7 de junio de 2013 - 00:01

El peronismo que acecha a Cristina

La Presidenta desconfía de Scioli y Massa que, por separado, pretenden absorber al PJ kirchnerista y al PJ no K. Tres grupos se configuran dentro del amplio partido de masas en casi todas las provincias.

Llegó el momento en el cual el kirchnerismo, que con mano dura supo concentrar el poder político hasta el paroxismo, deberá enfrentarse al peronismo, ese movimiento que aglutina a dirigentes con ideas a veces parecidas y a veces muy disímiles -en el cual abrevan los kirchneristas- pero que están unidos por la mismas tradiciones y el mismo deber ser: gobernar.

Alguna vez el kirchnerismo soñó con ser la etapa superadora del peronismo y, para ello, congeló el PJ nacional y el PJ de la provincia de Buenos Aires y relegó a los propios caciques justicialistas para acordar con dirigentes de otras fuerzas (hace seis años la moda era la Concertación "a la chilena" con los radicales de Julio Cobos y algunos socialistas).

Cuando este ensayo salió mal, el kirchnerismo buscó la lealtad en los movimientos sociales y se radicalizó para mantenerse en el poder. El cristinismo fue leído entonces como una etapa superadora del propio kirchnerismo, menos dialoguista y más radical.

Pero hoy, cuando faltan sólo cinco días para presentar alianzas en la Justicia Electoral y dos semanas para el cierre de listas, el cristinismo-kirchnerismo se encuentra con un nuevo panorama, marcado por la dispersión del peronismo no ya en dos sectores (el mayoritario que respondía a la Casa Rosada por convicción o por necesidad y el minoritario expresado por algunos caciques territoriales conservadores) sino en tres.

Está surgiendo, o ha surgido, un tercer sector que tiene la ambición de absorber a los otros dos. De ahí que el principal riesgo para Cristina Fernández no venga de la oposición o del tradicional peronismo no K, sino de aquellos que hasta hace un año eran sus súbditos.

Hagamos un rápido repaso histórico. Desde que el matrimonio Kirchner llegó a la Casa Rosada hace 10 años, siempre tuvo enfrente un sector minoritario de su propio partido que estaba expresado por Carlos Menem, los hermanos Rodríguez Saá, el salteño Juan Carlos Romero o el santafesino Carlos Reutemann.

En 2005, tras la ruptura de Kirchner con Eduardo Duhalde, mentor de la llegada de éste al Gobierno, el espacio del PJ anti K se agrandó y surgieron liderazgos como el de Francisco De Narváez, el verdugo en 2009 del propio Kirchner en las elecciones bonaerenses. Pero tras la muerte del ex presidente santacruceño, Cristina se dio el gusto de demoler en las urnas a todos estos peronistas no K, que compitieron con ella separados, en lugar de aunar fuerzas, llevando como candidatos a presidente a Alberto Rodríguez Saá y al propio Duhalde.

Como decíamos, hoy la amenaza del cristinismo-kirchnerismo no son los viejos y tradicionales popes del peronismo anti-K sino aquellos que de ex profeso han decidido ponerse en el medio para intentar expresar una centro-derecha moderada y racional que no es enemiga de los logros de la "década ganada" pero que creen que al modelo K hay que hacerle refacciones y replanteos para que vuelva a estar al servicio del pueblo.

Hablamos de Daniel Scioli, la figura más denostada por la propia Presidenta y sus halcones, quien se resiste a dejar el barco del Frente para la Victoria convencido de que debe aguantar hasta 2015. También hablamos de Sergio Massa, intendente de Tigre y ex funcionario de Cristina Fernández (estuvo en la Anses y fue Jefe de Gabinete de la crisis post-conflicto con el campo).

Las duras palabras que el jueves 30 de mayo destinó Cristina Fernández desde el conurbano bonaerense a Scioli -quien escuchó impávido, como hace siempre- tienen como explicación esta nueva fotografía peronista.

Desde la ira, la Presidenta dijo que estaba cansada de que la tomen por estúpida y que muchos dirigentes de su espacio no la defendieran. Hablaba de Scioli, sin dudas, quien tiene buena parte de sus dirigentes territoriales trabajando con De Narváez y a su vez mantiene diálogo prudente con Massa, quien entre hoy y mañana decidirá si es candidato a diputado nacional y enfrenta al kirchnerismo y también a De Narváez o, imitando a Scioli, se reserva para el próximo turno.

