El consumo de espumantes en Argentina está recorriendo un camino en ascenso. Su baja graduación alcohólica, sumada a las opciones de alta calidad que hay en el mercado, han logrado posicionar al producto y desestacionalizar su consumo.
Pedro Rosell, es uno de los especialistas en espumantes más experimentados de Argentina, trabaja con espumantes de alta gama en su bodega Cruzat los cuales comercializa en distintos puntos del globo.
-¿Qué balance realiza sobre el consumo de espumantes en 2013?
- Considero que es muy bueno que haya aumentado el consumo de espumantes. Va perdiendo la estacionalidad propia del producto. Antes sólo se consumía en las fiestas, casamientos, bautismos y cumpleaños, pero ahora va cambiando ese concepto. Principalmente se ha dado en los últimos años.
- ¿A qué atribuye este cambio del consumidor?
- Principalmente, al hecho de que es un vino con baja graduación alcohólica, por lo tanto, la gente puede tomar más cantidad. Además en el caso de los espumantes brut y extra brut, aportan menos calorías que otros vinos. El consumidor ha cambiado el hábito de consumo y está tomando vinos de mayor calidad, en general.
Por ejemplo, el espumante ha entrado también como aperitivo. Esto no sólo sucedió en Argentina sino que en Chile ha sucedido. Allí aumentó el consumo de espumante porque la gente dejó de tomar pisco como aperitivo, por su alta graduación alcohólica. Buscan algo que sea menos alcohólico, así durante la comida pueden tomar más de otras bebidas.
Otra razón, es que un espumante tiene más categoría que otros cocktails que se pueden servir como aperitivo. Son más refrescantes. Todas estas variables que se van sumando.
-Durante muchos años, el consumo de espumantes demi sec o dulces era bajo ¿Por qué considera que se ha revertido la tendencia?
-El problema era el siguiente: cuando alguien en una bodega tenía un vino malo que no sabía que hacer con el, lo champagnizaba y hacía un demi-sec. Los espumantes se tomaban para las fiestas, en la copa ancha y era especial para vinos dulces, los demi-sec gustaban. De hecho, de las bodegas se sacaban un clavo de encima, entonces, el demi-sec entró en una zona de descrédito. Pero lo que sucedía no era que el demi-sec era malo, sino que el vino base, era malo.
Ahora ha empezado a aumentar el consumo de demi-sec, porque se hacen productos de alta gama con ellos, no productos de descarte. Sin duda es más refrescante y lo cierto es que, con los nuevos consumidores educados con bebidas gaseosas, éste se convierte en un nivel de entrada para nuevos consumidores interesados en el vino. Podríamos decir que es un camino de introducción para el espumante de otras categorías.
-La mayoría de las bodegas tiene en su portafolio un espumante ¿Se ha profesionalizado la categoría?
- Sí, por supuesto. Hoy existen más de 200 etiquetas de espumantes argentinos, esto es muy importante. La gente le ha perdido el miedo a tomar espumantes. Además, en algunas cocinas como la hindú y la china, funciona muy bien. El tema del consumidor que se adapta a otras cocinas le ha hecho apreciar este producto.
-¿Cual fue el punto de inflexión para la industria del espumante?
- Creo que uno de los puntos de inflexión de la industria ha sido, la educación que hoy tienen los consumidores. Ha cambiado el degustador, ahora conoce mucho más y demanda más. Además hay muchas casas que lo han estado produciendo muy seriamente.
Eso ha ampliado las opciones del degustador, en donde pueda decidir y conocer más, al tiempo que obligó a las bodegas a que trabajen seriamente sobre la calidad del producto que vendían. El argentino siempre ha tomado espumantes, de hecho, en la época de las vacas gordas se tomaba champagne francés. En conclusión, los consumidores informados, aprenden a elegir y obligan a toda la categoría a subir los estándares de calidad.
-¿El consumidor argentino ha dejado de mirar tanto los champagnes para tomar espumantes argentinos?
-Lo primero que tenemos es que hay un problema de precios, entre lo importado y lo nacional. Después no hay tantas opciones disponibles, sin embargo, como en todo también hay champagnes que son malos. Pero, sin duda, el espumante argentino es competidor de los espumantes europeos. En términos de calidad, tenemos un muy buen nivel.
-¿Cómo analiza la comercialización de espumantes para 2014?
-El problema más grave que tenemos son los aumentos internos, en donde todo sube, con insumos que crecen entre 30% y 40%. Y cuando uno sale a exportar se ve con las manos atadas, porque no le puede decir a un importador que necesita aumentar el precio. Uno empieza a ganar cada vez menos en el exterior, y lo único a lo que apuesta es a mantener la presencia. Vamos perdiendo espacios en las góndolas en el extranjero y además vamos perdiendo dinero, lo cual es muy grave.
- Entonces ¿no conviene exportar espumantes?
- A ver, monetariamente, exportar no conviene mucho, ahora, tenemos que mantener los mercados, debemos sacrificar la ganancia y seguir exportando. Esa es la decisión, porque perder el mercado y el esfuerzo hecho no conviene.
Desatender un mercado, es un problema grave, porque después cuesta mucho volver a entrar.
