Asumió con ímpetu arrollador. Planteó proyectos, prometió más agilidad en las decisiones, debutó en los quirófanos de los hospitales públicos, criticó una y otra vez lo que encontró.
Asumió con ímpetu arrollador. Planteó proyectos, prometió más agilidad en las decisiones, debutó en los quirófanos de los hospitales públicos, criticó una y otra vez lo que encontró.
Habló, habló y buscó convencer. En sus semanas iniciales, Matías Roby se ha mostrado como el hombre que va a cambiar el sistema público de salud de Mendoza y dará la vida por su inseparable compañero de aventuras de la adolescencia, el gobernador Francisco Pérez.
Ese hiperactividad no le ha alcanzado para desalentar los resquemores que generó desde un principio dentro del propio peronismo, en la oposición y, sobre todo, entre quienes tienen que ver con la salud. El augurio coincidente no es bueno, incluso lo dicen quienes lo aprecian: no conoce de administración de la salud, no ha trabajado en el sistema público y sólo ha sido parte de proyectos privados de pequeña magnitud.
Roby es un hombre acostumbrado a la exposición. Desde hace 20 años es consultado, entrevistado o mencionado con frecuencia en diarios, radios y canales de TV mendocinos por su actividad profesional. Antes de cumplir 30, cuando la mayoría de sus colegas recién están transitando su residencia, él ya era un médico “famoso”.
Pero su relación con los medios empezó antes, como jugador de rugby y, sobre todo, por su paso por Los Pumas.
Al hombre le gusta figurar. Podría decirse que es un mediático a la mendocina. Esto y una hiperactividad que lo ha llevado a estar en todo proyecto deportivo que trascendió la provincia lo ayudaron a forjar su nombre, que ya es una marca.
Por ese apego a los medios se transformó en el vocero oficial tras el accidente en la Ruta 7 entre el camión que iba a contramano y el micro, una función que también podría haber tenido el ministro de Seguridad. Y terminó envuelto en una polémica con el Cuerpo Médico Forense por la cantidad de muertos. Aquel viernes, en la misma ruta, dijo que eran 17 y que había dos torsos que podían llevar a 19 las víctimas.
El número y la duda se mantuvieron hasta al miércoles, cuando el jefe de los forenses, Gerardo Mazziotti, tajantemente, dijo que eran 16 las víctimas. Una vez ordenados los restos, no había lugar a dudas. Pero Roby insistió horas después con aquellos 17 porque se guiaba por las listas de los que viajaban y los que habían sobrevivido. Ese mismo día por la noche supo que no tenía razón: una de las supuestas víctimas había bajado en San Martín, minutos antes del accidente.
“Era todo un caos en la ruta y la información de los pasajeros que aportó la empresa no era correcta. Fue un momento muy tensionante”, se justifica el médico, que lleva un mes en su nueva función y busca minimizar el incidente: “No hubo cortocircuito”.
Claro que no fue el primero ni va a ser seguramente su último traspié mediático. Hace algunos años, cuando era médico de Luján, se agarró a trompadas con un árbitro y complicó al club. Después, cuando Godoy Cruz ya estaba en la A, tuvo un cruce con Jairo Castillo por el tratamiento de una lesión.
“Toma los caminos diferentes, no convencionales”, lo describe alguien que lo conoce bien desde hace años. En realidad, como lo aprecia, no se anima a decir que opta por los atajos. Esta actitud tal vez explique por qué cuando terminó la facultad no hizo la residencia en un hospital, la ruta formal que siguen todos los médicos para ejercer una especialidad luego, sino que aprendió con un cirujano porteño, Roberto Avanzi.
Roby viajaba todos los meses a Buenos Aires y operaba algunos días junto a Avanzi, un ex jugador de Vélez que era socio de Néstor Lentini, aquel deportólogo que se hizo famoso como médico de Diego Maradona. Fue entonces y así que el ahora ministro se especializó en traumatología y cirugía artroscópica. Él lo define como una “formación no tradicional” a la que sumó un posgrado en Medicina del Deporte .
A poco de recibirse, a los 27 años, y al mismo tiempo que empezaba su camino “no convencional” de especialización, el ahora ministro tuvo su primer trabajo ligado al deporte: fue médico de Murialdo. Dos años después, en 1996, ascendía: se hacía cargo de la salud de los futbolistas de Godoy Cruz, que competía entonces en el Nacional B.
Política y dudas
En 2010, cuando era ministro de Infraestructura, Paco nombró asesor a su amigo y “hermano”, a quien conoció cuando ingresó al Liceo Militar. Hace dos años, este diario publicó una nota en la que Roby contaba cómo había influido en el armado del gabinete: se adjudicaba las designaciones de Carlos Díaz Russo, su antecesor en Salud, y Marcelo Locamuz en la Secretaría de Deportes.
