Millones de mujeres en todo el mundo conviven con un trastorno hormonal que puede provocar agotamiento constante, aumento de peso, crecimiento excesivo de vello, alteraciones menstruales y dificultades para lograr un embarazo. A pesar de su elevada prevalencia, gran parte de los casos continúa sin diagnóstico.
Ahora, tras más de una década de discusiones entre especialistas y organizaciones médicas, el síndrome de ovario poliquístico dejará atrás una denominación que durante años generó confusión y pasará a llamarse síndrome ovárico metabólico poliendocrino. Los impulsores del cambio consideran que la nueva definición refleja mejor la complejidad de una enfermedad que va mucho más allá de los ovarios.
Una afección frecuente y muchas veces invisibilizada
La Organización Mundial de la Salud estima que entre el 10 % y el 13 % de las mujeres en edad reproductiva padecen esta condición, lo que equivale a cerca de 170 millones de personas en todo el planeta.
Sin embargo, uno de los datos que más preocupa a los especialistas es que hasta el 70 % de los casos permanece sin diagnosticar. Esto significa que millones de mujeres presentan síntomas compatibles con el trastorno sin saber cuál es la causa de sus problemas de salud.
La diversidad de manifestaciones clínicas explica en parte esta situación. Algunas pacientes sufren cansancio persistente, otras experimentan aumento de peso difícil de controlar, mientras que muchas enfrentan alteraciones hormonales que afectan su autoestima y su calidad de vida.
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El impacto en la vida cotidiana
Las experiencias de las pacientes reflejan hasta qué punto el síndrome puede condicionar diferentes aspectos de la vida. Chelle Robotham, una mujer de 30 años residente en Estados Unidos, describió el agotamiento como uno de los síntomas más incapacitantes.
“Siento que podría haber hecho mucho más en la vida si no estuviera constantemente agotada, pues drena mi energía de una forma u otra. Básicamente, influye en la mayoría de mis decisiones”, explicó. Por su parte, Jenef Ngombo recordó que comenzó a notar cambios físicos desde la adolescencia.
“Empecé a notar los síntomas desde muy joven, alrededor de los 12 o 13 años, cuando comenzó a salirme vello facial. Durante mucho tiempo eso me hizo cuestionarme a mí misma e incluso mi feminidad”, relató. También señaló que el control del peso ha sido una de sus principales preocupaciones y que actualmente le inquietan las posibles consecuencias del síndrome sobre su fertilidad.
Mucho más que un problema reproductivo
Aunque durante años fue asociado principalmente con dificultades relacionadas con los ovarios, los especialistas destacan que el trastorno afecta numerosos sistemas del organismo.
Además de las alteraciones menstruales y los problemas de fertilidad, el síndrome incrementa el riesgo de desarrollar enfermedades metabólicas y cardiovasculares.
Entre las complicaciones más frecuentes figuran:
- Diabetes tipo 2.
- Resistencia a la insulina.
- Hipertensión arterial.
- Alteraciones del colesterol.
- Enfermedades cardiovasculares.
- Cáncer de endometrio.
Esta amplia variedad de consecuencias explica por qué muchos expertos consideraban insuficiente la antigua denominación.