Una conversación breve puede transformarse en una discusión mucho más compleja después de semanas de silencio. Un trámite de pocos minutos puede convertirse en una fuente constante de preocupación.

La evitación, por lo tanto, no congela las cosas: les agrega costos.

La investigación sobre procrastinación también ha cuestionado la idea de que se trata exclusivamente de un problema de organización o planificación. Investigadores como Fuchsia Sirois y Timothy Pychyl han estudiado el fenómeno como una dificultad para regular el estado de ánimo.

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