16 de septiembre de 2014 - 00:00

Plan de ordenamiento territorial: nuestro desafío de futuro

El ordenamiento territorial es una valiosa herramienta para planificar la Mendoza del mañana. Es una clara política de Estado destinada a dar un marco legal e institucional que permitirá desarrollar nuestro territorio con proyección de futuro.

La provincia debe ir transformándose, poco a poco, en un mejor lugar para vivir, producir y disfrutar tanto para los mendocinos que la habitamos, como para quienes nos visitan.

Por esta razón, planificar y legislar sobre el tema es mucho más que decidir lo que se hará con un pedazo de tierra; es un cambio cultural que debe tener presente una mirada humana, social, productiva y ambiental sobre la evolución del lugar en el cual vivimos.

En 2009 se sancionó la ley 8.051 y se necesitaron cinco años -y un arduo trabajo llevado a cabo principalmente por la Universidad Nacional de Cuyo, con el valioso aporte del CIFOT, el CONICET y de numerosos y prestigiosos profesionales con distinta formación- para elaborar el reglamento y un proyecto de Plan Provincial de Ordenamiento Territorial.

Actualmente dicha propuesta se discute en la Legislatura Provincial. Debo reconocer que los especialistas efectuaron un buen diagnóstico, que fue validado metodológicamente en el ámbito participativo y plural del Consejo Provincial de Ordenamiento Territorial.

De ese estudio surge con claridad la existencia de una inercia desordenada en la gestión sobre el territorio en toda la Provincia y es una situación que debe revertirse.

Para lograr cumplir con este objetivo deberán seguirse pautas uniformes, según lo propuesto por los especialistas, que les permitirán a cada municipio organizar mejor su departamento y mejorar la calidad de vida de quienes lo habitan.

Así se contribuirá a poner punto final a los conflictos por uso del suelo; se aprovecharán mejor los recursos naturales; se evitará la ocupación de áreas que pueden ser pasibles de desastres naturales y se encontrarán rápidas coincidencias en el desarrollo de caminos y corredores de acuerdo a las regiones.

Pensar en términos de futuro implica evitar la expansión urbana desordenada y también en optimizar todos los recursos productivos y humanos de Mendoza.

El plan presentado por el Poder Ejecutivo Provincial, a diferencia de lo que fue planteado por los especialistas de la Universidad Nacional de Cuyo, no contiene algunas pautas uniformes y cruciales respecto a problemática descripta y que son necesarias abordar.

Cito un ejemplo, no contiene medidas concretas para evitar el avance anárquico de los barrios y cementerios privados en zonas rurales; avance que es necesario regular para corregir la deficiente gestión del territorio, ligada a la falta de recursos; capacitación y que debe resolverse también para superar la falta de coordinación existente, en este aspecto, entre los municipios y la Provincia.

Para revertir esta lógica del desorden por la del ordenamiento territorial debemos definir y adoptar soluciones concretas. El único camino para lograrlo es que entre todos los responsables institucionales del Plan de Ordenamiento Territorial -legisladores, Poder Ejecutivo, UNC, organismos técnicos e incluso el Departamento General de Irrigación- aunemos criterios con generosidad, despojados de egoísmos sectoriales y con una visión amplia y racional; si es que queremos lograr ese cambio cultural.

Seamos protagonistas responsables de un proyecto que cambiará, hoy y para bien, la Mendoza del mañana. El desafío que se nos presenta no es menor, se trata de una inmejorable oportunidad para lograr un desarrollo armónico y equilibrado de nuestro territorio; honremos esa tarea por el bien de los que vendrán.

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