“La esencia de la encíclica ‘Lumen fidei’ consiste en entrar en el corazón del hombre y llevar la esperanza eterna a la sociedad”. De esta manera el cardenal Marc Ouellet, Prefecto de la Congregación para los Obispos, presentó la primera encíclica firmada por el Papa Francisco a los medios de comunicación el pasado viernes. Además recordó el actual Año de la Fe, expresando que “la encíclica habla de la trasmisión de la fe e invita a volver a la estructura del catecismo para enseñar que la fe es una gracia”.
En esta primera encíclica del Papa Francisco, el Pontífice recorre la historia de la fe cristiana, la relación entre fe y razón, el papel de la Iglesia en la transmisión de la fe y el efecto de ésta en la construcción de una sociedad que busca el bien común.
Después de la introducción, la encíclica recorre, a lo largo de sus cuatro capítulos, la historia de la fe cristiana, desde el llamado de Abraham y del pueblo de Israel, hasta la resurrección de Jesús y la difusión de la Iglesia; la relación entre la fe y la razón; el papel de la Iglesia en la transmisión de la fe en la historia y, para concluir, el efecto de la fe en la construcción de las sociedades que pretenden el bien común. “Lumen fidei” concluye con una oración a la Virgen, modelo de fe.
Más allá de la gran importancia de su enseñanza y mensaje, la singularidad de la presente encíclica es que ve la “luz”, no sólo en su nombre y significado sino que nace, alumbra, con características que son históricas. Es la primera encíclica de todos los tiempos escrita por dos pontífices, ya que fue iniciada por su predecesor, el Papa emérito Benedicto XVI, el primero en renunciar al trono de Pedro en siete siglos. Acerca de esto, dice el vaticanista Andrea Tornielli: “Francisco, con su firma, ha dado autoridad apostólica a este hermoso texto del Papa emérito. Es curioso: de las manos de dos ancianos surge un texto realmente joven, con la juventud y vitalidad del Evangelio. Como dice el mismo Evangelio: el que cree tiene vida eterna”.
Una ilustración casi de rigor en las fotos oficiales de las presentaciones de las encíclicas papales, es la imagen de las manos del Pontífice, con el anillo de los sucesores de Pedro y una pluma para firmar el texto. Esta firma es más que un símbolo, ya que representa la confirmación de legitimidad que ese escrito es fruto de su mensaje, de su pensamiento. Porque firmada por Francisco, “Lumen fidei” es, en esencia, la última encíclica del Papa Ratzinger. Podemos decir que de la pluma de Benedicto vino a las manos de Francisco, que la refrendó con su pluma en una misma fe como un poderoso imán que atrae toda la existencia del hombre.
El texto, tal como indicó el mismo Francisco durante un encuentro con el Sínodo de los Obispos, es fruto de un trabajo en conjunto con el Papa Emérito Benedicto XVI, que había terminado prácticamente su redacción antes de su renuncia el pasado 28 de febrero. “Estas consideraciones sobre la fe -en continuidad con todo lo que el Magisterio de la Iglesia ha pronunciado sobre esta virtud teologal- pretenden sumarse a lo que Benedicto XVI escribió en las Cartas Encíclicas sobre la caridad y la esperanza. Él ya casi había terminado una primera redacción de la Carta Encíclica sobre la fe. Le estoy profundamente agradecido y, en la fraternidad de Cristo, asumo su precioso trabajo, añadiendo al texto algunas contribuciones más”, remarca el Papa Francisco en el séptimo párrafo del texto.
Es así entonces que Benedicto XVI pone el broche final a uno de los objetivos que se planteó él mismo: abordar las tres virtudes cardinales, “fe, esperanza y caridad”. El amor centró tanto su primera encíclica -“Deus Caritas Est”- como la tercera, que servía de punto de partida para abordar el desarrollo humano y los retos de la globalización. En “Spe Salvi” ahondó en la esperanza cristiana como motor de transformación del mundo. Con la misma humildad que el Papa emérito entrega el texto borrador a su sucesor, lo recibe el Papa Francisco, haciendo suya esta encíclica.
Una encíclica es una carta solemne que dirige el Sumo Pontífice a todos los obispos y fieles del orbe católico exponiendo la creencia y práctica de la doctrina cristiana. Sirve para informar a la Iglesia entera acerca de una cierta materia de particular importancia. Se dirige a obispos y fieles de la Iglesia Católica, pero con frecuencia también van dirigidas a “todas las personas de buena voluntad”. Las firma siempre el Papa, están escritas normalmente en latín, y se publican en las “Acta Apostolicae Sedis” y en libros de distintas lenguas. El texto oficial latino se prepara en la Secretaría de Estado. El Santo Padre firma normalmente cinco ejemplares del documento.
El texto -en varias lenguas-, se envía a las Conferencias Episcopales de todo el mundo a través de los Representantes Pontificios. Durante muchos siglos, la oficina que ha preparado estos documentos se llamaba Cancillería de las Cartas Apostólicas. La Cancillería, que nació en el siglo IV, fue suprimida por Pablo VI con el motu proprio “Quo aptius” del 27 de febrero de 1973. Benedicto XIV hizo circular la primera encíclica conocida en 1740 y, a diferencia de las Bulas papales, las referencias doctrinales en una encíclica no son necesariamente tomadas como infalibles.
De las 297 encíclicas publicadas por la Iglesia Católica, hay algunas que han provocado verdaderos revuelos en el mundo, ya que en la mayoría de los casos respondieron a temas sensibles o urticantes de la época. Por ejemplo, la carta de Pablo VI, Humanae Vitae, en 1968, donde aborda el control de la natalidad; la del Papa San Pío X, en 1907, Pascendi dominici gregis, condenando la doctrina modernista, o la del Papa Pío XI “Mit Brennender Sorge” (Con ardiente preocupación 1927), es la más dura crítica que la Santa Sede haya expresado jamás respecto a un régimen político; y muchas otras que se consideran muy influyentes en temas sociales, económicos, filosóficos y religiosos, palabra de referencia obligada.
Con respecto a las materias de la Nueva Evangelización, Francisco, dicen algunas fuentes, ya tiene entre manos una exhortación apostólica que abordará este asunto y a la que dedicará gran parte de agosto, cuando su actividad pastoral pública se reducirá de forma significativa.
Desde el inicio de su Pontificado, se espera por la posibilidad de que los próximos documentos a elaborar por el Papa Francisco aborden la misericordia y la pobreza evangélica.
Tendremos entonces que esperar un poquito para tener entre manos una completa carta de Bergoglio, en su estilo, al modo de las explicaciones sencillas de las parábolas de Jesús. Una pista ya tenemos en sus homilías de Santa Marta, aunque en “Lumen Fidei”, de lejos reconocemos algunas de sus palabras: “No nos dejemos robar la esperanza, no permitamos que la banalicen con soluciones y propuestas inmediatas que obstruyen el camino”.