Las clases que se ofrecen en el Estado de Hesse forman parte de un creciente consenso en el sentido que Alemania, tras décadas de abandono, debería hacer más por reconocer y servirle a su población musulmana si es que va a fomentar la armonía social, superar su demografía que envejece, así como acabar de tajo con una potencial amenaza de seguridad interna.
La necesidad, dicen muchos aquí, es cada vez más urgente. Con base en oficiales de seguridad alemanes e informes generalizados en los medios informativos de Alemania, este semestre pasado al menos dos jóvenes alemanes de Hesse -uno de apenas 16 años, se pensaba- fueron muertos en Siria luego de atender al llamado a la yihad y, al parecer, haber sido reclutados por predicadores salafistas de línea dura en Francfort.
Ese tipo de casos ha suscitado alarma no sólo de que algunos jóvenes alemanes se estén sintiendo cada vez más alienados y vulnerables al reclutamiento, sino también que, con el tiempo, llevarán su lucha a casa, a la par de nuevas habilidades en el uso de armas y explosivos adquiridas en distantes campos de batalla. Otras partes de Europa con minorías musulmanas en crecimiento -incluyendo Francia, Reino Unido, España y países escandinavos- enfrentan desafíos similares de integración y radicalización.
Al ofrecerles a los musulmanes jóvenes una introducción básica al islam apenas en el primer grado, haciendo énfasis en sus enseñanzas sobre tolerancia y aceptación, las autoridades esperan inocular a la juventud en contra de perspectivas religiosas más extremas, al tiempo que también indican la aceptación del Estado de su fe.
Los padres tienen la opción de matricular a sus hijos en las clases de educación religiosa que se ofrecen en el distrito. Nurguel Altuntas, quien contribuyó a desarrollar el programa Hesse en el ministerio de Educación del Estado, dijo que el registro para 29 clases en distritos con amplia población inmigrante era entusiasta.
Para las autoridades alemanas contrarrestar la expansión del pensamiento religioso más radical ha presentado un irritante problema. Por ahora, el servicio de inteligencia nacional mantiene una estrecha vigilancia sobre un creciente número, con 4.500 salafistas bajo observación en 2011, y un total de 5.500 en 2012, con base en un informe anual del gobierno.
Las cifras para 2013 aún no están disponibles pero, "estamos estimando otro aumento, ya sea agudo o gradual no lo sé", dijo un oficial de seguridad, hablando de manera anónima.
Con frecuencia cada vez mayor, la atención se ha dirigido a la educación y maneras de fomentar mayor inclusión para los aproximadamente 4 millones de musulmanes, número que ha subido de manera constante desde que la industria alemana reclutó a los primeros turcos como "trabajadores invitados" en los '60.
Cómo se integra esa minoría ha sido largamente una fuente de tensión en un país de más de 80 millones de habitantes que también ha enfrentado dificultades -e incluso se ha resistido- a absorber a forasteros cristianos y europeos en el tejido de la vida alemana.
Una respuesta, esperan funcionarios en Hesse, se está poniendo en práctica en clases donde los niños son conducidos por un maestro entrenado por el Estado que trabaja desde un programa escolar aprobado por el Estado.
En una de las clases, Timur Kumlu les pidió a sus 19 compañeros de 6 años de edad que tomara cada uno una hebra de una gran bola de lana. Después, les dio instrucciones a los niños -cuyos padres venían de países musulmanes tan variados como Afganistán, Albania, Marruecos y Turquía- para que examinaran cómo ellos, al igual que los hilos, estaban entretejidos.
Fue una lección simple que contenía un mensaje gentil lleno de simbolismo; que ellos estaban vinculados por su fe islámica, por sus prácticas de rezo.
"Ahora todos estamos unidos; ustedes vienen de países diferentes, y también sus padres", dijo Kumlu, quien les recordó a los niños que si bien sus padres venían de Afganistán o Albania, ellos habían nacido en Alemania.
Sus pupilos, generalmente bien portados, se retorcieron un poco, pero escucharon atentamente. "Ellos vienen aquí con antecedentes muy diferentes", destacó Kumlu después de la lección. "Nosotros debemos educar para que se desarrollen con raíces en común", en Alemania, y en el islam.
La sospecha del islam radical creció cuando una célula de árabes con base en Hamburgo estuvo involucrada en los atentados del 11 de setiembre. Tanto la denominada célula Sauerland que atacó a alemanes en 2007 como un frustrado bombazo en la estación del tren de Bonn, en diciembre de 2012, involucraron a ciudadanos alemanes.
Persistentes batallas con respecto a si cualquier servidor público puede vestir una mascada también ponen de relieve la persistente brecha entre alemanes no-musulmanes y musulmanes.
Para muchos maestros, funcionarios alemanes y, no en menor medida, musulmanes de Alemania, la instrucción más amplia en islam es un tardío esfuerzo por rectificar décadas de exclusión de la corriente popular.
Esos años de marginación, dicen, significaron que muchos de los musulmanes de Alemania aprendieron su fe por enseñanza fundamentada en la repetición en escuelas del Corán, desde las reflexiones de línea dura a través de Internet o en las mezquitas con patio en barrios inmigrantes en grandes ciudades como Hamburgo o Berlín.
"Pienso que ahora es claro que durante varios años cometimos el error de alienar a la gente", dijo Nicola Beer, quien, como ministra de educación en Hesse fue una de varias políticas, profesores y maestros que presionaron por la instrucción islámica.
Ahora, dijo, los alemanes reconocen que "nosotros estamos aquí juntos, trabajamos juntos y educamos a nuestros hijos juntos".
En los términos más generales, el programa escolar en Hesse intenta contrarrestar el estridente proselitismo de tendencias más duras del islam. Pero, aunque ofrecer instrucción del islam forma parte del trato igualitario anhelado por muchos de los musulmanes de Alemania, igualmente no es una tarea directa en la legalista y federalista Alemania.
Cada uno de los 16 estados determina su propio sistema educativo y cómo se ofrece la instrucción religiosa -o ética- sin carácter obligatorio. La instrucción islámica en alguna forma está disponible en todos los ex estados del oeste alemán, aunque en ninguno de los orientales, donde históricamente hay pocos inmigrantes musulmanes.
Lo que hace de Hesse un sitio especial es que el Estado desarrolló un programa universitario y se ha hecho cargo de la capacitación del profesorado.
No está en claro que otros estados alemanes cambien hacia la versión de instrucción islámica de la que Hesse fue pionero.
Kumlu, de 31 años de edad, el maestro de primer grado, tuvo que someterse a 240 horas adicionales de educación en la Universidad Giessen para que la aceptaran como uno de los primeros 18 maestros de islam de Hesse.
Dijo que su motivación había sido su propia ignorancia acerca del islam cuando enfrentaba el prejuicio conforme crecía. "Yo quería aclarar esto", dijo.
Sus pupilos ahora son alemanes de tercera a quinta generación, destacó, "y deberían estar sobre una base igualitaria con otras religiones".