31 de agosto de 2013 - 21:24

El papel de los Estados Unidos en Siria

Todo parece indicar que estaremos disparando misiles crucero Tomahawk a Siria en los próximos días, al tiempo que detractores están sacando a colación inquietudes legítimas:

El presidente Bashar al-Assad pudiera escalar el conflicto. Hizbulá pudiera aplicar represalias en contra de objetivos occidentales. Nuestros misiles pudieran matar a civiles. Seremos dueños de una guerra civil en un país estropeado.

Nos distraeremos de la formación de una nación en el ámbito interno. Un par de días de ataques con misiles ofrecerán meramente una palmada en la muñeca que anuncie nuestra impotencia.

Hay algo de verdad en todo eso, pero necesitamos también reconocer algo fundamental: la política del presidente Barack Obama hacia Siria ha fallado, y es momento de probar un enfoque más duro.

Se dijo que Obama rechazó una propuesta de Hillary Rodham Clinton y David Petraeus para armar a rebeldes en Siria, debido a que él temía ser arrastrado al conflicto. Ahora estamos siendo arrastrados de cualquier forma, y todo lo que nos preocupaba ha llegado a pasar:

La guerra se ha extendido y desestabilizado Líbano, Jordania, Irak y Turquía. Los rebeldes del Frente Nusra de línea dura han ganado fuerza, en parte debido a que nosotros hemos desdeñado a los moderados. El ejército sirio ha ganado terreno. La prolongada guerra ha profundizado odios sectarios que dificultarán más que nunca darle forma a Siria nuevamente.

Más de 100.000 sirios han sido asesinados. Al paso que se han acelerado los asesinatos, Siria pudiera incluso acercarse a una cifra de muertes del tamaño de la de Ruanda para cuando Obama termine su periodo.

Tiendo a mostrar desconfianza hacia la caja de herramientas militar, y me opuse con firmeza a la guerra en Irak y el "repunte" en Afganistán. Pero en combinación con la diplomacia, la fuerza militar puede salvar vidas. Vimos eso en Bosnia y Kosovo bajo Bill Clinton (quien al parecer favorece un enfoque estadounidense de mayor fuerza en Siria), y vimos eso apenas este año en Mali.

El problema es que compromisos excesivos en Afganistán e Irak nos han dejado con un SEPT (Síndrome de Estrés Postraumático) a lo largo de la sociedad, de forma que desconfiamos de comprometernos en Siria en lo más mínimo. Es fácil entender la pasividad de Obama: solo un quinto de la población estadounidense favorece que se arme a los rebeldes.

Pero cuando estuve por última vez en Siria, en noviembre, conocí a una abuela que ya había perdido a su marido, su hijo y su nuera a manos del régimen de Al Assad. Ella estaba viviendo en su quinto hogar ese año, una casa de campaña con filtraciones, preguntándose quién sería el siguiente en morir y, como todos, estaba desesperada por apoyo internacional. "Pedimos la ayuda de Dios para ponerle fin a esto, y la de Obama", dijo.

¿Qué le decimos? ¿Que no tenemos el estómago para ayudarla? ¿Que preferiríamos esperar hasta que todos sus nietos hayan muerto y la cifra de muertes haya ascendido a cientos de miles y nos haya avergonzado para emprender acciones más firmes?

Cierto, existe una legítima cuestión con respecto a si un día o dos de ataques con misiles en contra de Siria (al parecer, el escenario más probable) disuadirán a Al Assad de usar de nuevo armas químicas. No podemos tener la certeza, pero en lo personal eso me parece plausible.

Las armas químicas son apenas de uso marginal, simplemente una forma más de aterrorizar y desmoralizar a oponentes. Assad ha calibrado cuidadosamente sus acciones a lo largo de los últimos años, poniendo a prueba la respuesta interna e internacional antes de intensificar los ataques.

Al principio, él solo arrestaba a los que protestaban. Después, sus fuerzas empezaron a dispararles. Más tarde, sus soldados barrieron a barrios hostiles. Y después de eso, el ejército sirio empezó a disparar cohetes y morteros a posiciones rebeldes. Assad pasó en lo sucesivo a bombardeos indiscriminados.

Entonces su ejército, al parecer, usó armas químicas en pequeños ataques. Finalmente, todo parece indicar que su ejército ha emprendido un importante ataque con gas neurotóxico.

Hemos sido la rana en el matraz

Yo creo que hay cierta esperanza de que la destrucción de aeronaves militares o cuarteles generales de inteligencia pueda persuadir a Al Assad de que las armas químicas no valen lo que cuestan y que él está en mejor forma empleando formas más banales de masacrar a su pueblo.

Eso no es satisfactorio pero aún sería un útil mensaje a otros líderes. Reforzaría la norma internacional en contra de armas de destrucción masiva.

¿Le estamos dando demasiada importancia a las armas químicas? Probablemente menos de 1 por ciento de quienes fueron asesinados en Siria han muerto de ataques con gas neurotóxico. En Siria, una de las principales armas de destrucción ha sido el rifle AK-47.

Sin embargo, hay valor en apuntalar normas internacionales en contra de conducta atroz como el genocidio o el uso de armas químicas. Desde que Obama estableció una "línea roja" con respecto al uso de armas químicas, su credibilidad ha estado en juego: no puede meramente gimotear y dar marcha atrás.

Miren, Siria va a ser un caos, sin consideración a lo que hagamos. La ventana óptima para intervenir apoyando a rebeldes moderados para lograr un rápido final a la guerra pudiera haberse cerrado.

Pero, si el choque próximo nos da una oportunidad de hacer más por armar a ciertos grupos rebeldes o compartir datos de inteligencia con ellos, eso aún valdría la pena; todo al mismo tiempo que se respalda la idea de un arreglo negociado.

Pese a todos los riesgos de hipocresía e ineficacia, es mejor hacerle frente de manera inconsistente a algunas atrocidades que mostrar aquiescencia de manera consistente a todas ellas.

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