Mónica Cahen D'Anvers atraviesa sus 91 años instalada definitivamente en San Pedro. Su vida en La Campiña, el predio que fundó junto a César Mascetti, esta lejos de las cámaras para centrarse en el trabajo de la tierra y el contacto directo con los visitantes que llegan cada fin de semana.
El proyecto, que comenzó décadas atrás con la plantación de un solo naranjo, se transformó hoy en un sistema que integra producción agrícola y gastronomía. Mónica habita este espacio como un presente activo donde la historia compartida con César se renueva en cada rincón.
El motor familiar y el rol de Sol Mihanovich
La continuidad de este legado tiene nombres propios. Su nieta, Sol Mihanovich, asumió un rol protagónico en la gestión del lugar, acompañada por su padre Iván y su tía Sandra Mihanovich. Juntos no solo toman decisiones operativas, sino que aportan una dimensión artística ofreciendo shows en el restaurante del establecimiento.
Este esquema familiar responde a una necesidad de permanencia. El mecanismo que sostiene La Campiña es la transferencia directa de una forma de "hacer" el lugar. No se trata solo de heredar hectáreas, sino de mantener la lógica de puertas abiertas y trabajo cotidiano que garantiza que lo construido no se detenga en el tiempo.
Gratitud y contacto directo en San Pedro
La periodista valora especialmente el ida y vuelta con el público que visita el almacén o camina entre los frutales. Ese vínculo con la gente es lo que permite que el espacio funcione como una estructura viva que se activa todo el tiempo y no como un recuerdo estático del pasado.
En la actualidad, el predio suma hectáreas y desarrolla productos artesanales que se ofrecen a los turistas. La vida de Mónica se organiza en esa dinámica pausada del campo, rodeada de sus afectos y con la mirada puesta en que las nuevas generaciones continúen el camino que ella y Mascetti trazaron desde el primer árbol.