"Estados Unidos, bajo el liderazgo de Trump, siempre pondrá la seguridad y prosperidad de Estados Unidos primero", dijo Pence en Chile durante la tercera fase de un viaje que comenzó en Colombia e incluyó escalas en Argentina y Panamá. "Pero como espero que demuestre mi presencia hoy, 'Estados Unidos primero' no significa 'Estados Unidos aislado'".
Sin embargo, el mensaje esperanzador de Pence de ampliar la cooperación económica y diplomática dio pocos resultados al intentar calmar los temores entre los líderes de la región, quienes han estado planeando arduamente para una etapa de bajos rendimientos en Washington al profundizar las relaciones comerciales regionales y buscar mayores lazos comerciales con Europa y China.
Trump es ampliamente despreciado en América Latina, donde sus primeras acciones han sido interpretadas como un regreso a la política exterior estadounidense imperialista y obsesionada con la seguridad. El contraste con el gobierno de Barack Obama ha sido notorio, un momento en el cual los latinoamericanos sentían que eran tratados con respeto.
"Pasamos de ser reconocidos como un aliado estratégico a ser vistos como parte de su patio trasero", dijo María Jimena Duzán, una influyente columnista colombiana del semanario Semana.
El viaje de Pence es el ejemplo más reciente de la difícil tarea que los subordinados de Trump enfrentan mientras intentan modular o interpretar la beligerancia del mandatario y sus declaraciones impulsivas.
País tras país, Pence intentó controlar los daños y se esforzó por contestar adecuadamente las preguntas sobre la respuesta de Trump a la manifestación de los grupos de supremacistas blancos en Charlottesville, Virginia, la cual se volvió violenta, y sobre la amenaza del mandatario de usar la fuerza militar en Venezuela. Durante apariciones conjuntas con Pence, los presidentes Juan Manuel Santos, de Colombia; Mauricio Macri, de Argentina, y Michelle Bachelet, de Chile, se opusieron firmemente a una posible intervención militar estadounidense en respuesta a la crisis humanitaria y política de Venezuela.
Mientras que el gobierno de Obama logró construir relaciones de buena voluntad en la región al restaurar relaciones diplomáticas con Cuba y mostrar mayor flexibilidad en las políticas de combate a las drogas, la reputación e influencia en la región se han desplomado durante la gestión de Trump.
La insistencia de Trump en relación a que encontrará una forma de hacer pagar a México por el muro fronterizo, su campaña en contra de los migrantes sin papeles y su regreso a una postura de confrontación con Cuba son algunas de las razones por las cuales el presidente es fuertemente criticado en América Latina, afirman los analistas.
"América Latina se encuentra en una situación en la cual EEUU no tiene ningún interés en hacer uso de la persuasión a través de su influencia económica y cultural", dijo Juan Gabriel Tokatlian, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Torcuato Di Tella en Buenos Aires. "La única cosa de la que habla son garrotes", dijo, “y eso solo acelerará el proceso de alejamiento de los países con Washington".
Durante su visita a Chile, Pence declaró que "esta es una nueva era en el nuevo mundo", mientras prometía encontrar maneras de construir relaciones comerciales estrechas en la región. Sin embargo, fueron pocas las medidas concretas que anunció para lograrlo, excepto los acuerdos para abrir el mercado estadounidense a los aguacates colombianos y para que Estados Unidos exporte arroz a Colombia.
Mientras observan con cautela el caos en Washington, varios gobiernos de América Latina limitan sus apuestas.
Brasil y México, las economías más grandes de la región, intentan aumentar el comercio para dejar de depender de los consumidores estadounidenses. El bloque comercial del Mercosur puso en marcha las estancadas negociaciones para un tratado de libre comercio con la Unión Europea. Las partes latinoamericanas del Acuerdo Transpacífico, un tratado comercial logrado por el gobierno de Obama, buscan la manera de reformularlo sin EEUU
A principios de este año, Argentina y Chile se unieron al Banco de Desarrollo de China, y Chile se pronunció a favor de servir como "puente" para aumentar la inversión china en la región.
Trump "ha puesto en duda las alianzas comerciales en la región al cuestionar los tratados comerciales y al promover 'Estados Unidos primero'", dijo Raúl Sorh, un analista de relaciones internacionales en Santiago.
Los miembros del congreso que han trabajado para construir fuertes alianzas en la región señalan que el nuevo gobierno ha causado graves daños: "Mientras el presidente Obama trabajó ocho años para construir alianzas basándose en el respeto y los intereses comunes, en tan solo seis meses, el presidente Trump ha atascado la política en reversa", dijo en una declaración enviada por correo electrónico Patrick J. Leahy, senador demócrata por Vermont.
"Los países latinoamericanos, como muchos de nuestros amigos y aliados, están inseguros sobre cuáles son las intenciones de la Casa Blanca y temen un regreso de EEUU a esos días de arrogancia o demostración de superioridad o, en el mejor de los casos, negligencia benigna", afirma en la declaración.
Mari Carmen Aponte, quien era la principal diplomática de Obama para América Latina, dijo a sus colegas en la región que se prepararan para el cambio: "Les dije que tenían que ser realistas, que las cosas estaban a punto de volverse más transaccionales", recuerda Aponte.
Si quisieran mejorar los lazos con Washington, ella recomienda, "enfatizar no solo qué podrían hacer con EEUU, pero también que podrían hacer por EEUU".
Varios jefes de Estado han seguido esos consejos. Santos y Macri están entre los primeros líderes que viajaron a Washington tras la elección de Trump. Santos, en búsqueda de continuar la asistencia extranjera para el proceso de paz en Colombia, lo alabó como un líder que "reconoce un buen trato cuando lo ve".
Otros gobiernos, incluido el de Brasil, han decidido mantener un bajo perfil, dice Oliver Stuenkel, profesor de Relaciones Internacionales en la Fundación Getúlio Vargas de San Pablo: "Pienso que hay un concepto entre algunas de las élites de Sudamérica que lo mejor durante estos cuatro, u ocho años, es no asomar tu cabeza y mantenerse fuera del radar".
Sergio Riveros, de 35 años, un científico computacional en Santiago, Chile, dijo que la opción de mantener un perfil bajo podría ser inútil.
"Lo más preocupante son los conflictos que él tiene, por ejemplo, con Corea del Norte", dijo Riveros sobre Trump. Una decisión apresurada "podría detonar una guerra que nos afecte a todos".