30 de noviembre de 2013 - 23:27

¿Para qué queremos machos?

Esta nota intenta contestar la siguiente pregunta que se hace el Dr. David Page, biólogo evolucionista del Instituto Tecnológico de Massachusetts: “¿Realmente son necesarios los machos? Ya que sólo las hembras pueden dar a luz, ¿qué ventaja tiene para la

El simple hecho de sentarme en un aula del Instituto Tecnológico de Massachusetts me hace sentir inteligente.

Pero de todos modos batallo para diferenciar la meiosis de la partenogénesis.

El Dr. David Page, el enérgico biólogo evolucionista que los miércoles imparte una clase llamada "¿Realmente son necesarios los machos?", había dispuesto varias piezas de utilería para ilustrar el intercambio genético: plátanos, manzanas y cabezas de lechuga dispuestos en una mesa cubierta con un mantel blanco floreado.

"Ya que sólo las hembras pueden dar a luz, ¿qué ventaja tiene para la especie tener un segundo sexo?", se preguntó. "¿Por qué la naturaleza se molestó en crear machos?"

Ante una sala abarrotada, él habló de la ingeniosa hazaña genético de los lagartos huicos de Laredo, en el valle del río Bravo en Texas y México.

"Esta especie forma un club exclusivo para chicas, y las chicas se reproducen clonándose", explicó Page. "En las especies que tienen machos, la vida es bastante rutinaria. La hembra produce huevos u óvulos, el macho, esperma; se produce la fertilización y así se cierra el ciclo vital en el que se integra el macho. En las especies sin machos, la vida tiene otra textura. Las hembras producen huevos pero éstos no requieren esperma. Eso es la partenogénesis, que es una palabra derivada del griego que significa que no sabemos absolutamente nada acerca de su funcionamiento."

Explicó que la fertilización tradicional (mediante meiosis) derrota a la clonación (la partenogénesis) porque, conforme los genes sufren mutaciones, "los machos les proporcionan piezas de repuesto a las hembras".

Han pasado ocho años desde que hablé con Page, director del Instituto Whitehead de Investigaciones Biomédicas, sobre las predicciones apocalípticas de que en tan sólo 100.000 a 10 millones de años viviríamos en un planeta desprovisto de hombres.

El cromosoma Y, que identifica al macho, está perdiendo genes y se está marchitando, convirtiéndose en una sombra de lo que fuera una poderosa estructura. Los que aseguran que el cromosoma Y está a la baja señalan que, desde el número de espermatozoides hasta en su condición social, los hombres están desapareciendo, como en Snapchat.

El cromosoma Y se ha encogido a una fracción del tamaño de su compañero, el cromosoma femenino X. (Obviamente, como le dijera Stephen Colbert a Page, acababa de salir de la piscina.)

Las predicciones tremendistas sobre el cromosoma Y se reflejan en la tesis de Hanna Rosin en "The End of Men", que muestra que las mujeres están consolidando el poder como graduadas, como sostenes de la familia, como madres solteras y como consumidores.

En efecto, Terry McAuliffe, coordinador de las campañas de los Clinton, no sería el gobernador electo de Virginia si su oponente republicano, Ken Cuccinelli, no hubiera espantado a las mujeres solteras por pertenecer a una cuadrilla del partido estatal que perseguía a las mujeres con varitas, queriendo hacerles sondeos transvaginales.

Ya desde que hablé por primera vez con Page -al que llaman el señor Y-, él mismo se presentaba como el "defensor del podrido cromosoma Y".

Él pintó una imagen del cromosoma Y como la de una "bestia desaliñada", sentada en su viejo sillón, rodeada de cajas y costras de pizza.

"El cromosoma Y quiere mantenerse a sí mismo pero no sabe cómo", aseguró. "Se está cayendo a pedazos, como el tipo que no logra llegar a su cita con el médico, o limpiar la casa a menos que su esposa o su novia lo hagan."

Pero resultó que es un error subestimar a un cromosoma que por siglos ha sido salvajemente atacado, anexado, esclavizado, saqueado, desvalijado, inseminado y puesto por delante para crear grandes obras de arte, de arquitectura y de literatura.

Impulsado sin duda por su ego y por la lujuria, el cromosoma Y revivió heroicamente.
"El cromosoma Y esencialmente se quedó dormido al volante hace unos 200 o 300 millones de años, no mucho después de que nos separamos de la compañía evolutiva de las aves, cuando todavía estábamos bastante cerca de nuestros ancestros reptiles", me dice Page ahora.
 
"Y entonces, un minuto antes de que el auto se desviara hacia el barranco, el cromosoma despertó, siguió el programa y se dijo: 'No me queda mucho, pero lo que me quede, lo voy a cuidar'".

Page y la doctora Jennifer Hughes encabezaron un equipo que decodificó el cromosoma Y de los macacos, que tienen un ancestro en común con el hombre, y descubrieron que el desprendimiento de genes del cromosoma Y se estabilizó hace unos 20 a 30 millones de años.

Cuando estaba al borde del precipicio, el cromosoma usó su caja de herramientas para reparar algunos de sus genes y se volvió muy puntilloso para evitar que se le dañaran más genes.
Como observó vivazmente Nicholas Wade de The New York Times, "hay motivos para esperar que el cromosoma Y haya llegado a una planicie de perfección en miniatura y que no siga encogiéndose".

Mientras el cromosoma Y se estaba encogiendo, el "pechugón" cromosoma X, como lo llama Wade -conocido anteriormente como una "recatada y conservadora reliquia", como dice Page- se hacía más grande y fuerte, adquiriendo un montón de genes nuevos, algunos de los cuales participan en la tarea de producir esperma.

Pero cuando el cromosoma Y pensó que era seguro regresar al agua, un nuevo estudio estadounidense en la revista Science mostró que los ratones, como sólo dos genes derivados del cromosoma Y, pueden producir células capaces de juntarse con un óvulo para formar un ratoncito nuevo.

"Los científicos prácticamente arrasaron con el último signo de masculinidad en el ADN, el cromosoma Y", informó la BBC, "y creen que podrían deshacerse de él por completo."

Lo que nos lleva a un reciente comentario de la comediante Sarah Silverman en Twitter: "¡Queridos hombres, que ya no los necesitemos no significa que ya no los queramos! Amor eterno. Las mujeres."

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