El Huracán campeón del 1984 volvió a brillar. Aquel equipo ganador que llevó al “Globo” de Las Heras a tocar el cielo con las manos y lo situó entre los clubes grandes de Mendoza, volvió a juntarse en una cancha de fútbol. Fue en Las Cortaderas Country y el rival fue Más Fulbito. Una jornada inolvidable.
Fue un verdadero duelo de campeones. Es que nosotros veníamos de consagrarnos “tricampeones” del torneo Interno del diario Los Andes. Por esta razón, en la previa, el match prometía y mucho.
Y más si tenemos en cuenta que fue el primer partido en el cual se instalaron ¡dos cámaras de video! Con la mano en el corazón, soñamos por instante que éramos jugadores de primera. nuestro “ego” estaba allá arriba, por las nubes.
Sin embargo, apenas pisó el campo de juego Pedro Fóppoli, nos dimos cuenta de por qué nos dedicamos al periodismo o al diseño gráfico. El defensor central está intacto. No tendrá esa “melena” característica que metía miedo en cada área pero sus canas actuales dejan una enseñanza en cada palabra, en cada movimiento. El capitán se paró en el borde del área y comenzó a ordenar a su equipo .
“Ariel (Gómez) te parás por derecha, Bicho (Avendaño) atrás conmigo, Marcelino (Blanco) jugá en el medio pero ¡largá la pelota nene!, Félix (Martínez) quedate por la izquierda y olvidate del arco y vos Raúl (Lucero) te parás de punta. No podemos perder”, así arrancó el repertorio del defensor, quien no dio opción para ninguna variante y con un grito suyo arrancó el juego.
Fiel a nuestra costumbre, tuvimos un arranque a toda orquesta. El refuerzo, Sebastián Pereyra, compañero del área de Circulación, dejó su huella en la red al capturar un rebote al mejor estilo Marcelino Blanco. Los teníamos arrinconado. El “Globo de oro” estaba desinflados.Sin embargo, tomó vuelo como un verdadero “huracán” y arrasó.
Apareció Ariel Gómez, puso el balón debajo de su botín y el tópico de la historia cambió rotundamente. El elenco homenajeado se hizo amo y señor del balón. Toques de primera, rotación, pausa, relevos, etc; todos argumentos futbolísticos de los que realmente saben de fútbol. ¡Perdón!, de los han jugado al fútbol por los porotos. Un lujo.
A pesar de cumplir la función de volante creador, Marcelino pisó el área nuestra y la red lo llamó una vez más. “Olfato” le llaman algunos. Gol y empate transitorio. Pero, construimos un contragolpe de laboratorio y el “Flaco” Bellido facturó. Era el 2 a 1 y todos nos ilusionábamos. Con Lucero aguantando la marca asfixiante de “Pucho” Villarroel, el elenco de Las Heras encontró con quien descargar.
O recibía el delantero o nuestro “garoto defensor” le daba en los tobillos. Este cruce fue una constante. Por izquierda comenzó a hacer estragos Félix “Coqui” Martínez, a quien no le prestamos mucha atención porque su fuerte siempre fueron las manos, pero demostró con creces que con el pie sabe y mucho. Por esta razón, tras una gran jugada individual “made in fútbol de salón” con caño incluido sobre un compañero nuestro, habilitó a Ariel Gómez y la estrella rival, no perdonó: 2 a 2.
El juego ganó en tensión y fue un ida y vuelta infernal. Con goles de Pereyra, Bellido y “Pucho” nos fuimos al descanso con una ventaja de dos goles: 5-3. Para el Globo, había descontado Pedro Fóppoli con un zapatazo al ángulo que nació apenas pisó la mitad de la cancha ¡Inatajable!
El entretiempo fue clave. O mejor dicho, para nosotros fue mortal. Volvió el vozarrón de Fóppoli, ajustó las líneas y nos arrasó un verdadero “Huracán”. Fue un baile infernal. Una lección de juego y carácter.
Como si fuera aquella recordada final del 21 de octubre de 1984, que le ganó en el estadio a Gimnasia por 3-1, el “Globito” fue una máquina de generar fútbol. Y mucho tuvo que ver Norberto “Bicho” Avendaño, quien se convirtió en la gran figura del encuentro al pararse como último hombre (Fóppoli se adelantó unos metros) y así paralizó cualquier intento nuestro por llegar al área rival. Control de la pelota y juego por las bandas o por el centro.
En menos de tres minutos, llegó el descuento y el empate. La historia ya parecía sentenciada. Más Fulbito se quedó sin ideas, sin piernas y sin fútbol. Por su parte, Huracán Las Heras fiel a su costumbre, desde la adversidad fue construyendo su carácter, su personalidad y apabulló a un rival que terminó anémico. Obviamente, llegó la cataratas de goles de los “verdaderos campeones” y el “Globo” volvió a iluminar un campo de juego con su fútbol, garra y corazón.