La preparación del bizcocho esponjoso, con una miga suave y un perfume que invade la cocina, es de las recetas de postre que nos transportan a una tarde de merienda con la abuela, a una cocina llena de risas, al mate compartido con alguien querido.
Ideal para las meriendas de los fines de semana o para compartir con quienes más quieras, esta receta es muy fácil, rápida y económica.
La preparación del bizcocho esponjoso, con una miga suave y un perfume que invade la cocina, es de las recetas de postre que nos transportan a una tarde de merienda con la abuela, a una cocina llena de risas, al mate compartido con alguien querido.
Para poder elaborarlo, no necesitás ser chef ni tener mil ingredientes sofisticados. Solo ganas de cocinar algo rico, con lo que tengas en casa. Porque esta es una de esas recetas que se pasan de generación en generación, de cuaderno en cuaderno, de cocina en cocina.
Es perfecta para acompañar un café con leche, un té o un mate. Para tener en casa cuando vienen visitas o para darse el gusto uno mismo. Es ese bizcochito clásico que siempre viene bien, y que cuando lo probás, inevitablemente querés repetir.
Este postre es una delicia por sí solo, pero si querés levantarlo un poco más, espolvoreá con azúcar impalpable antes de servir. También queda increíble con un topping de dulce de leche, mermelada casera, o incluso una capa finita de chocolate derretido.