En la Agenda política no debe faltar el problema del juego. Para los dueños de ese negocio sí hubo una década ganada en contraste con otras actividades.
En la Agenda política no debe faltar el problema del juego. Para los dueños de ese negocio sí hubo una década ganada en contraste con otras actividades.
Casinos, bingos y tragamonedas se han expandido por el país, mientras la economía real sufre la falta de inversiones y la voracidad fiscal, beneficiando a los que lograron adueñarse del negocio y sus cómplices de la política.
Variadas formas de la nueva "industria del juego" han cambiado hábitos y perjudicado otras modalidades de apuesta como las vinculadas con la hípica.
Los clubes sociales que eran ámbito para esas distracciones, desaparecen al no soportar la competencia de las nuevas tecnologías del juego.
Los hipódromos también están en problemas, afectando una actividad como la hípica que da muchas fuentes de trabajo y divisas, pues el país ha sido un exportador de caballos pura sangre, tanto para competición como para reproducción.
Hasta comienzos de los noventa no había en todo el territorio nacional, más de doce o quince casinos, de administración estatal. En el menemismo se impulsó el juego al punto que casinos, bingos y las maquinitas se expandieron por el país, sin justificación turística, que era el pretexto para abrir estos negocios que algunas llaman el impuesto "al tonto".
La ciudad de Buenos Aires tenía una honrosa tradición contraria a ruletas y maquinitas, salvo las loterías y el hipódromo. Se llegó a provocar una crisis política y amenazar con la disolución del Concejo Deliberante para imponer la instalación de Bingos y luego del Casino en un barco amarrado en Puerto Madero.
Se abrió el negocio a empresas internaciones en las que no faltaron lobbistas como políticos españoles y el ex presidente Bush ( padre). Eran los tiempos en que Menem complacía todos los pedidos de gobernantes y monarcas del exterior aunque fueran negativos para el país. No hubo procesos licitatorios claros y estas actividades pagan menos impuestos que cualquiera que se dedique a la producción de bienes y servicios.
El que esto escribe preferiría la clausura de todos estos antros, pero la realidad y la experiencia indica que inmediatamente surge el juego clandestino. Pero sí se puede lograr una efectiva reducción de los casinos, volviendo a las cifras de hace veinte años y terminar con las maquinitas.
El espectáculo de gentes humildes que cobran sus modestos salarios y misérrimas jubilaciones e inmediatamente las pierden en estas salas, algunas demasiado cercanas a los cajeros bancarios es una muestra de la argentina degradada y de la desesperanza de vastos sectores que buscan "salvarse" alejándose de la cultura del trabajo.
La Complicidad de la Política
No es un tema del que se hable mucho esta cuestión del juego porque forma parte del financiamiento ilegal de la política. Encima los dueños del juego están absorbiendo medios de comunicación. Se juntan el soborno, y las posibilidades de levantar o hundir candidaturas con los instrumentos mediáticos, que el gobierno, les pone a disposición.
Así como en los noventa las concesiones de los corredores viales por peaje, financiaron ilegalmente a sectores políticos, oficialistas y opositores ahora el juego es el sostén de muchos gobernantes.
La continuidad K
Como en otras cuestiones la familia Kirchner, ha incrementado estos males del menemismo. Es propio de un personaje que se crió en la cultura de renta, la usura y usó el gobierno para enriquecer a su familia con los sobreprecios de la Obra pública y el juego.
Por eso las prórrogas a los concesiones de casinos y tragamonedas, los acuerdos con el sciolismo, que acaba de facilitar la adquisición de parte del Casino del Tigre a Cristóbal López, el desarme de los organismos de control, la persecución al fiscal Campagnoli o los espurios acuerdos con el macrismo, todos vinculados a negocios inmobiliarios y de juego, y también en la obra pública.
El señor Scioli cree que gobernar es jugar al fútbol, promover recitales y facilitar los negocios del juego. No importa el estado desastroso de las rutas, la inseguridad, el colapso de los trenes de la provincia y los hospitales sin insumos a el egreso de verdaderos burros de sus escuelas secundarias que fracasan masivamente en los ingresos universitarios.
El gobierno indiferente al creciente narcotráfico, con provincias como Santiago del Estero, que se ha convertido en un "portaaviones de los vuelos narcos" con sus rutas sin controles, según la calificara un magistrado cordobés, sólo está preocupado por lograr la impunidad para sus escándalos. Lass fronteras de Salta y Formosa son perforadas por los narcos y el "Escudo Norte"ha fracasado.
El periodista salteño Robustiano Pinedo denuncia en el Tribuno que desde la instalación del mentado escudo el decomiso de cocaína ha disminuido a la mitad. El fracaso en México y Colombia de la participación de las fuerzas armadas en esa lucha es una advertencia de lo que puede pasar en la Argentina, medida que se apresura a darle apoyo ignorantes como Scioli.
El gobierno promueve abogados de corruptos para integrar las Cámaras de Casación, sin pasar por el Consejo de la Magistratura. Ha desarmado la UIF para que no se investigue el lavado de dinero. Precisamente el juego es una actividad que facilita el lavado del dinero proveniente del delito y actividades ilegales.
Julio Bárbaro es su libro "Hablemos de Política", denuncia que cada máquina le da a ciertos personajes unos ochenta dólares diarios por maquinita. Propone que el juego se entregue a Cáritas y organizaciones similares de otros credos.
El que esto escribe, como lo anticipa en otro párrafo es más duro, hay que reducir drásticamente el juego y gravarlo como corresponde para secar la fuente de corrupción política y recuperar la cultura del esfuerzo, el trabajo, la disciplina, el ahorro y la austeridad de tiempos mejores del país.
Las opiniones vertidas en este espacio, no necesariamente coinciden con la línea editorial de Los Andes.