El ventilador no enfría el aire, sino que lo mueve. Esa circulación genera una sensación térmica más baja, facilitando el descanso en ambientes calurosos. El problema aparece cuando el flujo de aire impacta directamente sobre el cuerpo durante varias horas.
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Uno de los efectos más comunes es la sequedad en garganta y vías respiratorias. El aire constante puede resecar mucosas, especialmente en personas con alergias o sensibilidad respiratoria.
También puede provocar contracturas musculares leves. Dormir expuesto a una corriente de aire frío durante toda la noche puede tensar cuello y espalda, generando molestias al despertar.
En ambientes con polvo, el ventilador puede dispersar partículas, lo que afecta a quienes sufren rinitis o asma.
Impacto en el sueño
Desde el punto de vista del sueño, el ventilador tiene un efecto dual. Por un lado, el ruido blanco que genera puede ayudar a conciliar el descanso. Por otro, si la temperatura desciende demasiado durante la madrugada, puede provocar microdespertares.
Los especialistas recomiendan mantener una temperatura ambiente moderada y evitar que el aire apunte directamente al cuerpo.
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Qué aconsejan los expertos
Para reducir riesgos, se sugiere usar temporizador, limpiar regularmente las aspas para evitar acumulación de polvo y orientar el flujo hacia una pared o el techo.
Dormir con ventilador no es perjudicial en sí mismo, pero su uso debe ser equilibrado. Ajustar la posición y controlar el ambiente del hogar puede marcar la diferencia entre una noche reparadora y molestias innecesarias en plena temporada de verano.