El equipo que asesora a la presidenta, decidió iniciar un camino parecido a una reforma pero sin reforma, con un axioma que la mandataria les exigió: “Que no parezca un ajuste”.
El equipo que asesora a la presidenta, decidió iniciar un camino parecido a una reforma pero sin reforma, con un axioma que la mandataria les exigió: “Que no parezca un ajuste”.
Los cortes de luz padecidos por los porteños esta semana plantea a los gobernantes el peor escenario. Los habitantes que pagan las facturas de luz más bajas de país, los que reciben el 75% de los 140.000 millones anuales de subsidios, están que arden contra el gobierno y nadie se para a reflexionar sobre los beneficios que recibieron en la “década ganada”.
Hace mucho tiempo que se viene alertando acerca de la crisis energética, los costos asociados a ella y los posibles inconvenientes que se podrían producir por el aumento desmedido de la demanda y la escasez de oferta. Además, por la falta de actualización de las tarifas, las distribuidoras están en cesación de pagos y no pueden ni pagar la energía que le compran a Cammesa.
Como siempre, las explicaciones fueron excusas. Primero, Capitanich, diciendo que el gobierno había invertido en fuentes de generación, pero la culpa era de las distribuidoras por no haber invertido. Mal podían hacerlo si ni siquiera pueden pagar los gastos corrientes, pero se los acusa de pensar en la fría rentabilidad y no en la felicidad del pueblo.
La política de subsidios y congelamientos generó el problema y ahora se buscan excusas para justificar el fracaso de un relato que, además, no cuenta que por causa de los subsidios se ha disparado una inflación que se acelera.
Es tan clara la falta de planificación y de objetivos claros que en medio de la crisis energética no se han suspendido espectáculos públicos nocturnos y se deja sin luz a las empresas, que no pueden producir.
Mientras tanto, y a pesar del esfuerzo del gobierno, el dólar no deja de subir, por más que el BCRA sigue inyectando billetes en el mercado. El dólar oficial ya superó el nivel de $ 6,33 que el gobierno había previsto como promedio de todo 2014, mientras que el “blue” se vuelve a acercar a los 10 pesos.
En medio de las fiestas, anuncian controles de precio para el año próximo, mientras las empresas aumentan y toman previsiones para evitar sorpresas. Pero este gobierno ya no sorprende. Es absolutamente previsible, como lo es su falta de voluntad de eliminar subsidios o frenar la emisión.
Con los cortes de luz por los continuos calores de diciembre, y luego de la crisis por los planteos policiales, el gobierno se quedó sin argumentos para esconder su mala gestión.
Quizás por eso el diputado oficialista Edgardo De Petri vinculó la crisis policial y los cortes de luz con una maniobra para perjudicar al gobierno. La Navidad le llega tan mal que ni la canasta navideña le permite recuperar credibilidad. Es imposible esperar que las cosas cambien cuando se hace más de lo mismo.