15 de marzo de 2014 - 22:42

Oyarbide, la muela de juicio

Ricardo Jaime, el caso Skanska, la causa de los medicamentos truchos, las escuchas de Macri, Schoklender... Así como en los ‘90 la “mayoría automática” estaba en la Corte, hoy está en la Justicia federal, donde las causas comprometedoras caen “automáticam

La frase de Oyarbide pudo haber sido algo así: "Frené el allanamiento porque me llamó el segundo de Zannini y me dijo que la Policía estaba pidiendo coimas".

Si le hacemos un allanamiento ya no a la financiera sospechada sino a la oración anterior, van presos todos: el sujeto, el verbo y el predicado. Adentro los tres. Es difícil recordar una frase pronunciada por un juez federal que muestre con tanta crudeza cómo la Justicia, el poder político y las fuerzas de seguridad trabajan ilegalmente juntos. Salvo el punto y las comas, esa oración de Oyarbide no tiene nada en regla.

¿Cómo es posible que un juez reciba una orden del Poder Ejecutivo para frenar un allanamiento? Gracias a la confesión involuntaria del ex Spartacus, ahora se confirmó que sí: hay un "teléfono rojo". Lo que no se sabe es por qué para el Gobierno era tan importante que no allanaran esa "baticueva".

Para entender la decisión de pagar el costo político de sostener a un juez como él, es bueno hacer un poco de historia. El 11 de setiembre de 2001, mientras los argentinos miraban por televisión el ataque de Osama bin Laden a las Torres Gemelas, en el Congreso  se producía otro atentado, cuidadosamente planeado, que casi nadie vio: los senadores peronistas inmolaron su dignidad, salvando a Oyarbide del juicio político por el affaire de Spartacus, cuando se lo acusaba de proteger una red de prostíbulos. ¿Qué ganaban a cambio? Un "seguro contra todo riesgo".

Quedaba sellado el pacto:
-Norberto Oyarbide, nacido en 1952 en Villa Elisa, Entre Ríos, ¿acepta por esposo al Gobierno nacional de turno y jura absolverlo de toda causa que ande dando vueltas, además de dejar sin efecto cualquier denuncia que pese sobre presidentes o ministros por un eventual y vertiginoso aumento patrimonial?

-Sí, juro.

-Los declaro formalmente gobierno de turno y juez amigo de turno.

Andarían de novios desde antes. Pero así se casaron en 2001. ¿Qué otra cosa le queda por hacer a Oyarbide, un juez salvado por la política, que salvar por siempre a sus salvadores?
En enero de 2010, días después de haber dictado el sobreseimiento de los Kirchner en la causa por supuesto enriquecimiento ilícito, el juez levantó el mentón frente a las cámaras y ostentó indiferencia frente a la avalancha de críticas: "Tengo el cuero muy curtido, de mí han dicho de todo. Pídanme todos los juicios políticos que quieran".

Aquí no miente Oyarbide. Está más allá del bien y del mal. Todo el país vio a fines de los 90 sus videos de Spartacus. Cuando un hombre es visto por miles y miles, arrodillado en un salón prohibido, y a pesar de las burlas soporta el escarnio y logra salir adelante, se hace muy fuerte. Aprende que puede vivir sin un órgano vital: el pudor.

Unos meses después, en junio de 2010 y gracias a los votos de los consejeros kirchneristas, el Consejo de la Magistratura desestimó aplicar un apercibimiento a Oyarbide por su actuación en la causa denominada "mafia de los medicamentos".

Ricardo Jaime, el caso Skanska, la causa de los medicamentos truchos, las escuchas de Macri, Schoklender... Así como en los 90 la "mayoría automática" estaba en la Corte, hoy está en la Justicia federal, donde las causas comprometedoras caen "automáticamente" en su juzgado.

Este nuevo escándalo de Oyarbide pasará pronto. El ciclo inflamatorio se repite: dos veces por año empieza a doler, no deja dormir varias noches al Gobierno, inquieta al presidente o la presidenta, hacen la interconsulta de emergencia, pero al final toman la decisión de siempre: a esta "pieza" es mejor no extraerla del Poder Judicial. ¿Por qué? Porque Oyarbide será un sobrehueso anacrónico y doloroso, pero es parte de la mordida.

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