Los pandas gigantes sumamente enamorados producen más oseznos que las parejas que carecen de esa misteriosa chispa, según una nueva investigación.
Los pandas gigantes sumamente enamorados producen más oseznos que las parejas que carecen de esa misteriosa chispa, según una nueva investigación.
Hasta un amor unilateral tiene mayores probabilidades de producir un bebé que una unión mutuamente indiferente. El descubrimiento podría ser un impulso significativo para esta especie en peligro de extinción (muchos carecen del arte del amor).
La Prueba 1 está integrada por Mei Xiang y Tian Tian, una hembra y un macho panda, respectivamente, del Zoológico Nacional Smithsoniano de Washington, DC. Sus tres oseznos fueron concebidos vía inseminación artificial luego de que sus padres no pudieron cerrar el trato a la antigua.
Dichos matrimonios arreglados y nada gratificantes son muy comunes entre los pandas, cuya población total es de aproximadamente 2.000. Unos 300 viven en instalaciones manejadas por humanos, algunos de los cuales reproducen a estos raros animales con la esperanza de reintroducirlos al mundo natural más adelante.
Obras del amor
Mientras estudiaba pandas cautivos en la Base de Pandas Chengdu, una rama del Centro de Conservación & Investigación del Panda Gigante de China, Meghan Martin Wintle notó que muchas parejas escogidas como coincidencia genética no se conectaban. Algunos se gruñían mutuamente e incluso se ahuyentaban, recuerda Martin Wintle, la nueva líder del estudio y asociada posdoctoral del Zoológico de San Diego.
Las hembras se sentaban en lugar de permitir que los osos olfatearan el área bajo su cola, que para los pandas es una forma de coqueteo. Los machos hacían todo lo que se esperaba, excepto aparearse. “He visto hembras que se arrinconan una vez que el macho entra”, destaca Martin Wintle. “He visto pleitos fuertes”, destaca.
Pero cuando las parejas arregladas se gustaban, emitían balidos como de cabra, y las hembras hacían un gorjeo que Martin Wintle describe como un llamado de “ven aquí”. Las hembras enseñaban el trasero a sus parejas y se encorvaban para el apareamiento. Pero dichas imágenes tiernas simplemente no se daban con mucha frecuencia.
La instalación de Chengdu, que selecciona machos y hembras para garantizar diversidad genética, “estaba teniendo muchas fallas y agresión”, recuerda Martin Wintle. “Realmente me impactó que casi habíamos eliminado la selección natural de parejas en la reproducción en cautiverio al enfocarnos tanto simplemente en la genética”, señala.
El juego del apareamiento
Por tanto, Martin Wintle y sus colegas observaron pandas solteros que vivían en recintos adyacentes a la Base de Pandas Bifengxia, en Sichuan, que también es una rama del centro de investigación de pandas.
Los pandas podían verse y olerse a través de ventanas con barrotes. Los investigadores notaron qué vecinos se prestaban más atención. Después los emparejaron y observaron. Si ambos miembros de la pareja se habían ignorado previamente, no se reproducían exitosamente, informaron los investigadores en la revista Nature Communications. Pero, cuando pandas que habían estado echándose el ojo finalmente podían estar solos, casi siempre daban en el blanco.
Los resultados siguieron siendo buenos incluso con enamoramientos no recíprocos entre los miembros de la pareja. Y las hembras que habían dicho “¡viva!”, tuvieron el doble de probabilidad de tener oseznos, si su pareja era una cuestión de amor en lugar de simplemente “el tipo aburrido de al lado”.
Cheryl Asa, psicóloga reproductiva del Zoológico de San Luis que no participó en el estudio, dice estar “emocionada” con los resultados, que podrían provocar que más zoológicos ofrezcan a sus animales la opción de elegir pareja.
En estado silvestre, es común que los animales prefieran una pareja potencial sobre otra, y esas decisiones operan a su favor, considera Adam Jones, biólogo evolutivo de la Universidad A&M de Texas. Por tanto, los resultados del estudio son “razonables”, señala.
La ciencia de la atracción
Entonces, ¿qué hace que los pandas se atraigan mutuamente?
Jones supone que algunos pandas podrían atraerse gracias a pistas sutiles de compatibilidad genética, lo que podría apuntar a parejas distintas a las escogidas por los humanos para mantener la diversidad genética.
Las hembras también parecen optar por machos más grandes, dice Martin Wintle, quien actualmente está analizando exactamente esta cuestión. “Sospecho que es realmente complicado”, considera. “Igual que con los humanos”, agrega.