Policía Montada de Mendoza: 117 años de acción y prevención al galope

Los binomios de caballos y jinetes de la Fuerza generan un fuerte vínculo, que los lleva a interactuar con éxito en tareas de patrullaje y control de manifestaciones y eventos masivos. Los equinos nacen en el cuartel y son especialmente entrenados para la tarea.

Policía Montada de Mendoza: 117 años de acción y prevención al galope
Los efectivos del cuerpo de Policía Montada General Martín Miguel de Güemes custodian los espacios verdes de la provincia, como el parque General San Martín. | Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

A lo lejos se escuchan sus relinchos y el resonar de los cascos contra el suelo en ligeras corridas. Están en un corral, rodeados por un verde prado y a unos metros de donde horas después caminarán reconociendo cada uno el box donde se alimentarán y dormirán. De lejos, sus compañeros de tareas los miran con cariño y orgullo. Es que en unas horas volverán a las calles, espacios verdes, manifestaciones y espectáculos para prevenir el delito en Mendoza.

El cuerpo de la Policía Montada General Martín Miguel de Güemes fue creado el 6 de enero de 1907, por lo que todo el mes estuvo de festejo al celebrar 117 años. El predio de tres hectáreas que habitan los 47 caballos operativos y los retirados se ubica sobre avenida Boulogne Sur Mer, unos metros antes de llegar a la avenida Cipolletti, en el límite entre Ciudad y Las Heras.

Allí también trabajan los 47 efectivos que componen la división en el Gran Mendoza. A ellos se suman las delegaciones de Valle de Uco, en Tunuyán; zona Este, en San Martín, y zona Sur en San Rafael. En todas se emplean las mismas doctrinas, las mismas formas de trabajo, la capacitación permanente en academias e iguales instrucciones para “manejar el mismo lenguaje”.

Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

“La función de cada policía es velar por la seguridad de los ciudadanos, pero nuestra arma es el caballo, que es lo que nos diferencia del resto. El policía de Montada tiene versatilidad porque es un efectivo que en un momento está arriba del caballo o puede estar patrullando a pie en una calle, en un móvil o en un puesto fijo en distintas maniobras, algo que no hace el resto de los policías”, resume con orgullo el subcomisario Jorge García, jefe de la Policía Montada mendocina.

Y sobre el trabajo de rutina, añade: “Conforme las maniobras que se diagraman desde la Jefatura de Cuerpos Especiales y de la Dirección General de la Policía, es que se nos ordenan distintos tipos de maniobras. La propia es la del patrullaje en binomio, que sería el jinete y el caballo”.

Trabajo en equipo

Los equinos con que cuenta la Policía mendocina son de raza Silla Argentino, un animal robusto, de buen porte y con buena altura, agilidad y velocidad, ideal para las tareas que realizan en la Fuerza. “Hace más de 15 años la raza era Hannoveriano, un caballo alemán, pero se empezó a trabajar con Silla Argentino. Se trata de caballos que tienen buen pecho y son muy ágiles y veloces. Se fue adaptando la raza según la utilidad necesaria”, detalla García mientras recorre con un equipo periodístico de Los Andes las instalaciones de la división que dirige.

El subcomisario Jorge García, junto a su fiel compañera, la yegua Amanecer. | Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
El subcomisario Jorge García, junto a su fiel compañera, la yegua Amanecer. | Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

La terna de jefes es la única que tiene caballos asignados. El resto de los equinos están destinados en distintas guardias, aunque cada uno se lleva mejor con unos jinetes que con otros, de modo que los uniformados suelen dejar que cada compañero monte a aquel caballo con que mejor trabaja. “Más allá de que cada efectivo no tiene su caballo asignado, se genera ese afecto donde, dentro de su guardia, un efectivo va tratar de buscar siempre ese mismo caballo porque el vínculo que se crea es muy importante en el momento del trabajo para conocerlo en el servicio y saber cómo va a responder ante tal o cual situación”, aclara el jefe policial.

A unos metros, los animales advierten la presencia de las visitas. Algunos se alistan porque ven a sus compañeros acercarse al corral; otros trotan velozmente como en un juego para no ser alcanzados. En un corral aparte, dos potrillos se paran sobre sus patas traseras, como en una película de cowboys, y dando escandalosos relinchos, juegan entre sí.

Es muy necesario que el jinete tenga la confianza suficiente en el animal y éste en el jinete para que saber qué pueden o no hacer en el momento en una situación real. Los efectivos deben conocer a cada uno de los equinos porque tienen distintas formas de comportarse. Tienen inteligencia y temperamento, que los hacen únicos y cada uno debe conocer sus distintas facetas. Tienen distintas formas caminar, de trotar, reaccionan a diferentes estímulos. Por eso es importante que monten distintos caballos”, detalla García, quien tiene asignada a una yegua llamada Amanecer, que se asusta cada vez que pasa cerca de un mural con ovejas dibujadas en una barriada cercana al cuartel.

Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

Los animales de Caballería trabajan igual que los efectivos: en turnos de 24 horas por 48 de descanso. “Esto permite ir intercalando los caballos para que no salgan siempre los mismos al servicio y de brindarles un merecido descanso durante dos días. Normalmente los patrullajes se extienden por más de 10 horas en la calle”, detalla el subcomisario, quien viste el característico uniforme con botas de equitación, breach (pantalón de montar) y espuelines en los talones. Su camisa blanca llena de distintivos, condecoraciones y estrellas, y su gorra con bordados dorados denotan su rango.

Imponentes

“En la parte preventiva, el caballo es muy bien utilizado y muy requerido porque marca mucha presencia. A diferencia de un efectivo en un móvil, sea cual sea el vehículo, uno pierde de vista esa movilidad muy rápido; pero cuando el policía va montado tiene una vista de dos cuadras. Van a pasar cinco minutos y se va a seguir viendo. Salvo algún requerimiento o desplazamiento, va a ir siempre al paso y eso marca mayor presencia. Eso también es un factor disuasivo. Además, el efectivo tiene mayor visión desde la altura del animal pero también es cierto que queda más expuesto”, resume el subcomisario García.

Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

Pero a la hora de la acción, cada binomio perseguirá al galope a un sospechoso y le dará alcance en cuestión de segundos. “Se utiliza como cualquier móvil, la única diferencia es que no tenemos sirena”, detalla García, jocoso. “Mientras el terreno y la multitud nos permita el paso, tratando de evitar un mal a terceros, se procede tanto al trote como al galope, si es necesario”, agrega.

Es que otra de las tareas de los caballos y jinetes de la Policía Montada es el control y custodia en eventos deportivos y musicales, o en manifestaciones, donde marcan su imponente presencia. “Nuestra presencia allí muchas veces es criticada. A algunos nos les simpatiza, pero es porque el animal se impone y tiene que trabajar al momento de controlar a una muchedumbre. El caballo puede ser un tanto más agresivo porque tiene su temperamento y su propia personalidad. Por ahí, sin la voluntad del jinete, el caballo puede llegar a pisar, patear o morder”, advierte. Si así se requiere, el jinete sabrá hacer uso del porte de su caballo para dominar a revoltosos con sólo aproximar al animal.

El principal Darío Narvaez y el subcomisario Jorge García en el predio de Caballería. | Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
El principal Darío Narvaez y el subcomisario Jorge García en el predio de Caballería. | Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

Además del patrullaje en espacios verdes, como el parque General San Martín o el Parque Central, los efectivos de Caballería se despliegan por los senderos de Chacras de Coria, los circuitos de mountain bike en el piedemonte o los parquizados del Acceso Este.

Desde la cuna

Los policías conocen a cada uno de los caballos a la perfección. “Este es duro de boca; cuesta mucho hacerlo frenar y hay que poner un freno especial. Aquel tiene un paso ideal para largas distancias. Este muerde si lo atacan en una manifestación”, detallan a Los Andes los uniformados, mientras acarician a los animales.

Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

Cada equino policial brinda, en promedio, 21 años de servicio. Muchos de ellos nacieron en el predio que hoy habitan y otros están próximos a pasar allí también, pero en otro corral, a su vida de retirados. “Contamos con distintos boxes: los de servicio, los sanitarios para caballos con parte de enfermo que necesitan los cuidados del caballerizo y del veterinario, y también los boxes de maternidad del haras. Tenemos dos padrillos que vinieron de Remonta del Ejército, que están sirviendo a nuestras yeguas”, cuenta García, mientras a lo lejos uno de los machos reproductores se asoma altanero desde su box.

Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

“Desde el momento en que el caballo nace, ya se empieza a trabajar ‘desde abajo’, como se le llama. Es el amanse con cariño, hacerlo levantar manos y patas, que lo va haciendo más dócil y que sea más fácil el trabajo arriba del animal, con montura y demás. Siempre se ha velado por la doma india, como se denomina, por el cuidado de los caballos”, detallan.

“Aquí el caballo no es un animal, es el compañero y amigo inseparable del hombre. Por tal motivo se respeta”, se lee prolijamente pintado en un paredón del predio. “Lo que nos marca en Caballería es el amor por el caballo. Siempre se busca el cariño ante todo”, resume García.

Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

Para tener a un caballo operativo hay que esperar unos cuatro años, ya que al año de preñez se le sumará el amanse. “Desde que son potros tienen un mínimo de dos años para recién poder hacer algún trabajo desde arriba, para trabajar la boca a través de la rienda, poder montar y que tengan la madurez suficiente para soportar el peso de un jinete”, advierte el jefe de la Montada.

Desde la cuna los caballos policías están habituados al entorno urbano, en contacto en forma permanente con el ruido, con el tránsito y las bocinas. Pero además reciben un entrenamiento especial que incluye el manejo de tumultos y la presencia de estruendos, como los que encontrarán, por ejemplo, en una manifestación cuando sus compañeros de Infantería abran fuego con posta de goma. “Al contrario que los animales del campo, estos están acostumbrados a la ciudad y a veces se asustan o sorprenden si ven un animal de campo”, cuentan los efectivos del cuerpo especial.

