Poco le duró a Francisco Pérez el éxtasis de haber presenciado, en el estadio Maracaná de Río de Janeiro, el debut de la Selección nacional de fútbol. Como muchísimos argentinos, el gobernador no quiso perderse la magia de Lionel Messi ni el desborde que ocurre cada vez que Argentina empieza a disputar un mundial. Sólo que lo suyo fue una escapada a escondidas, casi con sentimiento de culpa, e incluso negada por sus asesores en los días previos al partido con Bosnia-Herzegovina.
Llama poderosamente la atención que un mandatario quiera hacer la vida inadvertida de un ciudadano común o que, por el contrario, concrete las excentricidades más propias de un empresario que de un funcionario público. Los intendentes radicales Alfredo Cornejo y Mario Abed también partieron a Río con más o menos bombos y platillos, pero la actitud de Pérez (envuelta en tanto secretismo y misterio) justamente alimenta esas especulaciones insidiosas que tanto molestan al gobernador y su entorno.
Lo cierto es que ni bien terminado el partido, el domingo por la noche, Pérez voló hacia Buenos Aires donde comenzaría la sucesión de una semana de trastornos. Allí lo esperaba la polémica por su viaje a Brasil y una dura pulseada entre las provincias petroleras y la Nación, que pretende mejores condiciones para la explotación de hidrocarburos no convencionales, en detrimento de las ventajas que aspiran obtener del negocio los Estados federales.
La contrapropuesta de los gobernadores liderados por el neuquino Jorge Sapag aún no termina de cuajar. Las diferencias aparecen como de difícil conciliación por la simple y sencilla razón que las provincias, pese a su alineamiento con el Gobierno nacional, entienden que las condiciones que busca imponer el ministro Julio De Vido junto al CEO de YPF, Miguel Galuccio, son -por lo menos- desfavorables, por no decir directamente atentatorias de las economías provinciales.
Aún se desconoce hasta dónde llegará la resistencia y mucho menos cuál será el tenor de las concesiones ante la fuerza del embate nacional. Una cosa está clara entre los mandatarios: no quieren quedar ante sus propios votantes como quienes facilitaron un nuevo avasallamiento sobre los recursos naturales provinciales.
En esa cuerda floja, donde el equilibrio es delicadísimo, Pérez camina consciente de que no tiene demasiado margen: o queda mal con la Nación o con los mendocinos. Difícil será congraciar a ambos. Aún así, intentará un camino intermedio pero para ello -según publica Los Andes hoy en página 5- necesitará que al menos se le garantice un incremento de las regalías del 12% al 15% como para justificar alguna “neutralidad” que aquí pueda leerse sin demasiado costo político.
Penurias, deudas y buitres
Pero el petrolero no es el único frente que atormenta al mandatario. La delicada situación financiera de Mendoza se vio agravada esta semana por dos frentes. En el interno, la negociación impuesta por la Suprema Corte para mediar sobre la inconstitucionalidad de la modificación de la ley de Contabilidad que permitió “reconducir” el Presupuesto del año pasado (ante la ausencia de una pauta de gastos aprobada para 2014), y con ello la prórroga de la autorización de endeudamiento que parece en vía muerta ante la intransigencia del radicalismo a permitir la toma de más deuda.
Ello obligaría al Máximo Tribunal a tener que decidir sobre un tema que parece de técnica contable, o meramente político, pero que en el fondo encarna una dura controversia constitucional. De ser válidos los argumentos del oficialismo, de ahora en más cualquier gobierno con una Legislatura adversa (o escasamente favorable) no estaría más obligado a negociar para obtener los dos tercios que marca la Carta Magna local para obtener autorización de endeudarse, sino que directamente podría aplicar una ley (que es la que objeta la UCR) que se modificó con mayoría simple para “reconducir” su Presupuesto y endeudarse sin las prescripciones constitucionales.
Al parecer, esos argumentos no terminan de convencer a la sala de la Suprema Corte que analiza el caso y han trascendido los rumores que podría estarse a las puertas de un fallo adverso que complicaría “seriamente” -según dice y repite el ministro Marcelo Costa- la gestión provincial.
Al punto tal que como argumento de negociación, los propios jefes del Senado y Diputados, los siempre dispuestos a lidiar con la oposición, Carlos Ciurca y Jorge Tanús, tiraron sobre la mesa que las dificultades financieras están a la vuelta de la esquina, especialmente para el pago de los salarios de junio la semana próxima. Los radicales, por supuesto, descreen de esto y dicen que con el incremento de la recaudación y administrando mejor, no habrían de tener mayores problemas. Y que en el caso que pudiera demostrarse esa dificultad, estarían dispuestos -recién en el último trimestre- a dar el okey para la llegada de fondos.
