A mis amigos Rodolfo y Roxana, y A su hija.
Ojalá le hayas dado un abrazo y un gran beso cuando se despidió. Ojalá recuerdes ese abrazo y ese beso. ¿No sentiste nada? ¿No hubo algo que te cruzara el cuerpo? Aunque sea algo fugaz. Algo como un estremecimiento. Como una sensación de amor infinito, hasta el infinito.
¿Recordás qué te dijo? Y vos, ¿qué le dijiste? Ojalá que sí, para que no tengas que buscarlo en ese pliegue de la memoria cada vez.
Ojalá que ese abrazo haya durado un instante que te pareciera una eternidad. Ojalá que ese beso en la mejilla, en la tuya, en la de ella, les haya dejado un sabor dulce. Ojalá que esa dulzura los haya acompañado hasta ese momento crucial.
Muchas veces hablamos de las segundas oportunidades. De las que tuviste vos y de las que tuve yo. Decíamos que hay quienes no tienen esa suerte. Son instantes brutales, inexplicables, definitivos. ¿Quién elige a quién le da esa otra oportunidad? Ojalá que no se trate de justicia divina porque no hay justicia posible en la sinrazón.
Ojalá no hubiera tenido que hacer ese llamado. Ojalá no estuviera escribiendo estas pocas líneas. Siempre pobres, siempre insuficientes. Ojalá no hubiera existido el motivo. Ojalá la tristeza no nos hubiera alcanzado de este modo tan desolador.
Las imágenes se suceden como en uno de esos viejos proyectores de diapositivas de nuestra infancia. Cuadro por cuadro: nosotros, nuestros hijos, nuestras mujeres. Felices por siempre.
Ojalá le hayas dicho cuánto la querías, tantas veces como hayas querido. Ojalá le hayas dado todos los besos que tuviste ganas, cada vez que tuviste ganas. Ojalá no te hayas dejado nada guardado.
Ojalá que la hayas escuchado, que guardes su voz como un tesoro. Y que esa voz te calme, cuando creas que ya no hay calma posible. Ojalá te rías cuando recuerdes sus travesuras, sus berrinches, sus rebeldías. Y cuando busques esa mirada de fuego y ese genio chispeante.
Ojalá que estos 15 años hayan sido tan intensos que valgan por toda una vida. Ojalá que le haya sobrado la alegría y que la haya desbordado. Ojalá que sus ojos hayan viajado tanto como sus sueños adolescentes.
Ojalá despertara y fuera mujer, fragancia, madre, semilla, artesana, maestra, amiga, bailarina, novia, reina de corazones, amante, música, turista, cocinera, quitapenas, enfermera, amazona, alma de diamante, colibrí, astronauta, estrella fugaz.
¿Te alcanzarán nuestros abrazos? Los de tus amigos, los que intentaremos acompañarte, levantarte, como la alzamos a ella cuando nació, cuando todo eran risas y futuro. Cuando nada presagiaba esta angustia que ahora nos aprieta el pecho.
Ojalá que haya respuestas para tantas preguntas que se agolpan sin sentido. Ojalá que los reproches se transformen en consuelo. Ojalá que este mar de lágrimas te lleve a la paz. Y si no, al menos, ojalá que yo no tenga razón. Ojalá sea como vos crees y haya reencuentro al final de la luz.
Para develar los secretos. Para esos abrazos pendientes. Para los besos guardados. Para inflar las bicicletas y pedalear hasta el río. Para mojarse los pies en el mar.
Para compartir otro turrón alemán. Para volver a bailar un vals. Para sentarse bajo el sauce del patio y verla llegar. Y saber que Juanita no se irá otra vez y que la vida volverá a ser tan bella.