Los plátanos, tal como los conocemos en Mendoza, tienen su origen en Europa (Platanus orientalis) y en Estados Unidos (Platanus occidentalis). En Europa hay ejemplares centenarios que dan fe de su potencial longevidad pues han sido plantados hace más de 300 años. Su porte, su rápido crecimiento y su gran adaptación a nuestro clima, han hecho que este árbol se encuentre en plazas, parques, calles y avenidas mostrando todo su esplendor.
En Mendoza no presenta problemas de plagas, pero tiene algunos aspectos que deben ser tenidos en cuenta para asegurar su supervivencia en óptimas condiciones y mostrando todo su esplendor. Nos referimos a su requerimiento hídrico y al cuidado y mantenimiento que necesitan.
En la foto se ve con claridad la diferencia que muestran cuando disponen de suficiente humedad o cuando sufren grandes limitaciones. Estos plátanos que muestran un buen follaje se encuentran en el costado sur de la avenida del Prado Español, en el Parque San Martín. Evidentemente están recibiendo suficiente agua, mientras que los del costado norte (frente al Museo Cornelio Moyano) sufren la falta de líquido y muestran un follaje pálido, ralo y de pobre desarrollo y ya con ramas secas.
Por otra parte, su gran crecimiento, el desarrollo de gruesos troncos y de poderosas raíces, son aspectos que deben ser considerados para su buen mantenimiento. Se ven nichos y veredas destruidos por sus troncos y raíces por no disponer de suficiente espacio libre para el normal crecimiento. Los espacios destinados a estos grandes árboles deben modificarse adecuándose a medida que el diámetro de sus troncos se va engrosando y antes que se produzcan daños en las veredas o en los árboles.
En algunas calles (Las Heras, San Martín) se han colocado rejillas de hierro al pie de los árboles que, con el correr del tiempo, se han deformado o han sido literalmente absorbidas por el crecimiento del árbol generando severas irregularidades en su forma afectando su normal desarrollo y seguramente limitando su longevidad. Se hace entonces necesario retirar o modificar periódicamente esas rejillas para evitar daños en la base del tronco de estos plátanos.
Es una delicia pasear por esas rutas y calles bordeadas de inmensos plátanos, bajo una fresca sombra. Tal como ocurre en la avenida Mathus Hoyos en Guaymallén, en Pascual Segura de Las Heras, en la calle Terrada de Luján de Cuyo o en el carril Urquiza en Russell (Maipú), y tantas otras. Pero, lamentablemente el progreso llega avasallante y genera situaciones que atentan gravemente contra el buen estado y conservación de los plátanos.
Los trabajos de pavimentación de banquinas, impermeabilización de acequias o grandes construcciones, producen graves daños al sistema radicular de los árboles y los privan del agua necesaria para su buen desarrollo. Los deletéreos efectos de estas obras se ven a los pocos años de realizadas.
En algunos casos los plátanos se han secado totalmente, en otros se han recuperado luego de una severa poda, pero en general los ejemplares padecen un lento y progresivo deterioro a simple vista. Hojas y ramas secas, pobre desarrollo, follaje ralo y de un color verde pálido, que impiden la generosa sombra que los caracteriza. Es el paisaje que hoy vemos en el carril Godoy Cruz y en Bandera de los Andes en Guaymallén, o en el carril Sarmiento de Godoy Cruz o en el San Martín de Luján.
Poco a poco el desarrollo urbano avanza dejando de lado y olvidando la "cultura del árbol" que ha sido y que debe seguir siendo no sólo el orgullo de los mendocinos sino un emblema referencial de la provincia. Pero más allá de estas valoraciones, es menester tener en cuenta el invalorable papel que la presencia de árboles saludables significa para la salud y la calidad de vida de las personas.