Sergio Massa es el virtual ganador de las elecciones parlamentarias de octubre próximo. Las encuestas, por unanimidad, coinciden en atribuirle ventaja sobre el candidato oficialista.
Sergio Massa es el virtual ganador de las elecciones parlamentarias de octubre próximo. Las encuestas, por unanimidad, coinciden en atribuirle ventaja sobre el candidato oficialista.
Si no ocurre un acontecimiento inesperado, Massa se va a alzar con la victoria y, el día después, lunes 28 de octubre, su foto estará en las primeras planas de todos los diarios del país, para proyectar su figura como nuevo líder de la política nacional.
El elector crítico de la provincia de Buenos Aires elige a Massa como alternancia en el poder. Cambió su actitud con respecto a las elecciones de hace cuatro años, cuando le dio su confianza a una alianza inestable entre De Narváez, Solá y Macri, que no fueron capaces de construir una fuerza política coherente. Esta vez, el elector prefiere apostar por un candidato que considera más sólido por apoyarse en bases peronistas.
La pregunta es: ¿Cuál de los tres peronismos contemporáneos va a interpretar Massa? ¿Volverá el peronismo neoliberal de Menem? ¿Prolongará el populismo chavista de los K? ¿O romperá con esos dos modelos e intentará levantar un peronismo ciudadano, cercano al pensamiento socialdemócrata que a mediados de los 80 representó la renovación peronista, con De la Sota y Bordón, entre otros?
La pregunta es pertinente porque se trata de saber si Massa puede poner en marcha un modelo sustentable y compatible con la comunidad internacional y la economía mundial. Sobre todo porque los paradigmas de Menem y los Kirchner, demostraron no ser sustentables.
El peronismo menemista se caracterizó por su alianza con los grandes conglomerados internacionales. Privatizó las empresas públicas hacia las transnacionales que formaron monopolios. YPF y Aerolíneas Argentinas pasaron a empresas españolas; los ferrocarriles fueron privatizados; ninguna de las tres logró sustentarse satisfactoriamente.
Luego, el peronismo kirchnerista puso énfasis en el Estado y volvió a fracasar. Repsol fue vaciada para beneficiar a los empresarios amigos del poder; Aerolíneas es una empresa enferma, incompetente y que vive del subsidio.
El "Tren bala" es la versión argentina del tren fantasma y los otros trenes chocan y matan gente por obsolescencia del material rodante y de tracción.
Por contraste con esos modelos de gestión, el peronismo ciudadano transitó otros caminos. El caso principal es el de Fecovita: tomada la decisión de privatizar la estatal Bodegas y Viñedos Giol, en vez de transferirse a una empresa transnacional monopólica, pasó a una cooperativa de 5.000 pequeños viticultores. Es un modelo democrático y sustentable: actualmente Fecovita sigue funcionando y en forma satisfactoria.
El otro punto crítico es la posición que Massa va a elegir con respecto a la ley: ¿Arriba o abajo? Las dos versiones últimas del peronismo nacional situaron al jefe de Estado sobre la ley. Menemistas y kirchneristas coincidieron en rechazar el principio de igualdad de todos ante la ley. Promovieron la transgresión como actitud permanente para el ejercicio del poder.
Ambos gobiernos exhibieron fuertes pautas de corrupción y cuando alguien tenía el coraje de denunciarlos, se desplegaban los resortes más oscuros para presionar a la Justicia y asegurar la impunidad. Un retorno directo al sistema de los gobiernos de facto o bien, del Antiguo Régimen, cuando el rey estaba sobre la ley y no bajo ella. La jerarquía es arriba el gobierno, abajo la ley y más abajo, los habitantes o vasallos.
La pregunta es si Massa podrá desandar ese camino y asumir un movimiento ciudadano en el cual, todos, pueblo y gobierno, se ubican debajo de la ley; los vasallos se convierten en ciudadanos y los gobernantes (tan ciudadanos como los demás), sometidos a las mismas leyes y normas.
Esta tarea es difícil de asumir para integrantes de una fuerza política nacida de un golpe de Estado. Recordemos que Juan Perón fue protagonista del golpe de Estado de 1943 y figura importante del gobierno de facto emanado del mismo, en el que se desempeñó como vicepresidente de la Nación y ministro de Defensa.
En sus orígenes, el peronismo modeló su genética al margen de la ley. De allí en más, se le hizo muy difícil asumir los valores ciudadanos y poner en marcha una fuerza política normal y republicana. Pero igual generó un legado, al menos parcial, con estos valores a mediados de los ?80.
La pregunta entonces es: ¿Cómo va a enfrentar Sergio Massa estas definiciones? ¿Se podrá formar una fuerza peronista ciudadana, apoyándose en el legado del peronismo renovador de los '80 y figuras nuevas de trayectoria cívica probada? ¿O se limitará a ofrecer un mero cambio de maquillaje para asegurar la impunidad de los gobernantes K a cambio de llegar al poder?
En cierta forma, el futuro del país estará pendiente de estas definiciones.