¿Cómo enfrentar una elección desde el peronismo si, cinco meses antes de que ocurra, algunos referentes ya creen que sus candidatos van a perder? Éste es el gran desafío que tiene el oficialismo mendocino por delante y el objetivo, por ahora, es perder por el menor margen posible. Todo un dilema para un partido que hace del ejercicio del poder su razón existencial. Obviamente, nada es seguro hasta que se abren las urnas, pero todas las encuestas, incluso las propias, son desfavorables.
Algunos dirigentes asumen que poco pueden hacer para revertir ese pronóstico porque lo que se pone en juego para la sociedad es el apoyo o el rechazo a la presidenta, Cristina Kirchner. Claro que también hay algunos que aún se muestran optimistas, sobre todo cerca del Gobernador, y creen que con una buena estrategia y algunas medidas que ayuden, es posible dar pelea.
El problema es que los mismos sondeos que muestran ese escenario electoral desfavorable también revelan que la “cuestión provincial” es intrascendente para los votantes. O sea: por más que Francisco Pérez hubiese hecho una buena gestión, resultaría imposible revertir ese clima antikirchnerista imperante, producto fundamentalmente del deterioro económico que hasta los borrosos números del Indec reconocen a medias.
Según resume Enrique Bollati, habitual encuestador del peronismo, el voto opositor concentra el 60% en Mendoza, mientras que el respaldo al oficialismo no pasa del 30%. Y fundamenta la dificultad de que estos números varíen en lo que llama la “impermeabilidad de opinión” que exhiben los consultados, lo que hace muy difícil que modifiquen su pensamiento.
Elbio Rodríguez trabaja para el radicalismo y mide la adhesión al Gobierno nacional a través de dos variables: cuánto le creen a Cristina los mendocinos y cuán eficiente consideran que es. Ese índice en noviembre era 56% negativo y 25,4% positivo. En marzo, el negativo bajó a 51% y el positivo subió a 28%. En mayo, el negativo llegó a 56% y el positivo bajó a apenas 22%. Las denuncias de corrupción, la escapada del dólar paralelo, la inflación sin freno, todo influye.
En este escenario, ganará en octubre quien mejor exprese ese amplio y difuso colectivo llamado antikirchnerismo, que reúne desde progresistas que no creen en el progresismo declamado por el Gobierno y que incluso en algún momento lo apoyaron, hasta conservadores que defenestraron cada una de las acciones encaradas por Néstor y Cristina Kirchner en estos diez años.
En el amplio menú opositor, el candidato a diputado nacional que más simpatías concentra es el radical Julio Cobos. A su bolsa van a parar votantes que se inclinaron por el socialista Hermes Binner en la última elección hasta varios de los que optaron en los últimos años por el Partido Demócrata. El ex gobernador, que llegó a vicepresidente justamente de la mano de Néstor Kirchner, es la cara más acabada del antikirchnerismo para los mendocinos.
El elegido. La diferencia entre Cobos y el peronista Alejandro Abraham varía entre 13 y 22 puntos, según sea la encuesta peronista o radical. Pero también los números que manejan en el PD ubican al radical cerca de 20 puntos por encima del PJ. Estos datos no sorprenden al oficialismo y de hecho, desde el año pasado en Casa de Gobierno los analizan preocupados.
Esa preocupación se transformó en intento desesperado de encontrar una alternativa a Abraham y el sanrafaelino Omar Félix, que parecen estar lejos de enamorar al electorado. Pero, realistas, confiesan que aunque hubiesen puesto a alguien prestigioso, como el médico Abel Albino, la situación igual sería cuesta arriba, justamente por el humor social adverso al kirchnerismo.
Tanto pensaron en alternativas en el Gobierno que algunos, como ya se contó en esta columna hace dos meses, hasta se imaginaron a Pérez como candidato testimonial. El problema es que él tampoco mide bien: tiene apenas por encima del 30% de imagen positiva en sondeos opositores y propios, salvo en uno que mandó a hacer el Ejecutivo, que nadie muestra pero que dicen que lo ubica cerca del 50%.
