23 de junio de 2026 - 10:30

Cuál es la razón por la que muchas persaonas mayores comienzan a regalar sus pertenencias antes de los 80 años

Los expertos asocian el desapego material con la «generatividad», una necesidad de invertir en el bienestar de los descendientes para evitarles el agotamiento del duelo.

Hay personas que reducen sus pertenencias al llegar a los 70 u 80 años. Esto suele interpretarse erróneamente como una señal de renuncia o preparación para el final. En realidad, se trata de una de las formas de amor más antiguas y discretas, diseñada para que los seres queridos no carguen con el peso emocional de una vida entera.

Esta práctica surge frecuentemente de la experiencia personal de haber tenido que vaciar el hogar de los propios padres. Al identificar la dificultad y el agotamiento que conlleva clasificar objetos en medio del duelo, muchos adultos mayores deciden organizar sus bienes con antelación, transformando la limpieza en un ejercicio de memoria y previsión.

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Qué es la generatividad y por qué impulsa el desapego material

Desde la psicología, este comportamiento se vincula con la generatividad, un término de Erik Erikson que define la necesidad de invertir en las generaciones futuras. Al entregar vajillas, herramientas o joyas con notas específicas, la persona no solo libera espacio físico, sino que realiza una transferencia de historias y valores que de otro modo podrían perderse.

El entorno familiar suele reaccionar con preocupación, calificando el proceso de macabro o prematuro. Sin embargo, las investigaciones en resiliencia indican que la gestión activa de estas pérdidas materiales mejora la salud mental del anciano. Le otorga un sentido de control y significado a su identidad en la etapa final de la vida, convirtiendo el desapego en una afirmación de su propia historia.

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Por qué regalar pertenencias a tiempo alivia a los seres queridos

Cuando este orden no se realiza a tiempo, el peso se transfiere íntegramente a los supervivientes. Tras un fallecimiento, los herederos enfrentan meses de clasificación administrativa y física, lo que suele derivar en disputas por objetos de poco valor material pero alta carga emocional. La intervención previa del dueño permite que el luto se centre en la persona y no en la gestión de sus sobras.

Mantener el poder de decisión sobre qué conservar y qué regalar es, en última instancia, un ejercicio de independencia. No se trata de una pérdida de autonomía, sino de su máxima expresión: el individuo elige cómo ser recordado y facilita el camino a quienes deja atrás, asegurando que su legado sea una fuente de conexión y no una carga logística exhaustiva.

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