Nos acercamos paulatinamente a las PASO, esto es inevitable, aunque uno no quiera va a tener que introducirse a un cuarto, tal vez demasiado oscuro, para dejar su voto. El voto es como una carta de esperanza que uno le envía al futuro, pero el futuro está tan preocupado por los problemas que le va a derivar el presente que a veces no se da cuenta de que uno tiene esperanza.
Escuchamos frases que dicen: “Vamos a mejorar sustancialmente la economía”, y uno no entiende la palabra “sustancialmente” pero supone que implica algo bueno. Ocurre que hace varias elecciones, sino todas, en las que se prometió lo mismo y la economía se fue cayendo como una heladera de un noveno piso y ahora estamos sufriendo las consecuencias de las frases incumplidas.
Escuchamos que no vamos a depender más del Fondo Monetario Internacional, pero cuando las circunstancias son desfavorables, casi siempre, van corriendo a pedirle un salvavidas a este organismo que presta pero exige y en esa exigencia estamos involucrados todos.
Los discursos de los candidatos a veces incluyen perlitas de las que no podemos extraernos los que pretendemos escribir con algo de humor.
La ex presidenta y actual candidata a Vice, Cristina Fernández de Kirchner dijo que en estos momentos proliferan entre los productos que adquieren los argentinos las marcas “Pindonga y Cuchuflito”, y de alguna manera desmereció a las llamadas segundas marcas que no tienen la posibilidad de trascender mediante la publicidad y el marketing como las primeras.
Pero como suelen ser más económicas gran parte de los argentinos se refugia en ellas. Y no lo hacen resignando calidad. Hay segundas marcas que tranquilamente compiten en calidad con las primeras con el beneficio de sus menores precios.
Entonces llamarlas despectivamente es, de alguna manera, burlarse de cientos de pymes que se ocupan, fundamentalmente de elaborar productos que compitan con los líderes en buenas condiciones de competición. Productos de todas maneras nobles que no pueden tener una alta difusión masiva porque no les da el cuero, pero que, a nivel calidad nada tienen que envidiarle a las que están en los primeros puestos.
Y se refirió a ellas con dos palabras que de alguna menera ofenden a los que las producen: “pindonga y cuchuflito”. “Cuchulito” fue un personaje de la televisión argentina desarrollado por el actor Juan Díaz en el programa telecómicos que se emitió hasta 1974. Según el actor la palabra proviene de “Chanza, tomadura de pelo”, una cargada en todo caso. Desde ese programa se hizo popular y se desparramó por todo el país.
En cambio la palabra “pindonga” ya tiene otros significados más cercanos a la ofensa. Porque “pindonga”, según el mata burros es una mujer que está poco tiempo en casa y lleva una vida irregular o inmoral. Pero también está ligada al miembro del hombre, es una forma, entre tantas, de llamar a este adminículo que caracteriza al tipo, fundamentalmente (aunque no siempre).
Ustedes me dirán: bueno, son únicamente dos palabras sueltas que no tienen mayores connotaciones, pero sí las tienen por quién las usó y con qué intención las usó. Fue para desprestigiar y si bien en una campaña se dicen muchos desaciertos, tendrían que tener un poco de cuidado, digo, para no ofender a los que podrían ser sus votantes.
“Pindonga” y “Cuchuflito” se han puesto de moda otra vez, mientras tanto, y como siga así la economía seguiremos comprando segundas marcas.