En el radicalismo están confiados, aunque dicen que difícilmente puedan repetirse los más de 20 puntos de ventaja de 2009. A diferencia de aquella vez, ahora parece que no habrá alianzas. La idea de dirimir las candidaturas de un frente opositor en las primarias, que ofrecieron tanto al Frente Amplio Progresista como al Partido Demócrata, no prendió en estas fuerzas.
Es Cobos el que más insiste con sumar fuerzas, porque dice que la ciudadanía pide que la oposición se una. Pero él y sus allegados saben que no pueden pagar por los aliados más de lo que valen en votos, como ocurrió cuando armaron la lista del Frente Cívico Federal, con la que entraron media docena de legisladores provinciales que hoy juegan para el peronismo, además de algunos iglesistas que hicieron rancho aparte y también votan junto al PJ.
En el PD, la conducción está más interesada en unirse otra vez con el macrismo y el peronismo disidente que expresan los Rodríguez Saá. Los puntanos ya eligieron a su candidato en Mendoza, Daniel Cassia, y no están dispuestos a bajarlo. Entonces aparece la opción de definir la lista nacional en las primarias, pero el problema es que el partido provincial hoy tiene dos postulantes: Carlos Aguinaga, ya lanzado, y Luis Rosales, aún con algunas dudas. Y de ir separados contra Cassia, ambos podrían perder.
El escenario para ellos es complicado según las encuestas que circulan: los 15 puntos, en promedio, que el PD ha sacado en las elecciones legislativas desde 2005 hacia acá se han reducido porque muchos de sus votantes parecen inclinarse esta vez por Cobos. Igual, algunos se ilusionan con pelearle al PJ el segundo lugar si crece aún más la ola anti K.
El retador. La esperanza del justicialismo se llama Roberto Iglesias. El radical que se presentará como cabeza de la lista del Partido Federal y llevará en el tercer lugar a su aliado Víctor Fayad tiene mejor imagen que los candidatos del peronismo y aparece tercero en algunas encuestas. Militantes del “divide y reinarás”, en la cúpula del oficialismo, creen que esa sociedad puede quedarse con muchos votos radicales, fundamentales al menos para que Cobos no sume más del 40%, porque esto los perjudicaría en la composición de la futura Legislatura.
El antecedente en el que se basan los estrategas peronistas es lo que ocurrió en 2007, cuando el mismo Iglesias le restó valiosos votos a la concertación cobista-kirchnerista, que creía tener asegurada la gobernación y la perdió finalmente ante Celso Jaque.
Claro que hay algunas diferencias. Ahora el PJ no parece poder llegar a los 37 puntos de aquella vez. De hecho, las proyecciones propias lo ubican en un 30% en octubre, siempre y cuando el contexto nacional no se complique más. Pero también la duda es cómo resultará finalmente la postulación de Iglesias por fuera de la UCR, o sea cuántos de los que dicen tener buena imagen del radical lo van a votar cuando vean que va en la lista de otro partido.
Lo que no ha cambiado desde entonces es el discurso de Iglesias, quien parece haber recuperado el enojo profundo con Cobos que tenía en aquellos momentos en que el radicalismo se dividía por la alianza con Néstor Kirchner. Pasada la calma de 2011, ahora vuelve a recordar aquella “traición” de los que hoy manejan el partido. Su plan es mostrarse como el más anti K de todos.
Los dirigentes del PJ se regocijan con esos odios públicos que se prodigan los radicales, quienes parecen detestar más a sus rivales internos que a los externos. Ellos, los peronistas, dicen, que al otro día de la interna trabajan todos unidos. En parte es cierto. Pero sólo en parte. Porque más de una vez se han cobrado derrotas internas jugando a menos en las generales.
Por eso habrá que seguir lo que ocurra con la interna del domingo próximo para definir las listas de concejales en ocho departamentos. Lo que parecía una mera contienda municipal, con algunas batallas interesantes como las de Godoy Cruz y San Rafael, ha terminado por exteriorizar las profundas diferencias entre Pérez y Ciurca, que no sólo están ubicados en veredas distintas del peronismo, sino que expresan historias, metodologías y visiones opuestas.