20 de julio de 2013 - 21:44

El plan de salud de Brasil

Se asegura que la atención de la salud en Brasil atraviesa una severa crisis, especialmente para aquellas personas que viven en lugares alejados de los sectores poblados.

Cada mañana entre semana, docenas de furgonetas gubernamentales, ambulancias y sedanes abollados marcados con el sello de los municipios de todo el estado de San Pablo, dejan a sus pasajeros en el hospital Santa Casa y otros en el área metropolitana.

Los choferes salen muy temprano, a las 3 am, para transportar personas que viven en ciudades y pueblos tan remotos que han esperado meses y, a veces, años para consultar a un especialista, someterse a una operación o que les hagan una tomografía computarizada, servicios que no están disponibles en las clínicas austeras de sus lugares de origen.

Hace poco, un día, Nilson Esteves, de 32 años, viajó desde el campo de Pedro de Toledo para recoger los resultados de unos análisis. Ha esperado tres años para que le quiten del cuello un tumor benigno del tamaño de una pelota de tenis. Georgina Barbosa, una viuda de 70 años, llegó desde Capivari tras esperar tres meses para que la atendieran de piedras en el riñón. "Si me iban a matar, ya estaría muerta", dijo.

Barbosa está dolorosamente familiarizada con los peligros y la incompetencia del sistema de salud pública de Brasil, un punto focal de las protestas que sacudieron al país el mes pasado.

Dos de sus hijos murieron de cuarentaitantos años, uno de un padecimiento cardíaco y otro de diabetes, y ella perdió la vista en un ojo durante una operación reciente. Su frustración se refleja en una encuesta nacional de opinión de finales de junio, en la cual 48 por ciento de los encuestados dijo que pensaba que la atención de la salud es el mayor problema de Brasil. (La educación fue el segundo con 13 por ciento.)

Sin embargo, los esfuerzos de conjunto de la presidenta Dilma Rousseff para responder a las inquietudes de los manifestantes defraudaron a muchos brasileños, y sus propuestas sobre atención de la salud contrariaron particularmente a muchos de los doctores del país. Cuando Rousseff se dirigió a la nación durante las protestas, su mensaje principal sobre la atención de la salud fue que Brasil "traería a miles de médicos extranjeros para expandir la atención que brinda" el sistema de salud pública. El clamor en contra por parte de la élite médica fue inmediato, incluidas protestas, rumores de acciones legales y huelgas.

Cuando anunció formalmente su plan la semana pasada, Rousseff se apresuró a aclarar que su programa Más Médicos se centraría no en reclutar a médicos extranjeros, sino en mejorar la atención en zonas rurales y urbanas con servicios insuficientes, e incrementar el gasto gubernamental en atención de la salud. Se realizarían esfuerzos para cubrir las vacantes con médicos brasileños primero, dijo.

No obstante, una docena de doctores entrevistados en todo San Pablo la semana pasada seguían centrados en el problema de los extranjeros. Su conclusión casi unánime fue: los recursos deberían ser la prioridad más alta. "Lo que tenemos no es falta de médicos, sino falta de infraestructura y suministros que permitirían una mejor distribución de los médicos donde se les necesita", dijo el cirujano José Luiz Lea, de 45 años.

Lea empezó su carrera como el único médico en Sao Joao do Araguaia, un pueblo con 12.000 habitantes en el estado amazónico de Pará, pero se fue frustrado, dijo, por la falta de equipo hasta para las operaciones básicas y suministro insuficiente de los antibióticos esenciales.

Ahora supervisa el turno sabatino en el hospital público municipal Antonio Giglio en Osasco, una ciudad mayormente pobre de más de 700.000 habitantes, que limita al oeste con San Pablo.

Mejoraron las condiciones de trabajo, pero no mucho. La sala de urgencias y las unidades de cuidados intensivos en malas condiciones, donde los doctores ganan muy poco, 25 dólares la hora, tienen pocos suministros básicos. Los pacientes, casi desnudos y expuestos sin batas hospitalarias ni cortinas, languidecen a menudo durante días en la sala de urgencias.

Los brasileños que pueden pagar, reciben atención privada. Cuando Celso Giglio, un ex intendente de Osasco, quien construyó el hospital que lleva el nombre de su padre, resultó gravemente herido en un accidente automovilístico, la ambulancia evitó ese nosocomio y se lo llevó al Albert Einstein en San Pablo, una institución privada más cara. Eso generó un aluvión de chistes macabros entre los habitantes de Osasco.

El ministerio de Salud defendió la necesidad de los médicos extranjeros notando que Brasil tiene menos doctores per cápita que Argentina y Uruguay, y que la escasez es particularmente grave en los estados amazónicos y del noreste, a donde irían muchos de los médicos recién contratados. El ministerio también dijo que muchos países, incluido Estados Unidos, buscan con regularidad atraer a médicos extranjeros.

No todos los médicos se oponen al plan de la presidenta. Antonio Augusto Dall'Agnol Modesto, un médico general que trabaja en una desbordante clínica pública en San Pablo, dijo que aunque encuentra problemática la idea de contratar médicos extranjeros, no le gusta la forma en que las organizaciones de doctores plantean sus argumentos.

"Puedes estar en contra de la propuesta de Dilma", señaló. "Pero no sólo porque los médicos sean extranjeros ni porque es un programa de emergencia, sino porque no está amarrado a proyectos adecuados a largo plazo".

Dall'Agnol Modesto dijo que Brasil necesita más médicos familiares y generales porque los pacientes agobian a los especialistas con problemas rutinarios, lo que incrementa la espera para quienes tienen afecciones graves.

Sin embargo, las clínicas rurales, argumenta el gobierno, necesitan cualquier tipo de doctor.

La élite médica volvió a estallar en protestas. Varias organizaciones calificaron al plan de "cuestionable", y la Federación Nacional de Médicos lo describió como una "forma de explotación".

El ministerio de salud dijo que la medida no es un requisito de servicio social, sino una parte importante de la formación y exposición de los estudiantes a las realidades del sistema de atención de la salud. "Creemos que es importante que los médicos brasileños se formen dentro del sistema público, tanto como lo hacen en Inglaterra o Suiza", indicó Mozart Sales, el funcionario del ministerio de Salud que supervisará el programa.

El médico familiar Dall'Agnol Modesto dijo que está dividido. "Se ha intentado en otros países", señaló. "Parece ser una oportunidad. Pero, por otra parte, es muy peligroso mandar médicos recién egresados a lugares distantes, sin recursos".

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