Estos dos hombres, Massa y Scioli, expresan esta ambición de un peronismo menos radicalizado, menos cristinista. Tienen tan buena performance en las encuestas -por sobre cualquier candidato K- que ambos sueñan con ser presidentes en 2015 y dejar atrás al kirchnerismo y más aún al cristinismo.

Esta división del peronismo en tres sectores se manifiesta con claridad en el principal distrito electoral. Massa tiene consolidado un grupo de intendentes que se dividen entre los que quieren que juegue ya y los que le piden que espere, y tiene relación con el ex gobernador Felipe Solá y otros dirigentes que fueron K.

De Narváez mantiene un acuerdo con el duhaldismo, Hugo Moyano, el cordobés Juan Manuel de la Sota y el ex ministro de Economía Roberto Lavagna. En tanto el kirchnerismo, que no tiene un candidato que entusiasme (se mide a Alicia Kirchner y a Florencio Randazzo), mantiene el "aparato" ya que maneja casi todas las comunas y la "caja" nacional.

La disgregación se traslada a otras provincias. En Córdoba, De la Sota lleva las de ganar, pero tiene enfrente un débil kirchnerismo y a un peronismo anti-K y anti-delasotista que expresa su ex esposa, Olga Riutort. En Santa Fe, el PJ tradicional irá dividido, unos con el kirchnerismo (se habla de que el ex gobernador Jorge Obeid encabezará la lista seguido por algún soldado cristinista) y otros con el PRO de Miguel Del Sel (los más fieles seguidores de Reutemann); en tanto un nuevo sector, "100% santafesino", liderado por el diputado nacional Oscar "Cachi" Martínez, aparece como la novedad.

En Capital Federal, el kirchnerismo tiene enfrente al PJ disidente que se está armando en torno a la figura de Lavagna y al PRO, que se nutre territorialmente de dirigentes peronistas como Christian Ritondo y Diego Santilli.

En Mendoza el nuevo escenario quedó insinuado tras las elecciones internas que el peronismo celebró el último domingo. Hay una transición en el PJ local, que en rigor nunca fue extremadamente kirchnerista en términos orgánicos, como sí lo es el gobernador Francisco "Paco" Pérez.

Los dos sectores que ganaron en los distintos departamentos, el del vicegobernador Carlos Ciurca y el del diputado nacional Omar Félix (que se alió a los "azules" y enfrentará en las primarias de agosto a Alejandro Abraham, el "pollo" de Ciurca) derrotaron a dirigentes que gustan usar la pechera cristinista. A diferencia de 2011, cuando la Presidenta garantizaba el triunfo, esta vez el PJ local decidió resolver sus cuitas en Mendoza, armó listas para la Legislatura y consensuó las de la mayoría de los departamentos gobernados por el peronismo.

La mano de Cristina, que antes podía cambiar todo en un segundo, quedará supeditada a la lista del Congreso, aunque la existencia de las primarias obligatorias dejará a la Presidenta poco margen de acción. Este peronismo oficialista que está dispuesto a dar el salto hacia un nuevo peronismo nacional -Ciurca elogia a Scioli sin tapujos- convive dentro del mismo espacio con el cristinismo puro de Pérez, La Cámpora y el diputado Guillermo Carmona. En la vereda de la oposición, aguarda el PJ no K de Enrique Thomas, Guillermo Amstutz y Daniel Cassia.

Frente a la amenaza de este nuevo peronismo que no es anti K porque no saca los pies del plato pero que tampoco se limita a ser un simple soldado raso de Cristina Fernández, la Casa Rosada baraja por ahora una sola idea. "Tenemos que gobernar con esta Presidenta. Hoy no se me ocurre otro nombre que no sea ella. Si ella define (otro nombre), va a contar con todo el apoyo del espacio político", sostuvo ayer Juan Manuel Abal Medina.

El Jefe de Gabinete fue sincero: reconoció que duda de quienes como Scioli pretenden ser la continuidad de Cristina Kirchner en 2015. La apuesta del cristinismo es bien clara: si no se puede re-reelegir a la Presidenta, entonces ésta tiene que seguir concentrando poder y eliminando adversarios reales e imaginarios para tener la fuerza necesaria de decir ella, y sólo ella, quién será su sucesor.

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