12 de abril de 2015 - 00:00

Pie Pequeño vs Lucy

Un esqueleto fósil sudafricano rivaliza hoy de igual a igual con el más famoso y, hasta el presente, más antiguo, hallado en el África Oriental y de 4 millones de años de antigüedad.

Pie Pequeño, un esqueleto fósil sudafricano tan enigmático como espectacular, actualmente puede afirmar tener la misma edad que el mucho más famoso esqueleto de Lucy, de África Oriental, al menos según un documento de investigación de la revista Nature.

Utilizando una técnica de datación relativamente nueva que mejora la precisión para muestras muy viejas, el descubridor del fósil, Ron Clarke, y sus colegas de la Universidad de Witwatersrand, en Johannesburgo, actualmente ubican la edad en casi 4 millones de años con base en sedimentos endurecidos que rodean al fósil.

Si el propio esqueleto tiene esa edad, podría ayudar a volver a poner a Sudáfrica en el centro del escenario de la evolución humana temprana, posición que abandonó en la década de 1960 a favor de África Oriental, donde capas de ceniza volcánica de datación fácil proveen un marco temporal ideal para especies que cada vez evolucionaban más características como de humano.

“La gente ha dicho que Sudáfrica tiene buenos fósiles, pero no sabemos qué edad tienen”, dice Clarke. “Ahora estamos empezando a entender su edad. Eso cambia las cosas drásticamente”, precisa.

Con más de 90 por ciento de sus huesos intactos, en plena totalidad, Pie Pequeño fácilmente supera al esqueleto de Lucy, que solo está 40 por ciento completo y carece de cabeza. Pero mientras que Lucy ha reclamado durante décadas una posición de primacía en la raíz del árbol genealógico humano, Pie Pequeño aún resta por ser develado en la literatura científica.

Clarke ha pasado gran parte de los últimos 15 años excavando concienzudamente el fósil de la roca donde estaba encerrado, en las profundidades de las cuevas conocidas como Sterkfontein, cerca de Johannesburgo.

La edad importa
Los intentos previos por datar a Pie Pequeño han generado resultados altamente inciertos, desde 2,2 millones de años a más de 4 millones de antigüedad.

La técnica de datación utilizada en el nuevo estudio, llamada isócrona de datación de entierro, calcula la edad de un espécimen con base en la última vez que estuvo en la superficie, expuesto a radiación cósmica que produce isótopos radiactivos de los elementos aluminio y berilio.

Cuando los sedimentos escurrieron en la cueva, los isótopos dejaron de acumularse, y en cambio empezaron a descomponerse a una tasa constante. Nueve de 11 muestras de roca que rodeaba al esqueleto dieron una edad de 3,67 millones de años.

“Estoy impresionado”, dice Troy Rasbury, un geocronólogo de la Universidad Estatal de Nueva York, en Stony Brook, quien no participó de la investigación. “No se trata de un revoltijo de sedimentos vertidos en varios momentos”, precisa.

La misma técnica de datación utilizada en los fósiles, que mide la descomposición de isótopos formados por rayos cósmicos, derivó una edad de alrededor de 2 millones de años para burdas herramientas de piedra también encontradas en la cueva.

Sin embargo, otros investigadores siguen sin estar convencidos de que el propio esqueleto tenga la misma edad que los sedimentos que lo rodean.

“Enterramos una ardilla muerta en nuestro patio trasero en noviembre de 2014”, escribió vía correo electrónico Fred Grine, un paleoantropólogo de Stony Brook. “Pero pienso que la arena que la rodea se remonta al menos al último retiro glacial en Long Island”, explica.

Millones de años después que los cristales de arena escurrieron en la cueva, sostiene Grine, se pudo haber formado una abertura más grande, permitiendo que se desplomara un ancestro humano antiguo.

“No hay evidencia de que algo así haya pasado”, dice Darryl Granger, coautor del estudio y geoquímico de la Universidad de Purdue, en Indiana, quien realizó la datación de los sedimentos. Además de sedimentos finos, destaca, también se probaron muestras de piedras grandes que rodeaban al esqueleto, haciendo improbable que el esqueleto se insinuara entre las muestras con una fecha posterior.

Al igual que otros fósiles más jóvenes previamente encontrados en Sterkfontein, Pie Pequeño es un progenitor humano llamado australopithecine. El nombre de su especie sigue siendo incierto; la mayoría de los investigadores piensa que probablemente sea Australopithecus africanus, una especie de Sudáfrica desde hace mucho conocida, mientras que Clarke prefiere llamarlo Australopithecus prometheus.

Independientemente de cuál sea su especie, el esqueleto es claramente diferente a la especie de Lucy, el Australopithecus afarensis, que solo se conoce en África Oriental.

La datación más antigua de Pie Pequeño no necesariamente relega al Australopithecus afarensis a un rol menor en la historia evolutiva humana, pero sí sugiere que el proceso estuvo poblado por una diversidad de personajes de hace muchos años, diseminados por toda África.

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