6 de febrero de 2015 - 00:00

Política, gestión y saber en un gobierno local: Leopoldo Suárez (1909-1932)

Los estudios históricos sobre la modernización socioeconómica de Mendoza permiten recuperar numerosos personajes cuya destacada actuación ha sido olvidada o sólo se conoce parcialmente. Uno de ellos es el ingeniero agrónomo Leopoldo Suárez -habitualmente confundido con su hijo homónimo y abogado-, pater de una prolífica familia de políticos de la Unión Cívica Radical.

¿Quién era Leopoldo Suárez y por qué su trayectoria resulta de interés? Era hijo de Máximo Suárez y Laurentina Zapata, propietarios de explotaciones agroindustriales y ganaderas en Santa Rosa. Se casó con Angélica Civit, hija de Salvador Civit, miembro de la élite dirigente provincial. Este capital social y su preparación técnica fueron recursos clave para posicionarse en el Estado provincial entre 1910 y 1930.

Luego de egresar de la Escuela Nacional de Vitivinicultura, en Mendoza, Suárez fue becado por el gobierno provincial para perfeccionarse en Conegliano (Italia) como ingeniero agrónomo. Al retornar, fue director de la Escuela Agrícola de San Juan y, posteriormente, de la Escuela de Vitivinicultura.

A partir de entonces, promovió varias investigaciones con las que esperaba resolver problemas técnicos de la vitivinicultura local. Su intervención en el sector incluyó otros aspectos ya que fue un activo difusor del mutualismo propiciando, en 1911, la fundación de una asociación gremial empresarial, que fue el primer proyecto mutualista y cooperativista para superar las prácticas socio-productiva vigentes (monopolio, imposición de precios). También invitó a dar conferencias sobre el tema al francés Leopoldo Mabileau.

Cuando se inició una nueva crisis vitivinícola en 1913, Suárez era ya un experto reconocido, que presentó varias propuestas anticíclicas a través de los diarios locales. Esta trayectoria preparó el terreno para que fuera convocado por el radicalismo como candidato a senador provincial, electo en 1916. A partir de entonces, su actividad pública fue canalizada por el partido.

Con otros legisladores presentó un proyecto de ley sobre cooperativas, y otro propio sobre censo de viñas y bodegas, y derogación de las leyes provinciales que contradijeran la normativa nacional de vinos.

Pero fue con la asunción de José Néstor Lencinas a la gobernación de Mendoza, en 1918, que Suárez se convirtió en un funcionario clave de la siguiente década: superintendente General de Irrigación, ministro de Industrias y Obras Públicas e interventor de la Dirección General de Escuelas, en una etapa afectada por sucesivas intervenciones federales que dificultaron la aplicación de las políticas públicas a largo plazo.

En Irrigación, Suárez se empeñó, con un grupo de técnicos y a partir de estudios realizados durante el gobierno de Emilio Civit (1907-1910), en construir un dique-embalse en el río Atuel y otro en Uspallata, ideas que quedaron truncas.

Con la vuelta de Lencinas al gobierno, Suárez ocupó el cargo por el que más se lo conoce: ministro de Industria. Si bien su gestión fue breve por la muerte del gobernador (entre julio 1919 y enero 1920), impulsó dos políticas importantes.

La primera fue la ampliación de la intervención del Estado en la vitivinicultura (leyes 758 y 759). Si bien ambas normas tuvieron una corta y problemática vigencia, su implementación resultó inédita en la provincia y anticipó políticas posteriores.

La segunda, fue la legislación que profesionalizaba las agencias estatales con competencia en la industria vitivinícola, obras públicas y salubridad, lo que muestra una arista poco conocida del lencinismo. Su perspectiva era que para el ingreso al Estado era condición sine qua non la posesión de un saber especializado, concepción novedosa para el período.

Cuando Carlos Washington Lencinas asumió la gobernación en 1924, nombró nuevamente como ministro de Industria a Suárez, quien retomó sus proyectos de regulación de las profesiones (ingenieros, arquitectos y agrimensores) y profundizó el programa de intervención del Estado en la vitivinicultura.

Sin embargo, el rotundo mejoramiento de la economía y las continuas denuncias de corrupción llevaron a la derogación de las leyes intervencionistas. En adelante, Suárez se centró en la irrigación. Además de técnicos locales, contrató a los ingenieros Agustín Mercau y al inglés Thomas Ward para estudiar diversas obras hidráulicas.

También presentó un plan de apertura de una red general de desagües, problema presente desde el período hispánico. Entre los trabajos iniciados se destacó un dique nivelador sobre el río Tunuyán inferior, en la localidad de Phillips, concluido en 1928.

Otra obra de envergadura fue la construcción de una nueva usina hidro-eléctrica sobre el río Mendoza en Cacheuta. Durante la presentación del plan, Suárez demostró un pensamiento estratégico ya que argumentó que, entre otros beneficios, se podría obtener hierro del valle de Potrerillos, y con los hornos eléctricos se podría convertir en acero, "como ocurre en Minas Geraes (Brasil)", a fin de atender "las altas finalidades económicas y de defensa nacional".

No obstante, una nueva intervención paralizó los proyectos, además de denunciar ciertas irregularidades que comprometían al ministro, quien fue detenido, aunque sobreseído en enero de 1926.

Durante la gobernación del lencinista Alejandro Orfila (1926-1928), Suárez, elegido legislador provincial, impulsó la regulación de las profesiones médicas y presentó un segundo proyecto de desagües acompañado por un extenso estudio técnico.

Poco después, fue nombrado Interventor de la Dirección General de Escuelas para solucionar el atraso en el pago de los salarios de los docentes. Este conflicto agravaba las tensas relaciones entre el magisterio local y el gobierno lencinista, de allí la urgencia de convocar a una figura que aportara una rápida solución.

De modo que la designación de Suárez confirma el status privilegiado del técnico en las filas de la burocracia provincial y como experto de confianza del núcleo partidario. Suárez llevó a cabo la que sería su última gestión logrando que el Estado abonara una parte sustancial de lo adeudado a los maestros.

Destrabado el conflicto, presentó un informe sobre la situación educativa provincial de inestimable y, en abril de 1927, fue designado otro director de la repartición.

Esta trayectoria es ejemplo de cómo los técnicos se incorporaron al lencinismo, formándose una burocracia estatal afín a un proyecto económico y social específico.

Para finalizar, este tipo de reconstrucción es posible a partir de la apertura de los fondos documentales de instituciones públicas como la Biblioteca Pública General San Martín y el Departamento General de Irrigación.

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