30 de agosto de 2025 - 13:31

Después de nueve años y medio, confirmaron la condena a un chofer por cuatro muertes en Rivadavia

Tres niños y una mujer murieron embestidos por una combi municipal el 29 de enero de 2016, en Rivadavia. Ahora el chofer irá a prisión.

Después de interponer todos los recursos posibles y que en todos ellos se confirmara la sentencia a 4 años de prisión y 10 de inhabilitación, finalmente quedó firme la condena a Julio Sosa, el chofer de la combi municipal que, el 29 de enero de 2016, embistió en una calle de Rivadavia a una moto en la que viajaban una mujer de 23 años y tres niños, provocando la muerte de los cuatro.

Sosa trabajó hasta principios de esta semana en la Casa de la Cultura de la Municipalidad, cuando se confirmó la firmeza de la sentencia, quedó detenido y fue llevado al penal, comenzado a cumplir la condena a partir de ahora. El Tribunal le rechazó el pedido de prisión domiciliaria.

En tanto la Justicia Civil ya había ordenado una indemnización, afrontada por Sosa, la Municipalidad y la compañía de seguros.

El caso fue uno de los más terribles de la historia de Rivadavia, no solo por el fatal resultado y las circunstancias del accidente, sino porque alguno de los niños que murieron, habían sufrido tiempo antes una serie de ataques sexuales.

Un día fatal

La noche del 29 de enero de 2016 comenzaba la edición de ese año del festival Rivadavia Canta al País. Abel Pintos debía subirse al escenario. Pero, a las 4 de la tarde, la tragedia golpeó a toda la ciudad y la sumió en la más profunda tristeza.

Una combi municipal, que transportaba a 9 de las 13 candidatas a reina de la Vendimia departamental, chocó de frente con una moto, en la que viajaba una joven de 23 años recién cumplidos, sus dos hermanos de 11 y 12 años, y su hijo de 7. Ella y los tres niños murieron en el acto. El chofer municipal quedó demorado en la comisaría, las candidatas a reina fueron llevadas al hospital, en medio de una crisis nerviosa. La comuna decretó duelo y acordó con el cantante la cancelación del show. El dolor había ganado la partida.

Fue casi las 16. Por la calle Alem, con dirección al oeste, la combi Fiat Iveco de la Municipalidad de Rivadavia venía deteniéndose en los domicilios de las 13 candidatas a reina. El experimentado chofer Julio Ricardo Sosa debía llevarlas a peinarse y vestirse, para ir al Festival. Ya había 9 chicas arriba del vehículo y estaban ya en pleno centro de la ciudad, a punto de completar el recorrido.

Por la misma calle Alem, pero con dirección contraria, Mayra Soledad Barrio (23) conducía su moto Yamaha 110. Atrás de ella, en filita y bien apretados, venían su hijo Lautaro Gautier (7), y sus hermanos Diego Román Barrio (11) y Mario Orozco (12). Solo uno llevaba casco colocado, chiquito y de color naranja.

El martes de la semana pasada Mayra había cumplido 23 años y este domingo pensaba festejarlo en su casa, que queda a dos cuadras de donde circulaba en ese momento. Seguramente había salido a hacer alguna compra para la fiesta.

La moto cruzó la calle Mariano Gómez y ya estaba a mitad de la cuadra siguiente. La combi Iveco venía en sentido contrario, por la otra mano.

De pronto, según testigos, un perro se atravesó delante de la Iveco. Julio Sosa hizo una maniobra brusca, para tratar de esquivarlo, e invadió parte del carril contrario. La moto de Mayra se estrelló de lleno sobre el frente, hacia el costado del conductor. La moto y los cuerpos de Mayra y los niños salieron despedidos y cayeron a un canal de hormigón que corre sobre el lateral sur de la calle Alem. Murieron en el acto. El chofer Sosa recién pudo detener la marcha unos 30 metros más adelante del lugar del impacto. Ese instante y todo lo que ocurrió después en Rivadavia, fue desgarrador.

A los 45 minutos de ocurrido el accidente, llegaron al lugar los padres. Primero arribó el de Mayra y de los pequeños Diego y Mario. Después llegó el esposo de Mayra y padre de Lautaro. Todo fue llanto, gritos desesperados, estupor, tratar de entender, de buscar una explicación que no había, de tratar de encontrar culpas que le den lógica a lo absurdo.

Mientras las candidatas eran trasladadas al Hospital Saporiti, para confirmar su estado de salud e intentar calmarlas, la Policía Científica comenzó el durísimo trabajo de hacer un primer análisis de los cuerpos y de efectuar las primeras pericias sobre el terreno y en los vehículos.

Una gran cantidad de vecinos se reunió en el lugar y observaron el procedimiento.

Los cuerpos fueron trasladados a la morgue del Hospital Perrupato, mientras que el chofer Julio Sosa fue llevado a la Unidad Fiscal de la Comisaría 13, donde se le practicó un dosaje de alcohol en sangre y quedó demorado.

Entre tato en el parque, donde debía realizarse la presentación de Abel Pintos, el director de Relaciones Institucionales de la comuna, Gerardo Soria, les informaba a las 3.000 personas que ya hacían cola para ingresar, que la velada del festival Rivadavia Canta al País se había suspendido y que no sería reprogramada, por imposibilidad en la agenda del cantante.

Al día siguiente fueron inhumados en el cementerio parque de Rivadavia, los restos de Mayra Soledad Barrio y los niños.

Todos trataban de encontrar explicación a lo que ocurrió y, la forma más simple, era tratar de determinar culpas y responsabilidades. Sin embargo ese análisis fue siempre contando con datos parciales.

Muchos criticaban, por ejemplo, la decisión Mayra Barrio de llevar a tres niños en la pequeña moto. Pero desconocían que la decisión de Mayra tenía un motivo. Sus dos hermanitos habían sufrido a fines de julio de 2013 una situación traumática, que mereció la intervención judicial. Ambos habían quedado muy afectados, incluso uno de ellos había intentado quitarse la vida y estaban recibiendo asistencia psicológica.

Por este motivo Mayra, como hermana mayor, no quería dejarlos solos. Por eso, en la siesta del viernes, decidió que su hijo y sus dos hermanos la acompañaran en la moto.

La noticia del accidente y su trágico saldo, impactó muy fuerte en el ambiente del Poder Judicial de la zona Este. Allí conocían bien a los niños y habían trabajado intensamente para ayudarlos a superar la situación. “Sentí que estos niños murieron dos veces”, dijo uno de los funcionarios que estuvo cerca del caso.

Algunos recordaban ayer con mucha emoción el gran valor que tuvo en su momento el hermanito mayor, que en ese día de julio de 2013, tuvo la valentía de tratar de proteger a su hermanito a cualquier precio y denunciar los abusos, aún afrontando las consecuencias que le pudiera traer.

Finalmente, a casi 10 años de aquel día trágico, Julio Sosa, el chofer de esa Fiat Iveco de la Municipalidad de Rivadavia, fue llevado a la cárcel a cumplir su condena.

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