Escribieron Milton y Rose Friedman en Libertad de elegir: “El sistema de precios funciona tan bien que la mayoría de las veces no nos enteramos de ello. No nos percatamos de lo bien que funciona hasta que se estropea, e incluso entonces nos cuesta reconocer el origen del problema”.
Ejemplificaron: “... la depresión (EEUU 1929/1933) no se debió a un fallo de la empresa privada sino al fracaso de la Administración (pública) en una zona de actuación en la que ésta, desde el principio, se había asignado por responsabilidad: acuñar moneda, regular su valor y el de las monedas extranjeras...”.
Tampoco la crisis de 2008 y su consecuencia, la recesión mundial, se originó en la actividad privada, la “burbuja inmobiliaria” o los créditos bancarios, sino en medidas monetarias.
El proceso económico fue alterado por la voluntad política de favorecer el acceso a viviendas a los sectores de menos recursos. Para dicho fin los Bancos Centrales de EEUU (Reserva Federal) y Unión Europea, redujeron el tipo de interés (precio) del uso del dinero.
La consecuencia fue, además de no favorecer a los sectores con menos recursos y quebrar la armonía en la satisfacción de necesidades sociales, un exceso en la construcción de viviendas a costa, por supuesto, de otras necesidades.
Ante dicha situación los citados Bancos Centrales aumentaron el tipo de interés (precio) completando su yerro, provocando el cambio brusco de la situación existente (crisis) y su consecuencia, recesión económica.
Las familias con menos recursos no pudieron pagar las nuevas cuotas hipotecarias ajustadas con mayor interés y fueron las primeras que perdieron sus ahorros y viviendas; después siguieron otras. Primero los particulares y después los bancos trataron de vender dichas viviendas.
Aumentó la oferta inmobiliaria y en consecuencia bajaron sus precios, lo que produjo la quiebra de empresas constructoras, luego las conexas y las instituciones bancarias que otorgaron créditos hipotecarios y después el resto de la actividad económica.
¿El discurso precedente estaría indicando, entonces, que los precios sirven para originar crisis y recesión?
Es un erróneo diagnóstico que no tiene en cuenta que los precios (verdaderos) fueron modificados y los falsos provocaron los problemas económicos. Fueron las erróneas intervenciones públicas las que provocaron el caos.
La fijación de precios es un hecho contrario a la lógica económica y factor de perjuicios sociales.
Dos condiciones naturales intervienen en la formación de los precios; la necesidad humana y la escasez o abundancia del bien.
En apretada síntesis (muy escueta ya que Milton Friedman, por ejemplo, en su Teoría de los precios escribió -entre texto, fórmulas y gráficos- 431 páginas) el proceso del sistema natural de precios buscando continuamente el equilibrio, es el siguiente:
Cuando la necesidad es intensa, el valor asignado al bien que la satisface es elevado, lo que motiva su producción. Cuando el bien es escaso y muy requerido, su precio es alto y también motiva su producción. Cuando el bien es abundante la apreciación de su valor es escasa y en consecuencia también su precio, lo que desalienta y/o impide su producción.
El sistema natural de precios capta todos los movimientos y en forma eficaz y eficiente ordena, mezcla, clasifica, pondera y regula el flujo de bienes y servicios.
Entre sus virtudes corresponde señalar que el propio sistema, sin registro ni control alguno, transmite la información adecuada a quienes la necesitan.
Cuando los precios son falsos, la información que transmiten también es falsa y por lo tanto perversa y perjudicial.
Los precios tienen la importante función de buscar continuamente el equilibrio entre necesidad social y posibilidades.
Cuando se desconoce o no se tiene en cuenta dicha función y se actúa sobre ellos se obstruye, se impide o, en el mejor de los casos, se interrumpe el equilibrio entre producción y consumo.