La tecnología muestra la realidad desde ópticas distintas, a través de dividir la pantalla televisiva y apreciar conjuntamente el ayer y el hoy de una misma persona, de manera implacable y asombrosa. Sobre todo en tiempos políticos.
La tecnología muestra la realidad desde ópticas distintas, a través de dividir la pantalla televisiva y apreciar conjuntamente el ayer y el hoy de una misma persona, de manera implacable y asombrosa. Sobre todo en tiempos políticos.
Así, desde la pantalla partida vemos a Alberto Fernández, personaje de segundo nivel sin capital político propio ya que nunca accedió en forma electiva a cargo ejecutivo y ni figuraba en ningún sondeo, después de un desesperado paseo de su incondicional como transitoria adhesión como asesor, consejero, vocero de Randazzo y Massa, como antes lo hizo con Kirchner, Menem, Cavallo o de quien asome insinuando algún liderazgo político, mientras denostaba con muy fuertes y fundamentados argumentos al gobierno y persona de Cristina F. de Kirchner de quien había sido jefe de gabinete, endilgándole responsabilidades por mala gestión de gobierno, corrupción y deplorable actuación en temas de alta sensibilidad como el caso Nisman.
Tal versatilidad es “premiada” con la unción que CFK le propone (¿ordena?) de ser candidato a Presidente de La Nación. ¡¡Bingo!!
A partir de ese momento, como fiel discípulo de Groucho Marx (“estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros”), rebobina sus críticas con la misma velocidad como el pescador lo hace con la caña para no perder la mejor presa de su vida. Y entonces sus primeras declaraciones avisan que va a revisar las “barbaridades” que escriben determinados jueces, los mismos que investigan por corrupción a CFK. Dejan de importar las contradicciones, la incoherencia y el respeto constitucional. Lo único que vale es lo que se diga hoy. El premio es demasiado grande. De mendigo a millonario, obviamente políticamente hablando.
La realidad supera la ficción, al remedar a ese personaje de Divito en la tira dibujada “El otro yo del Dr. Merengue”, atildado caballero muy correcto pero que dejaba conocer sus verdaderos pensamientos contrarios a lo que decía formalmente. Pero Alberto F. va más allá, no sólo lo piensa sino que lo dice, ¡¡sin pudor alguno!!
Entonces lo que antes decía que eran delitos de CFK ahora son sólo faltas éticas que además no son para tanto; que Kiciloff como gestor de la estatización de YPF asegurando que no se pagaría ni un peso, termina convirtiendo a su anterior presidente, el Sr. Brufau, como CEO del año en Nueva York por la multimillonaria indemnización que por YPF cobró del Estado Argentino, hoy suelto de cuerpo lo respalda como candidato a gobernador, ya que antes “no lo conocía”.
Pero… ¿es confiable un personaje así? ¿Cuándo es creíble? ¿Cuál es la versión definitiva de las zigzagueantes convicciones de Alberto Fernández? ¿Hasta dónde es capaz de agraviar las instituciones para complacer el deseo de quien le suministra oxígeno político?
Además, ¿qué estabilidad política tiene quien carece de caudal electoral propio? CFK aporta todos los votos, tiene todos los derechos y hace y deshace a su gusto por encima de los cargos y personas que los ocupan. Aunque sea la máxima autoridad política del país.
La historia nos muestra que la organización social de los romanos se basaba en la preeminencia absoluta del paterfamilias, a quien todos los de su clan debían sumisión por estar bajo su potestad, sin importar la función ni capacidades personales. Se cuenta que mientras pronunciaba un discurso en el recinto oficial un miembro nada menos que del Senado de Roma, se hizo presente su paterfamilias y disconforme con su exposición, literalmente se llevó al disertante de las orejas. Ni el cargo, ni la edad fueron óbice para enervar el derecho de quien tiene el poder.
¿Hay alguna diferencia entre esa anécdota con lo dicho por CFK en 2012 todavía fresca en nuestra memoria “sólo hay que tenerle miedo a Dios y a mí un poquito”? ¿Podría Alberto Fernández resistir el tironeo de orejas de su materfamilia?
La pantalla partida también nos muestra a la Corte Suprema de Justicia de la Nación reclamando independencia del Poder Judicial en actos solemnes, mientras en otra advierte que sus miembros descubrieron el vocablo “tiempista” mediante el cual, según soplen vientos políticos acomodan su agenda, el tiempo y hasta el contenido de sus resoluciones, resultando así parecer más apegados a la poltrona que a defender la república.
Qué decir respecto de la Dra. Highton de Nolasco quien accedió a la máxima jerarquía judicial jurando garantizar la vigencia de la Constitución, que le impone retirarse a los 75 años y luego desde su privilegiada posición cuestionó la constitucionalidad de ese artículo para seguir permaneciendo en el cargo. ¡Y nadie dijo nada!
Qué decir de la Corte, que después de largos meses sin resolver recursos interpuestos por procesados por corrupción, entre ellos la ex presidente CFK y funcionarios de su gobierno, cuando estaba por empezar el juicio oral decidió pedir la remisión de expedientes originales, implicando de hecho la dilación de la iniciación del juicio. Fue tan grande la indignación popular que por primera vez se hicieron cacerolazos contra la Corte, la que advertida de la grave situación, enmendó la plana y solicitó copias en vez de originales. Si no se quería dilatar el juicio, ¿por qué inicialmente no se pidieron copias?
Se cuenta que Federico 2º de Prusia, monarca 200 años atrás, quería un molino ubicado en la cercanía de su palacio perteneciente a un campesino que no quiso vender, por lo que lo amenazó con arrebatárselo, y el molinero le contestó desde la seguridad y confianza en la justicia: “Eso podría hacer Ud. si no hubiesen jueces en Berlín”. ¿Diría hoy y aquí lo mismo?
También la pantalla partida y a pocos días del fallecimiento de Franco, su padre, emblemático personaje vinculado popularmente a negocios corruptos con el Estado, nos muestra al Presidente Macri, desde su alta investidura, expresar en forma espontánea que tal vez su padre haya cometido ilícitos, sin escudarse en que no haya existido condena firme en su contra en ningún caso, como sí lo hacen quienes pretenden defender a CFK.
Ese gesto trasciende lo familiar y se inscribe en la valiente decisión de hablar con la verdad, transparentar la política y permite albergar la esperanza que esta vez se pueda avizorar un cambio cualitativo en la gestión de gobierno.
Pero la otra parte de la pantalla está en negro. ¿Es que alguien imagina que allí podría otro hijo del poder, Máximo, admitir la posibilidad de que sus padres Néstor y Cristina hayan cometido ilícitos? Y eso que existen cuadernos, arrepentidos, expedientes, filmaciones, pericias, enriquecimientos vertiginosos, imputaciones, procesamientos, embargos, juicios orales y tantas más pruebas acumuladas.
¿Existe futuro para la Argentina? ¡¡Claro que sí!! Como dijo el presidente Saenz Peña en 1912 al promulgar la ley que impuso el voto secreto, universal y obligatorio: “Sepa el pueblo votar”.
Para votar hay que elegir, para elegir hay que preferir, para preferir hay que entender, para entender hay que conocer y para conocer hay que ver la realidad. Se puede intentar negarla, pero no escapar de sus consecuencias.
Ya lo dice con actual vigencia el preámbulo de nuestra Constitución, esa que algunos quieren degradar y a la que debemos defender “con el objeto de constituir la unidad nacional, afianzar la justicia… y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino… ”