Francisco Pérez parece estar librando dos batallas políticas simultáneas. Una, hacia adentro de su partido a través de la reorganización de su equipo de colaboradores, buscando principalmente mantener un gabinete que realmente lo represente pero también repartiendo algunos cargos de modo de garantizarle participación mínima a los sectores más fuertes del PJ.
La otra batalla es la que ha decidido librar para conseguir que el presupuesto de 2014 sea aprobado por la Legislatura en el cortísimo tramo que le queda a este año, para lo cual encaró reuniones con los principales referentes de la oposición. El voto de radicales y demócratas es fundamental para obtener los dos tercios que requiere la aprobación del endeudamiento.
Paco en primera persona. Llamó la atención que el jefe del Ejecutivo asumiera personalmente la negociación con los referentes de la UCR y el PD y sin la presencia de ningún colaborador. En el Gobierno relativizan este detalle y se limitan a considerar que es una actitud muy propia del Gobernador.
Lo cierto es que la batalla parece tornarse intensa, ya que ayer por la tarde a través de la página oficial de prensa, Pérez les pidió a los legisladores del oficialismo, y a sus propios ministros, que desde mañana "se avoquen, y por todo el tiempo que sea necesario, a discutir y debatir junto con la oposición el Presupuesto, para que la Provincia de Mendoza funcione de forma normal y habitual a partir del 1 de enero de 2014...".
El mensaje parece insinuar que nadie se puede ir de vacaciones sin antes hacer los deberes políticos correspondientes.
Las reuniones con los líderes de la oposición, en especial con el radical Sergio Pinto, le habrían dejado al mandatario provincial la esperanza de que sea viable la aprobación presupuestaria si el oficialismo accede a rever y recortar el polémico endeudamiento previsto en el proyecto, lo cual sí estaría generando alguna resistencia en el área de Hacienda.
Después del encuentro de Pinto con Pérez, en la UCR consideran que con seguridad se va a producir un replanteo de los números enviados a la Legislatura, ya que es más que evidente que Pérez quiere comenzar 2014 con la pauta de gastos y recursos lista para aplicar.
Pinto se fue de la reunión del viernes con la certeza de que el Gobernador está muy preocupado por la "complicadísima" situación financiera que afrontan las provincias, incluida la nuestra, resultando fundamental, por lo tanto, la recuperación de la capacidad recaudatoria.
¿Sólo ajustes en la gestión? Está claro que Pérez encaró mal los pasos políticos después de la derrota electoral. En realidad, cualquier manual elemental hubiese recomendado, tras los comicios de octubre, primero pedir la renuncia de los ministros para poder encarar la reestructuración del gabinete, luego gestionar la aprobación de las modificaciones de la ley de ministerios y por último negociar primero con la oposición los aspectos más controvertidos del presupuesto próximo para, finalmente, enviarlo a las cámaras para su debate y aprobación.
El Gobernador, en cambio, demoró los pasos que debía dar y ahora se encuentra al mismo tiempo gestionando personalmente la aprobación presupuestaria con radicales y demócratas y rearmando su elenco de colaboradores en medio de un debate muy avanzado por la previsión de recursos para las distintas áreas del Ejecutivo.
Esto, a pesar de que en el entorno gubernamental reconocen que Pérez venía pensando en la rotación de ministros (no hay en la práctica ningún recambio) desde octubre. Poca autocrítica, ya que se dijo que son sólo meros ajustes de gestión.
Pese a todas las movidas producidas (recategorización de secretarías, rotación de funcionarios, incorporación de otros, etc), son tres las áreas que Pérez pretendía, y pretende, ajustar para sustentar su acción en adelante: Seguridad, Desarrollo Social y Salud.
En Seguridad se adelantaron los tiempos y Aranda dio el portazo antes de lo previsto, obligando al Gobernador a anticiparse con las demás decisiones. Más allá del cansancio del ministro renunciante, Seguridad venía siendo un área en la que Pérez no descartaba concretar una drástica revisión de sus políticas.
Finalmente, la sucesión le permitió a Ciurca continuar siendo una suerte de padrino de dicha área, más allá de que el perfil profesional del nuevo ministro Comperatore parece ser un poco más cercano a los anhelos de Pérez.
Para Salud la gran apuesta del Gobernador sigue siendo el médico Matías Roby, pero por ahora es consciente de que no tiene plafón político interno para movilizar su designación. El Gobernador quiere para éste y casi todas las demás áreas de su gobierno funcionarios que estén en contacto con la gente y menos tiempo en oficinas. Díaz Russo, según dicen, tenía las condiciones requeridas pero "falló en el día a día".
La llegada de Roby podría concretarse recién en los primeros días de enero, pero si su designación continúa complicada por los planteos internos, no descartan que esa cartera pueda estar reservada para algún dirigente del sector Azul.
En cuanto al área de Gobierno, llamó mucho la atención el regreso de Rodolfo Lafalla luego de unos meses sentado en la mesa del directorio de YPF en representación de Mendoza. Amigo del Gobernador, había dejado su función de jefe de asesores luego de alguna tirantez con el mandatario.
Fue una retirada en buenos términos, al punto de que la "retribución" fue nada menos que el tentador cargo en la reestatizada petrolera. Ahora vuelve Lafalla sustentándose en su experiencia como abogado laboralista y en el rodaje de muchos años en política para encarar desde el área a su cargo (Trabajo, Justicia y Gobierno) la relación con los otros poderes del Estado y con la oposición.
Quien finalmente fue destinado a YPF, Omar Félix, pudo haber sido el funcionario a cargo del ministerio que ahora conducirá Lafalla. El propio sanrafaelino veía con entusiasmo esa posibilidad tras su salida de la Cámara de Diputados de la Nación, pero le exigía al Gobernador potestades políticas que difícilmente Pérez estuviese en condiciones de conceder.
Omar Félix estaba dispuesto a convertirse en una suerte de Capitanich del gobierno provincial, para lo cual necesitaba un seguro replanteo del proyecto político vigente y la suficiente delegación de poder para echarse al hombro al gobierno de Mendoza. Es algo que Pérez no está en condiciones de entregar, según coinciden allegados suyos y otros que no lo son tanto.
Otro cambio que realmente sorprendió fue el nuevo destino de Félix González, a quien justamente suplirá Rodolfo Lafalla. Su futuro está en Buenos Aires. La Casa de Mendoza será su espacio físico, pero la tarea encomendada es la de generarle a Pérez un ambiente más propicio en la gran liga política nacional en tiempos distintos, con un kirchnerismo en paulatina retirada y con el antecedente de una derrota ruidosa aquí.
González, que deja buena imagen de gestión tanto entre intendentes como gremialistas con los que tuvo que pulsear, deberá abrirle puertas en Buenos Aires a un gobernador que, más allá de las adversidades electorales, no baja su proyecto nacional.
No reniega del modelo kirchnerista, pero también es consciente de que el peronismo tiene mecanismos de recambio que van más allá del proyecto encarado en 2003.