Un grupo internacional de científicos identificó la evidencia más antigua conocida de un brote en comunidades de cazadores-recolectores que vivieron hace unos 5.500 años en Siberia. El hallazgo surgió tras analizar restos humanos encontrados en antiguos cementerios ubicados cerca del río Angara, donde decenas de personas, incluidos numerosos niños, fueron enterradas después de sucumbir a una enfermedad que durante siglos permaneció sin explicación.
El misterio de los cementerios repletos de niños
Durante años, los arqueólogos intentaron comprender por qué una proporción tan alta de niños aparecía entre los restos hallados en algunos cementerios prehistóricos de la región.
Uno de los casos más llamativos corresponde al cementerio de Ust-Ida, donde una gran cantidad de menores de edad fueron enterrados junto a hermanos y otros integrantes de sus familias. En dos de los yacimientos analizados, al menos dos tercios de los fallecidos tenían menos de 15 años.
La explicación llegó gracias al análisis de ADN antiguo extraído de los dientes de los esqueletos. Los resultados revelaron que muchos de ellos estaban infectados con la bacteria Yersinia pestis, responsable de la peste.
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Una enfermedad que pudo arrasar comunidades enteras
Los científicos analizaron restos de 42 personas enterradas en cuatro cementerios situados a lo largo del río Angara. De ellas, 18 presentaban rastros genéticos de la bacteria.
Sin embargo, los investigadores creen que la cifra real pudo haber sido mucho mayor. Debido a la degradación natural del ADN a lo largo de miles de años, algunas infecciones podrían haber pasado desapercibidas durante las pruebas.
Por ese motivo, los especialistas consideran posible que prácticamente todos los individuos enterrados en esos lugares hayan muerto como consecuencia de la enfermedad.
Cómo se habría propagado la peste
Según las conclusiones del estudio, los cazadores-recolectores probablemente contrajeron la infección al manipular o consumir marmotas crudas, animales que continúan siendo una fuente de contagio de peste en algunas regiones del mundo.
Las marmotas y otras ardillas terrestres de gran tamaño actuaban como reservorios naturales de la bacteria. Una vez que el patógeno ingresaba en las comunidades humanas, podía transmitirse entre personas cercanas, favoreciendo brotes capaces de diezmar grupos familiares completos.