Para justificar su llegada a Infraestructura decía que además de medicina y deporte, se había preparado en temas como “biogás, energía, traslado de medicamentos y tratamiento del agua en proyectos petroleros”. También hablaba de los proyectos en los que trabajaba: la construcción de un hospital y un geriátrico para el PAMI, que en conjunto costaban 70 millones de pesos. “Los fondos están disponibles”, decía entonces. Otro proyecto que mencionaba era un centro provincial de rehabilitación. Y prometía reflotar el centro de alta complejidad y trasplantes ideado por el cardiocirujano Claudio Burgos junto al ex ministro Juan Carlos Behler.
Hoy, nada de eso está. Pero Roby tiene respuesta para todo: “El hospital de alta complejidad lo boicoteó la corporación médica, lo del PAMI no se hizo por un cambio de política y decisión de ese organismo. El centro de rehabilitación lo vamos a hacer en el hospital Lencinas, ya lo anunciamos”.
“No es bueno para un gobierno que haya tantas personas que vengan a aprender, como ministros, qué es esto de la administración del Estado. Es un apuesta fuerte, pero impredecible”, dice un peronista que hoy puede ubicarse en la vereda interna opuesta a Pérez. En realidad, Roby viene a completar una trilogía de médicos sin experiencia política que se hicieron cargo de Salud.
“Hay cosas de su discurso muy noventosas que no gustan”, admite un funcionario enrolado en el incipiente paquismo.
Algo de razón tienen los dos. Roby no tiene formación política ni pública y desde que llegó ha hablado de trasladar su experiencia en el sector privado al público (aunque no ha dirigido ningún hospital ni clínica), se consideró “cabeza de una empresa” y habló de sus colaboradores como “gerentes”. Esas palabras parecen un déjà vu de los ’90.
Un amigo confirma: “Matías nunca tuvo militancia política ni interés por la cosa pública. Él no tiene ideología”.
“Decir que alguien que quiere aplicar el modelo de la salud privada viene a mejorar el sistema público es una mentira. Porque salvo algunas excepciones puntuales, en el Estado hay mejores servicios”, cuestiona un opositor que sabe del tema y para quien el ministro no tiene un plan integral de salud,
“Roby le va a hacer bien al Gobierno por su estilo y porque puede contener a los gremios”, se ilusiona un médico con vasta experiencia que alguna vez dirigió un hospital público y también trabaja en el sector privado. Pero a la vez admite que los resultados difícilmente sean positivos porque “no tiene experiencia pública, lo que hizo en el sector privado no sirve, es otro contexto”.
Roby asegura que, más allá de la famosa lentitud estatal, él pone los ritmos ahora. “Vamos al límite”, dice cuando se lo consulta. Y anticipa que el 25 presentará el portal Infosalud, el 17 de marzo será el turno de la escuela de salud pública y el 25 de marzo empezará a funcionar el 0-800 para sacar turnos en los hospitales. Luego, trabajará sobre programas integrales de atención de la salud.
Aunque nunca pasó ni cerca de la militancia partidaria, Roby siempre hizo política. En los clubes en los que estuvo, en las federaciones de distintos deportes para las que trabajó y hasta en el Gobierno. Es más, mantuvo una pelea personal con Behler cuando éste era ministro y algunos en el PJ sospechan que le dio letra a la oposición.
Hoy, por los vínculos que supo tejer, tiene otro fuerte respaldo además de Pérez: Aníbal Fernández, el polémico senador nacional que fue jefe de Gabinete y a quien conoció a través de su trabajo como médico de Las Leonas. Hoy lo considera su amigo y lo va a visitar cada vez que viaja a Buenos Aires.
Un observador crítico de la dirigencia política provincial agrega otro dato: ni la oposición ni los gremios han dicho nada. Para los primeros hay una explicación: ha operado a muchos de los dirigentes opositores (o sus familiares).
Hoy, aunque no es parte del PJ, es uno de los rostros que exhibe el paquismo y suena junto a Martínez Palau, Costa y Zandomeni como uno de los funcionarios que Pérez intentará instalar como posibles candidatos en 2015. Él, ya se sabe, parte con ventaja. Claro que el resto del partido tiene otros candidatos, sostenidos por cada línea interna y una vasta red territorial.
“Yo tengo fecha de vencimiento: el 9 de diciembre de 2015. Vine a acompañar hasta el último día a Paco y me voy con él. No tengo como objetivo, en lo más mínimo, ser gobernador”, responde Roby, aunque en la frase siguiente parece contradecirse: “Tampoco tenía como objetivo ser ministro de Salud y aquí estoy. Para mí el futuro es hoy”.
La definición de un amigo consultado suma más leña al fuego: “Es un hacedor muy ambicioso que se lleva puesto lo que sea. No tiene límites”.