Milei sembró más miedo que Massa

No se explica la resurrección electoral del oficialismo sin la apuesta al caos del nuevo opositor

Milei sembró más miedo que Massa
Elecciones. Massa y Milei disputarán la segunda vuelta en noviembre.

Detrás de Sergio Massa y de Javier Milei se encolumnaron ayer dos bloques de alta intensidad política. Son los núcleos desde donde intentará reconfigurarse el sistema de partidos en medio de una crisis material vertiginosa, con comportamientos que comienzan a emular las conductas sociales propias de una hiperinflación. La más nítida: una economía sin precios.

La crisis económica seguirá hasta el balotaje sin obtener de la política las certezas que necesita de manera urgente. Las dos propuestas que llegaron a la recta final se caracterizan por subestimar el riesgo de un colapso económico mayor. ¿Cómo pudo haber llegado el sistema de partidos a ese laberinto? Conviene revisar cómo los tres tercios electorales de las Paso decantaron en dos.

Sergio Massa imaginó hace tiempo la maniobra de fogonear el crecimiento de una alternativa a la derecha de Juntos por el Cambio para canalizar el voto castigo por ventanillas diferentes. Promovió que la estructura territorial del oficialismo le facilitara votos y fiscalización adecuada a la fuerza de Javier Milei. En las primarias quedó la impresión de que en esa maniobra, muchos referentes se “sobregiraron” y pusieron en riesgo la competitividad electoral del peronismo nacional. Massa salió al rescate de esos votos prestados y consiguió el batacazo. Cristina Kirchner también se benefició: la división opositora le permitió a Axel Kicillof retener la provincia de Buenos Aires.

Dicho en estos términos, el resultado de ayer parece reducirse a una reseña de pragmatismo táctico, pero es insuficiente para explicar el resultado. Desde las PASO, la economía entró en una turbulencia acentuada. Una corrida cambiaria capaz de devastar cualquier cálculo electoral previo en la mesa de arena.

¿Qué circunstancia explica entonces que gane la primera vuelta de una elección presidencial el ministro de Economía que ha puesto al país al borde de una nueva hiperinflación?La más relevante de todas es el miedo a que gane un adversario suyo que sostiene que una hiperinflación es lo mejor que le puede pasar al país.

Factor Milei

No se explica el triunfo de Sergio Massa sin la presencia de Javier Milei. No es el único factor que condujo a los resultados de ayer, pero seguramente es el de más fácil comprensión. Massa ha destrozado la economía nacional. Pero a Milei eso le parecía, hasta anoche, un aporte imprescindible para arrancar con su plan.

Desde su triunfo ajustado, pero sorpresivo en las primarias, Milei exploró durante un par de semanas el camino de atenuar la rigidez de sus principales propuestas: diferir la dolarización, adoptar inmigrantes de la casta, limar los dientes de su motosierra. A poco de andar se convenció de que era mejor volver a los inicios y apostar a la rabia del electorado. Soltó en el escenario a un elenco de personajes circenses con ideas desquiciadas: un teórico de la privatización de ballenas, un historiador reñido con José de San Martín, una maquilladora dispuesta a inventar la paternidad irresponsable, algún teólogo de cafetín convencido de declararle la guerra al Vaticano. Y él mismo rogando que el dólar se vaya a las nubes para que la sociedad sufra más, antes de que comience su ciclo de redención.

Pero Milei no llegó a la oportunidad de disputar la presidencia en un balotaje por un pase de magia. Lo consiguió primero porque se ofreció al kirchnerismo como una vía eficiente para quebrar las bases políticas de la principal oposición. Acordó con Massa el armado de sus listas en distritos complejos y la ayuda de caudillos territoriales para la fiscalización en las Paso. No es todo, ni del mismo lado: también persuadió a votantes de Juntos por el Cambio de que la tarea de sacar al peronismo del gobierno era un pleito ya terminado y de que había que abandonar a Juntos por el Cambio porque no representaba una oposición real. Y consiguió vastas franjas de votantes que creyeron las dos cosas: que el peronismo había muerto y que los dirigentes de Cambiermos no eran oposición.

Es aquí donde conviene introducir a una lectura provisoria de la elección de ayer el derrumbe electoral de Juntos por el Cambio. La coalición opositora que había triunfado con comodidad en la elección de medio término se comió la curva de una elección que creía ganada. No sólo por el error estratégico de internarse en una puja interminable de liderazgo que le dejó heridas profundas, sino especialmente porque parte de sus dirigentes compraron la idea de cortejar a Milei como si ese fenómeno no hubiese nacido de una maniobra del kirchnerismo para fisurar sus bases electorales.

Mauricio Macri se creyó más perspicaz que Sorman para detectar liberalismo. Patricia Bullrich también, hasta que le tiraron por la cabeza un par de detonaciones terroristas en jardines de infantes. Lo que se viene en Juntos por el Cambio es un debate tan urgente como impiadoso: cómo reacomodar sus posiciones de cara a un balotaje en el que está afuera sin que se produzca una diáspora definitiva.

Massa y Milei tienen que subir antes de noviembre escalones de más de 10 puntos porcentuales. Es el salto desde las minorías intensas, motivadas por el miedo o la ira, a una mayoría todavía lejana que es la única que puede garantizar gobernabilidad. La política sigue sin fijar precio definitivo a sus ofertas. No sería extraño que la economía siga imitándola.

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