El retorno de Cornejo

Con un presidente inexperto, sin gobernadores y con apenas el 12,5% de apoyo en el congreso, la Argentina está caminando por una delgada cornisa; y Cornejo es uno de los pocos que puede contribuir a protegerla de caer en el abismo.

Alfredo Cornejo juró como nuevo gobernador de Mendoza. Foto: Ignacio Blanco
Alfredo Cornejo juró como nuevo gobernador de Mendoza. Foto: Ignacio Blanco

El regreso del radical alvearista Alfredo Cornejo al sillón de San Martín marca un nuevo hito en la historia de Mendoza, esta vez, con connotaciones nacionales.

Gracias a la sabia Constitución Provincial, que prohíbe la reelección del gobernador, Mendoza está libre de los regímenes semifeudales que imperan en muchas provincias argentinas. Este principio ha preservado a Mendoza de la ola del abuso de poder que exhiben provincias como Formosa, San Luis, Santiago del Estero, Santa Cruz, etc. La capital cuyana exhibe pautas de alta calidad institucional, en medio de un contexto de autoritarismo y corrupción.

A diferencia de las provincias feudales, en Mendoza solo dos gobernadores fueron relectos: Francisco Gabrielli y Alfredo Cornejo. Entre ambos hay grandes diferencias de época y contexto; pero también hay semejanzas interesantes. Ambos se destacan por el estilo austero de vivir (ninguno de ellos protagonizó escenas en yates de lujo con conejitas Play Boy, como el jefe de gabinete de Kicillof, ni tuvieron jardineros con helicópteros privados; ni ministros reboleando maletines con millones de dólares, símbolos de la era K).

Don Pancho Gabrielli: impulsor de reformas
Don Pancho Gabrielli: impulsor de reformas

Además, los dos construyeron su poder de abajo hacia arriba, a partir del territorio. Ambos recorrieron intensamente la provincia, la conocieron al detalle, durante muchos años de trabajo. Gabrielli lo hizo desde la Dirección Provincial de Vialidad en la década de 1930; Cornejo como militante de la Juventud Radical en los 80 y 90. Ellos construyeron un lazo con el territorio y las comunidades de los departamentos, lo cual les permitió impregnarse de las demandas, anhelos y sueños de la población provincial. Esa enorme experiencia los inspiró en el momento de trazar políticas públicas fuertemente arraigadas en la realidad socioeconómica de Mendoza; el dique Carrizal y el teatro griego Frank Romero Day, en tiempos de Gabrielli, equivalen a la terminación del corredor bioceánico Pehuenche durante Cornejo. Esos elementos fueron los fundamentos que tuvo la población de Mendoza para elegirlos, solo ellos, dos veces como gobernadores.

La dimensión nacional es otro costado interesante: ambos debieron ejercer la gobernación de Mendoza con presidente de distinto signo político. Gabrielli (PD) tuvo a Frondizi (UCR Intransigente) e Illia (UCR del Pueblo); Cornejo a Macri (PRO) y ahora a Milei (LLA). Esta situación plantea grandes desafíos para el gobernador de Mendoza, porque las relaciones con el poder central plantean un juego complejo y contradictorio, lo cual se pone en evidencia ahora.

Cornejo es el líder natural de la liga de diez gobernadores de Juntos por el Cambio; de su destreza política depende que este poderoso referente contribuya a estabilizar el país, en el marco de la más profunda crisis social, económica y política en muchas décadas. Con un presidente inexperto, sin gobernadores y con apenas el 12,5% de apoyo en el congreso, la Argentina está caminando por una delgada cornisa; y Cornejo es uno de los pocos que puede contribuir a protegerla de caer en el abismo.

Un antecedente en este plano fue la reacción de Cornejo ante la crisis que estalló en JxC con el apoyo de Macri y Bullrich a Milei, dos días después de la primera vuelta. En ese momento se puso a prueba la capacidad política de Cornejo; este meditó mucho en lo aprendido por su propio partido; tuvo en mente los efectos de la división radical de 1957, que llevó a la división partidaria y las fracasadas gestiones de los sectores en pugna (presidencias de Frondizi y Arturo Illia); también ponderó los efectos de la división radical durante la gestión de Néstor Kirchner (2006), a la cual él mismo se sumó, junto a Julio Cobos y otros. Igual que en 1957, esta nueva división radical tuvo resultados desastrosos, como la pérdida de la gobernación de Mendoza en 2007, y la escandalosa crisis de la 125 en el Senado de la Nación, poco después.

Alfredo Cornejo.
Alfredo Cornejo.

Esa experiencia acumulada nutrió la mente de Cornejo para levantar las banderas de la unidad del radicalismo y de JxC, frente a las presiones del huracán Milei y de los operadores todoterreno del mundo k. Cornejo sabe muy bien que las circunstancias y los gobiernos pasan; en cambio, las grandes obras de arquitectura social, como los partidos políticos, quedan; tienen que ser lo permanente, lo que contribuya a cimentar la estabilidad social y política del país.

Cornejo tiene frente a sí grandes desafíos; tiene que contribuir a la gobernabilidad frente a la herencia recibida del cuarto gobierno K: 950% de inflación en cuatro años; 45% de pobres; 15% de déficit fiscal; estancamiento económico desde 2011 y reservas de –U$S13.000 en el BCRA. A ello hay que añadir la amenaza de un ejército de militantes rentados que prepara motores para salir a las calles, promover desordenes con piedras y palos, para imponer lo que Cristina llama “revocatoria popular del mandato presidencial”, es decir, la caída del gobierno (golpe de Estado).

Junto con su misión de evitar el derrumbe, Cornejo tiene que mantener su identidad y distancia crítica frente al nuevo gobierno nacional, del cual lo alejan muchos principios profundos, propias del alma de la UCR, como la defensa de YPF, el cuidado del medio ambiente, la educación pública, los derechos humanos y la valoración de una política exterior multilateral y autónoma, sin alineamientos automáticos.

Los dos referentes se necesitan mutuamente; se atraen y se repelen. Tendrán que dibujar una compleja coreografía, parecida al juego de los puercoespines en invierno: ni demasiado lejos para no enfriarse ni demasiado cerca para no pincharse con sus agudas púas.

De esta compleja relación dependerá la estabilidad política, social y económica de Mendoza y, en buena medida, de la Argentina en los próximos años.

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