10 de octubre de 2012 - 09:12

Pacientes cuentan cómo convivir con el Parkinson

Dos mendocinos a los que se les diagnosticó la enfermedad aseguran que se requiere voluntad y que los síntomas aparecen mucho antes de la llegada del deterioro.

Si algo caracterizaba la forma en que Jorge Reyes (58) solía escribir en manuscrito, era su letra prolija, refinada y legible como pocas. Sin embargo, poco a poco su caligrafía comenzó a cambiar y las letras empezaron a ser cada vez más pequeñas, a medida que los movimientos de sus manos se limitaban. Esa fue la primera señal de alerta que le indicó a Jorge que algo en su cuerpo había cambiado y el motivo que lo impulsó al consultorio del neurólogo. Así, el diagnóstico que le marcó un cambio de vida no tardó en llegar y después de varios estudios, los médicos le confirmaron Parkinson.

"Fue como un balde de agua fría. En ese momento pensé que  el médico estaba loco, que eso no me podía estar pasando a mí. Entonces fui a pedir una segunda opinión y me volvieron a diagnosticar la enfermedad", recuerda Jorge al hacer un repaso por aquel minuto del año 2004 en que, asegura, tuvo que comenzar otra vida.

Al igual que quienes conviven con esta patología, él sabe bien lo que significa sobreponerse a las dificultades y por eso llevó adelante una asociación a nivel local destinada a los pacientes como él y sus familias. "Cuando empezás a tener limitaciones te das cuenta de que muchas cosas no van a seguir siendo como antes y eso es lo que hay que aceptar para poder afrontarlo, porque tu vida continúa", comenta Jorge, que gracias a la disciplina lograda en los tratamientos de rehabilitación, fisioterapia y medicamentos ha logrado controlar la enfermedad.
Justamente, contar con un diagnóstico preciso y luego avanzar hacia el tratamiento del Parkinson son las claves para que los pacientes logren una mejor calidad de vida.

Ocurre que tal como sucede con el resto de las enfermedades neurodegenerativas, la ciencia aún desconoce tanto sus causas como su cura. Se trata de una alteración en las neuronas (células cerebrales), cuyas proteínas comienzan a fallar y "contagian" a las células vecinas. Entre los síntomas visibles a nivel corporal, está el temblor en los brazos,piernas y mandíbula. Otras complicaciones que esta enfermedad genera sobre el sistema motor, tienen que ver con la pérdida del equilibrio y la rigidez en las extremidades.

De allí la importancia de contar con el tratamiento adecuado, que permita inhibir o frenar ese proceso de deterioro. Hasta ahora, la medicación más frecuente que se administra a las personas con Parkinson (se estima que 2% de la población mayor de 60 años lo tiene) es la levodopa, aunque también existen  otros tratamientos médicos y quirúrgicos, que varían de acuerdo a las necesidades de cada persona y el cuadro que presente.

Fernando de Rosas (72), es otro mendocino que nunca se rindió, luego de recibir los resultados de los estudios médicos, hace tres años. En su caso, el motivo que lo llevó al consultorio también estuvo relacionado a un cambio a nivel físico. Cuenta que siempre tuvo la costumbre de agitar las llaves del auto mientras las tenía en mano hasta que un día, la mano se le movía de manera involuntaria. A ese síntoma, se le sumó la pérdida del equilibrio. Ni bien fue diagnosticado, Fernando averiguó de qué se trataba la enfermedad e incluso llegó a pedir asesoramiento a los especialistas del Centro de Internacional de Restauración Neurológica de Cuba.

Luego de cotejar que los medicamentos  así como los tratamientos que estaba  consumiendo eran los correctos, Fernando no paró ni un minuto  para dar batalla a la enfermedad. Ahora se lo ve activo y decidido a no dejarse estar, con la misma actitud y disciplina con la que se desempeñó como profesor de supervivencia en la Fuerza Aérea Argentina. Asegura que gracias a la medicación, la enfermedad está frenada y que, además del temblor en su mano derecha, un  dolor en su espalda aparece de vez en cuando. "Esos son mis únicos síntomas ahora.

Puedo decir que llevo una vida normal. Viajo con mi esposa y todavía puedo manejar", ejemplifica y en tono seguro destaca que es muy importante aceptar lo que dice el médico, seguir el tratamiento y buscar contención en los seres queridos. "Que no le tengan miedo a la enfermedad; hay muchas cosas que se pueden hacer", aconseja Fernando a los que viven con Parkinson.

Gracias a los últimos avances  que a nivel mundial surgen en torno a esta enfermedad, (que recibió en 1817 el nombre de su descubridor, el británico James Parkinson) es posible advertir que durante los años previos a su detección -una vez que se han manifestado los signos más visibles-, el paciente experimenta síntomas que en la mayoría de los casos son inadvertidos.
"El Parkinson empieza con trastornos que no son motores; como por ejemplo, constipación, inhibición del olfato, depresión o alteraciones en el sueño", destaca Federico Micheli, profesor de Neurología de la Universidad de Buenos Aires y jefe de Neurología del Hospital de Clínicas.

Advierte que por ahora, hay dos marcadores definitivos para diagnosticar la enfermedad: la respuesta a la medicación y los estudios radiológicos. "Incluso todavía se investiga si se trata de una o de varias enfermedades, debido a que se trata de una enfermedad muy heterogénea", explica el especialista que inaugura las "II Jornadas Internacionales de Movimientos Anormales", a realizarse hoy a partir de las 14.30 en el Hospital Universitario (Paso de los Andes 3051, de Cuidad).

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