9 de noviembre de 2013 - 23:43

Un periodista con una misión

Crónica de un periodista norteamericano, Gleen Greenwald, exiliado en Brasil por haber apoyado las revelaciones de Edward J. Snowden. Un importante análisis acerca del nuevo papel del periodismo en la sociedad actual.

Un joven abogado estadounidense llegó a Brasil en 2005, se enamoró, descubrió que su relación gay gozaba de más derechos legales allí que en su país de origen, inició un blog llamado “Unclaimed Territory”, dedicado a las escuchas ilegales practicadas por la Agencia de Seguridad Nacional, ocupó un lugar en las colinas de Río con un montón de perros de rescate, denunció los cómodos compromisos de los “periodistas del establishment”, fue contratado para escribir una columna por el periódico británico The Guardian, fue localizado por Edward J. Snowden, quien reveló los excesos de la NSA, se convirtió en el principal cronista de las revelaciones de Snowden sobre la vigilancia global que practica Estados Unidos, es venerado por un trabajo que suscita un debate de largos alcances sobre seguridad y libertad, lanza repetidos rayos desde su elevada posición en Brasil y acaba, en tan solo ocho años, siendo quizá el periodista más famoso de su generación.

Estas cosas pasan. Al menos pasan en esta era digital llena de facultades y le pasaron a Glenn Greenwald.

De camisa gris, mochila negra, facciones regulares y complexión mediana, él se confunde en la multitud de Río con el hombre de la calle. Durante un almuerzo con comida tailandesa, me dice que duerme cinco horas al día y funciona con pura adrenalina. ¿Qué hace para relajarse? “Me ruedo en el lodo con mis diez perros”.

Es difícil relajarse. Los cinco meses transcurridos desde que se reunió con Snowden en Hong Kong han sido implacables. Los dos hablan casi todos los días pero él vive en el limbo.

“Pienso que si regreso a Estados Unidos habría una posibilidad más que significativa de que me arrestaran”, afirma. “Ninguno de los veinte abogados con los que he hablado me ha dicho que estoy siendo paranoico y que el gobierno de ninguna manera pensaría en arrestarme.”

¿Disfruta Greenwald de la protección de la primera enmienda después de haber publicado secretos de Estado? El historial del gobierno de Obama es ominoso. Él dice que sus abogados no han podido sacar nada en claro. Su madre, en Florida, le pregunta: “¿Y si estoy en mi lecho de muerte y no puedo verte?”.

Greenwald vive con una sensación de exilio pero es fastidioso en su determinación de no ablandarse. Fue recibido en calidad de héroe en Brasil después de que reveló que Estados Unidos había estado espiando a la presidenta Dilma Rousseff (que pospuso la vista de Estado que tenía planeada a Washington), pero se ha negado a cumplir la solicitud de entregar los documentos y está empeñado, en Brasil o en cualquier otro lado, a mantener su distancia del poder.

Él se ha impuesto una doble misión: presentar resistencia en nombre de la libertad en contra del “Estado de vigilancia” posterior a los atentados de 2001, con su red recolectora de datos a rastras, y revigorizar el periodismo a través de “una postura dinámica y adversaria al poder político y corporativo”.

Esta empresa la llevará a cabo a través de una nueva publicación on line respaldada con 250 millones de dólares del multimillonario de eBay Pierre Omidyar. El mismo monto, por cierto, que pagó Jeff Bezos, el director de Amazon, por The Washington Post (una reflexión que da mucho en qué pensar respecto de la posición actual de los periódicos tradicionales).

En el primero de estos frentes, él dice que apenas está a medio camino en sus reportajes de los documentos de Snowden y “están por venir muchas revelaciones de gran calibre”. En el segundo que exploró en un reciente intercambio con mi colega Bill Keller que será enseñado en las escuelas de periodismo, ya ha contratado a unas diez personas (él y Omidyar no se han reunido en persona, cosa que debe de ser toda una primicia en una empresa de este tipo.)

“Nuestro estilo será fomentar el periodismo combativo, que puede ser una verdadera fuerza contra gente poderosa”, revela. “Queremos que nuestros periodistas sigan su pasión.”

Y agrega: “La razón de que el periodismo sea importante, de que esté protegido en la Constitución, es que es uno de los controles institucionales contra el abuso de poder, y para eso hay que tener a distancia a quienes están en el poder y exigirles cuentas”.

Para Greenwald, el periodismo estadounidense fue desdentado por la “compulsión del patriotismo” a raíz del 11 de setiembre, y por la cultura de las grandes corporaciones de medios. Hace alusión al discurso que pronunció David Halberstam en la Universidad de Columbia en 2005: “Nunca, nunca, nunca les permitan que los intimiden. La gente siempre va a tratar de hacerlo de una u otra forma. Alguaciles, generales, presidentes de universidades o de países, secretarios de Defensa. No se lo permitan.”

Por supuesto, esta admonición es sagrada para muchos periodistas de la vieja escuela. Greenwald exagera la conformidad de los periódicos convencionales, cuyo periodismo de investigación suele ser vigoroso y valiente. Pero tiene razón en que el periodismo fue absorbido con graves consecuencias en la gran desorientación que sufrió el país a raíz de los atentados de 2001.

Y no hay duda de que el periodismo se beneficiaría grandemente de tener los reportajes personales y de orientación abierta que Greenwald propone, al lado de los medios tradicionales que buscan la imparcialidad. “Sesgados y equilibrados” -la fórmula que aplicó Andrew Sullivan en su blog- es un componente importante del nuevo panorama de los medios. Cada forma puede incitar a la otra y mantenerla en el camino de la honestidad.

La sociedad estadounidense también se beneficiaría de las revelaciones en curso de Greenwald acerca de una vigilancia que se ha salido de control. Él presentó su testimonio ante el Senado brasileño y se le debería permitir presentarlo también en el de Estados Unidos. Él anuncia: “Definitivamente voy a regresar. Me niego a ser exiliado por una mentira”.

Él merece la seguridad de que puede regresar a Estados Unidos sin ser arrestado.

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