Pero allí no acaban las penurias de Pérez, pues cualquier esquema de subsistencia financiera y de obtención de recursos para lo que queda de la gestión también se vio duramente afectado tras el fallo de la Corte Suprema de los Estados Unidos que ratificó la sentencia del juez de Nueva York, Thomas Griesa, a favor de los fondos buitre.
Esa traba adicional ahora proveniente del frente externo, capaz incluso de hacer tambalear las variables de la economía nacional ante la eventualidad de un default técnico y más presión sobre el dólar, también ha puesto por el momento en el freezer la posibilidad de endeudamiento externo para cubrir el déficit presupuestario tal como había soñado Pérez.
De hecho, la gran justificación del último viaje del gobernador a Londres fue para interesar a posibles inversores en la colocación de un nuevo bono que aliviara las cuentas públicas locales. Todo ello se derrumbó a escasas semanas del fugaz periplo inglés de Pérez. Aunque la bamboleante política nacional al respecto, que pasó -en la misma semana- de hablar de “extorsión” a garantizar el pago a todos los acreedores, incluso los buitres, podría cambiar el escenario. “No pasarán”, dijo Axel Kicillof, aunque tal vez eso no suceda.
Hay que reconocer al gobernador su insistencia (a veces al borde de la negación y la obstinación) en la búsqueda de soluciones para gestionar. Pero lo cierto es que todos los caminos parecen cercar sus posibilidades a la simple ejecución de un Estado austero, poco eficiente y altamente clientelar que en nada se condice con el “espíritu grande” con el que, pese al slogan, ya casi nadie en el gobierno pretende alcanzar.
Candidaturas y derrotas inoportunas
Como si todo ello fuera poco, cada semana aparece un nuevo precandidato en el oficialismo, lo que conspira contra la concentración necesaria para alcanzar el éxito de la gestión. A las pretensiones más o menos esbozadas de Rubén Miranda, Adolfo Bermejo, Dante González, Guillermo Carmona, se suman la de los ministros Diego Martínez Palau, Marcos Zandomeni y el propio Costa, aunque sin descartar al superintendente de Irrigación José Luis Álvarez y al presidente provisional del Senado, Eduardo Bauzá. Por encima de todos ellos parece querer ponerse el último ministro que arribó al gabinete: Matías Roby que -fiel al estilo audaz y desbordado del jefe de Salud- allegados suyos aseguran no sólo que será “el candidato del Paco”, sino también que será su sucesor.
Lo fundamentan en el vínculo calificado que existe entre el médico y el gobernador, más la gestión que pueda exhibirse en Salud (en estos días se conoció el pase de la OSEP a la órbita de ese ministerio), más los contactos nacionales que podrían entronizarlo como precandidato peronista pese a que quienes lo conocen en profundidad dicen que el justicialismo no es precisamente su fuerte.
Finalmente, la más reciente cachetada de una semana intensa, pese al feriado del viernes, vino desde la UNCuyo, donde la segunda vuelta confirmó el triunfo de Daniel Pizzi un radical de clara inspiración cobista que supo imponerse con amplitud (casi el 65%) a la diáspora de tres candidatos peronistas, más cerca o más lejos del kirchnerismo.
La revelación, más allá de ser un claro mensaje hacia el estilo concentrado, de escasa tolerancia y de pensamiento único que impuso el ahora rector saliente Arturo Somoza, también parece un indicio intenso del cambio de humor social con el que también deberá lidiar el oficialismo de aquí al fin de su mandato en 2015.
“Es el primer triunfo de UNEN en Mendoza” desliza desafiante un dirigente del acuerdo entre radicales, socialistas, Libres del Sur e independientes que se impuso en la Universidad y que pretende ser percibido no sólo como un dato más del tan declamado fin de ciclo kirchnerista.
Tal vez por ello, capitostes paquistas se involucraron -algunos dicen tardíamente en el particular proceso electoral universitario-. Desde Casa de Gobierno recriminan que fueron a pedir ayuda (al igual que a los municipios del PJ) cuando la suerte ya estaba echada, e incluso muchos de ellos ya estaban jugando para el ex vice de Arturo Lafalla, Jorge “Coco” López. Agregan que en la previa habían abundado los pronósticos optimistas, los gestos autosuficientes y la subestimación de un radicalismo que demostró que, aquí, su poder de fuego sigue siendo considerable.
Si algo no necesitaba en este complejo contexto el gobierno era un derrota electoral que lo salpicara. Pero así sucedió. La alegría -por ahora- parece estar sólo en cuentagotas en Brasil. De visitante. Y tal vez por eso Pérez viajó sin decir palabra, casi como huyendo de una realidad agreste que por estos lados sólo reparte cartas perdedoras.
Por Luis Abrego - [email protected]