La generación de los Babyboomer no comenzó a trabajar prematuramente por una motivación intrínseca o ambición desmedida, sino por la carencia de opciones, según la psicología. En una Europa en reconstrucción, el empleo era una obligación impuesta por la necesidad familiar y normas sociales inflexibles que limitaban especialmente el desarrollo profesional de las mujeres.
El concepto de "vocación" era inexistente para quienes nacieron entre 1950 y 1960. La educación secundaria representaba un privilegio inalcanzable para la mayoría en Alemania y otros países europeos. El objetivo primordial consistía en cubrir las necesidades básicas del núcleo familiar, dejando de lado cualquier deseo de desarrollo personal o elección libre del oficio.
El origen del burnout y la herencia de la culpa posguerra
Esta dinámica generó una actitud de servicio y deber que llevó a millones de personas al límite de su capacidad física y mental. La psicoanalista Marie-Luise Hermann describe este comportamiento como un "trabajo hipomaníaco". Se trata de una prolongación intergeneracional del deseo de compensación tras 1945, impulsada por la necesidad de demostrar a los padres que ellos sí habían logrado el éxito.
A pesar de la estabilidad económica alcanzada en los años 70, muchos integrantes de esta generación cargan con un sentimiento persistente de fracaso personal. Sus altas expectativas chocaron con una realidad marcada por una educación parental que, influenciada por el nacionalsocialismo, tendía a reprimir las emociones y a ocultar sentimientos de culpa o derrota.
El lema "solo quien rinde vale algo" se convirtió en el motor del crecimiento económico, pero también en la causa de un estrés crónico generalizado. Fue precisamente esta generación la que, a mediados de la década de 1970, acuñó y popularizó el término "burnout" para dar nombre a un agotamiento que hasta entonces carecía de lenguaje.
El aprendizaje tardío frente a la flexibilidad de la Generación Z
Actualmente, el contraste con las generaciones más jóvenes revela una brecha en la percepción de la salud mental. Mientras la Generación Z identifica sus límites con mayor facilidad, los Babyboomer a menudo ignoraron las señales de advertencia durante décadas. El costo fue alto: entre 1993 y 2001, la mayoría de las jubilaciones anticipadas se debieron a trastornos depresivos y psicológicos.
Hoy, estos trabajadores veteranos están aprendiendo a decir "no" y a establecer límites, habilidades que para los jóvenes resultan naturales. La psicología sugiere que, mientras los mayores aprenden sobre el autocuidado, los jóvenes podrían beneficiarse de la capacidad de compromiso con objetivos profesionales que caracterizó a sus predecesores.