Un día entre boxes y corrales

Los efectivos de Caballería tienen otras tareas, además de la de velar por la seguridad de los mendocinos: cuidar a sus caballos. El que queda de cuartelero o caballerizo, desde las primeras horas del día, debe realizar el control de los equinos y sacarlos a los corrales o recreos, como se los denomina. Allí irá observando si el caballo tiene alguna dolencia, si le falta una herradura, si está lastimado, si tiene algún indicio que muestre que no está en buenas condiciones para tenerlo en cuenta en el transcurso del día.

Ese efectivo también debe realizar una profunda limpieza del guano de los animales, la viruta y la tierra del lugar. También se encarga de acicalar a cada animal, además del mantenimiento de los boxes, que reúnen ciertas características para el confort de los caballos: son abiertos y tienen viruta para que tengan una pisada acolchada. A su vez eso los aísla del calor o del frío y hace que el descanso del animal óptimo.

Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

“El cuartelero se encarga exclusivamente de la atención de los equinos que quedan alojados, mientras el resto está en servicio. También se preocupa por el racionamiento de la comida, ya que tienen una dieta a base de fardos de pasto, heno de alfalfa, avena, afrecho y maíz”, detalla el subcomisario García.

Antes del salir al servicio cada uno de los uniformados prepara al caballo que lo acompañará en sus tareas. “Tiene que velar por el cuidado de su equino desde el momento que lo saca del box o del corral hasta el momento de volver del servicio y dejarlo nuevamente. Tiene la responsabilidad de que esté acicalado y correctamente herrado. De no estarlo, no puede salir a un servicio porque la mayoría los trabajos son en pisos duros y se puede lesionar. Un caballo que se lesiona uno de sus miembros queda fuera de servicio por un buen tiempo”, advierte el jefe.

Patrullaje en cuatro patas

El cuartel también es la morada de las decenas de efectivos de la Montada, ya que muchas veces pasan más horas allí que con sus familias. Allí descansan cuando la guardia está recargada ante un requerimiento por movilizaciones o manifestaciones, o para brindar un servicio al día siguiente en franco, por ejemplo en los llamados servicios de cancha.

Uno de los dos padrillos del haras de la Montada. | Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
Uno de los dos padrillos del haras de la Montada. | Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

“Todos los servicios arrancan desde acá”, cuenta García desde el predio de Caballería. Y diferencia: “Un policía convencional para un servicio de cancha comienza en el estadio directamente. El efectivo de Montada empieza dos horas antes y termina dos horas después. Dependiendo de la distancia, normalmente el animal va a pie hasta el lugar a cubrir. También dependiendo de la cantidad de equinos necesarios, se dispone que vayan en movilidad o montados”.

Durante las largas horas de guardia, un policía de Caballería procurará que su compañero de cuatro patas tenga pasto al alcance y agua, ya sea mediante algún cauce o acequia, o en el balde que algún vecino solidario disponga.

Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

Los miembros de la Montada también cumplen una función social solidaria: apadrinan a una escuela albergue en Lavalle y periódicamente acompañan a los alumnos en distintos festejos o con reparaciones que necesiten. Además, reciben visitas de escuelas que quieran conocer la labor que desempeñan.

Cada efectivo está dotado con su armamento personal, pero cuando está montado utiliza botas, espuelines con pihüelo con rodaja pequeña para no lastimar al animal, pantalón de montar (breach), remera, chaleco antibalas y casco de equitación ya que están expuestos a caídas. También se utiliza una fusta para el estímulo del animal.

Dependiendo de las tareas a realizar, un efectivo de Caballería puede usar su uniforme de salida convencional, compuesto por breach, botas, remera y chaleco antibalas, o su uniforme de combate, con sus contenciones y protectores, casco de combate con visor y chaleco.

También puede vestir una bombacha mimética o de camuflaje en tonos grises. Pero, además, puede hacer uso del uniforme histórico en la sección de coraceros, que visten saco azul con relucientes pecheras de metal y cascos con un largo penacho de crines. Son la custodia de honor del Gobernador y participan en sepelios de personalidades destacadas, en los cambios de gobierno y en actos ceremoniales.

Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

A las mujeres que montan se las llama amazonas. Ellas suelen vestir camisa blanca y breach azul oscuro en los actos protocolares. En su rutina visten cualquiera de los uniformes, como sus pares varones.

Cuando comienza a oscurecer en el cuartel, los animales se preparan para su merecido descanso. Así, una vez que se abra el corral, cada uno de los caballos de Montada se dirigirá solo a su box, sin que nadie se lo indique, y lo reconocerá a la perfección y no porque cada uno tenga su nombre en la puerta.

Allí sus compañeros uniformados han dejado todo preparado para su descanso. Dormirán hasta que amanezca, pero no faltará alguno que, en un acto rebelde y pícaro, abra la puerta de su recinto, dé una vuelta por el verde predio y regrese antes de que alguien note su ausencia. Sólo entonces estará listo para otra jornada de patrullaje al galope.

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