Italia, 1940. Parado casi en la cumbre, el experto esquiador Juan Domingo Perón, integrante de la División de Infantería de Montaña Pinerolo, sufre una leve hipoglucemia. En el sopor de la presión baja, el entonces teniente coronel alucina que le tocan el hombro. El que lo auxilia es otro experto esquiador, aunque habitué de Aspen.
-¿Se siente bien, general?
-Creo que sí, gracias. ¿Quién es usted, muchacho? ¿De dónde viene?
-Del futuro. Dentro de 74 años, siendo vicepresidente, voy a colgarme de usted durante un acto en Tucumán. Mi nombre es Amado Boudou y soy peronista, aunque usted todavía no conozca ese término.
-¿Peronista? ¿Qué es ser peronista?
-Es como esquiar, general. Afloje la cadera y vaya cambiando el peso. Derecha, izquierda. Derecha, izquierda. Si quiere, ayúdese clavando el bastón de mando en la nieve. ¿Ve que es fácil? Si sabe esquiar, sabe ser peronista.
Tucumán, 9 de julio de 2014. Parado sobre una tarima, el Vicepresidente y ex esquiador de Aspen protagoniza una escena memorable cuando advierte: “El colonialismo moderno todavía tiene formas que subsisten, como el colonialismo económico”. Abajo, en primera fila, la millonaria Beatriz Rojkés de Alperovich, tomada por la cámara, asiente con la cabeza. La imagen vuelve a Boudou: “Antes, como ahora, los enemigos del pueblo eran los poderosos”.
Por momentos el grado de elementalidad y escolaridad del discurso es tan marcado que uno imagina a García Ferré levantándose de la tumba para darle la revista Anteojito, así el Vice profundiza. Sin embargo, la simplificación no es ingenua. El Gobierno vuelve a “malvinizar” su discurso, esto es, a apelar al concepto de soberanía (el slogan publicitario sería algo así como “ponele Malvinas a todo”. Malvinas, el condimento nacionalista que resalta el sabor de tus discursos. A tu núcleo duro de votantes le encanta”).
Cuando Boudou habla de soberanía, e incluso literalmente de Malvinas, sabe que le habla al 20, al 25 o quizás al 28 por ciento de kirchneristas convencidos de que, pase lo que pasare, no van a dejar de apoyar al Gobierno.
Ésa es la base de sustentación electoral que Cristina pretende retener para asegurarse la influencia política luego de 2015. Gran parte de esos votos cautivos pertenecen a jóvenes que hoy tienen menos de 24 años. Ellos nunca vieron a la Argentina jugar la final del mundo. Y como nacieron en los ’90, nunca vivieron más que el menemismo, la caída de la Alianza y el ciclo K. A propósito, ¿ya se dieron cuenta el resto de los partidos políticos de que gran parte de la elección la definen ellos, los jóvenes? ¿Quién más que el FPV tiene un discurso con gran contenido emocional, preparado para los de 24 para abajo?
Por televisión, sin cadena nacional y colgado del cable de Cristina, Boudou repite frente al gabinete que lo mira en Tucumán: “¡Patria sí, colonia no!”. Abajo, los candidatos presidenciales aplauden sólo por si los enfoca la cámara de la doctora. Nervioso, Randazzo se empuja las cutículas para adentro. Las esconde. Lo que no puede con Boudou.
En lo alto de la montaña, el experto esquiador Juan Domingo Perón se recupera de la hipoglucemia más reveladora de la historia. Ya lo dijo Ernesto Laclau: el peronismo es un significante vacío, capaz de canalizar las diferentes necesidades sociales según las demandas de cada tiempo. Fue nacionalista, fue neoliberal, dice ser latinoamericanista. El peronismo -significante hospitalario si los hay- albergó a todo tipo de esquiadores. Pero nunca en sus 70 años había tenido en sus filas a un especialista en slalom tan torpe.
-Muchacho -dijo el general-, te comiste los palos demasiado a la vista.