20 de julio de 2026 - 13:20

Arthur Schopenhauer dividió la vida en dos etapas: "Los primeros 40 años nos dan el texto; los 30 siguientes, el comentario"

La frase de Schopenhauer propone una idea sencilla: primero se acumulan episodios y luego se aprende a interpretarlos.

La cita aparece en Counsels and Maxims, dentro de un apartado dedicado a las distintas edades de la vida. En la traducción inglesa conservada por Project Gutenberg, Schopenhauer escribió que los primeros 40 años proporcionan el texto y los 30 restantes aportan el comentario necesario para comprender su sentido, su coherencia y su enseñanza.

No se trata de una conclusión psicológica ni de una división biológica respaldada por estudios modernos. Es un aforismo filosófico del siglo XIX, construido para sintetizar su mirada sobre la experiencia, la memoria y el envejecimiento.

Qué representan los primeros 40 años para Schopenhauer

El “texto” está formado por lo que una persona vive durante la infancia, la juventud y el comienzo de la adultez. Allí aparecen decisiones, vínculos, aspiraciones, decepciones y experiencias cuyos efectos todavía no siempre pueden observarse con claridad.

Durante esos años, según la metáfora, los acontecimientos se escriben mientras suceden. La cercanía emocional, la falta de perspectiva y la atención puesta en el futuro dificultan comprender qué importancia tendrá cada elección.

Schopenhauer no sostenía que a los 40 ocurriera un cambio automático. Utilizó esa edad como un límite simbólico entre la acumulación de experiencias y su reinterpretación posterior.

Por qué los 30 años siguientes funcionan como comentario

Con el paso del tiempo, las decisiones comienzan a mostrar consecuencias. Algunos vínculos se fortalecen, otros se terminan; ciertos objetivos pierden importancia y experiencias que parecían aisladas empiezan a conectarse dentro de una historia personal.

Esa es la función del “comentario”: volver sobre el texto y comprenderlo de otra manera. La madurez no modifica lo que ocurrió, pero puede cambiar la lectura que una persona hace de sus logros, errores y prioridades.

En el mismo pasaje, Schopenhauer sostuvo que hacia el final de la vida los caracteres se muestran con mayor claridad, las acciones producen sus frutos y las apariencias comienzan a caer. Para él, el tiempo era indispensable para conocer a los demás y también para reconocerse a uno mismo.

La frase no dice que después de los 70 no quede nada

La cita suele repetirse como si Schopenhauer hubiera dividido toda existencia humana en un período de 40 años y otro de 30. Sin embargo, su intención no era establecer una expectativa de vida exacta ni un calendario universal.

El filósofo vivió hasta los 72 años y escribió extensamente sobre las diferentes etapas de la existencia. Su reflexión debe leerse dentro de una obra más amplia dedicada a la felicidad, el sufrimiento, la personalidad y el modo en que cambia la percepción del tiempo.

Tampoco significa que la juventud sea una etapa sin reflexión o que la madurez consista solamente en mirar hacia atrás. La metáfora señala que algunas experiencias solo revelan su significado cuando existe distancia suficiente para compararlas con lo ocurrido después.

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