14 de marzo de 2017 - 00:00

Otra vez, la sombra de Bulacio

El segundo fallecido en el recital del Indio Solari en Olavarría, que aún restaba identificar, se llamaba Juan Francisco Bulacio, tenía 36 años y era oriundo de Garín, provincia de Buenos Aires. El hombre fue identificado por la Policía mediante el sistema de huellas AFIS.

El nombre de inmediato hizo estallar las redes sociales, ya que las casualidad tétrica es llamativa: tiene el mismo apellido que Walter Bulacio, muerto en 1991.

El otro fallecido fue Javier Fernando León (42), quien vivía en Los Polvorines (Malvinas Argentinas).

19 de abril de 1991

El asesinato de Walter Bulacio a manos de agentes de la Policía Federal el 26 de abril de 1991, una semana después de haber sido detenido durante una razzia en las afueras del estadio de Obras Sanitarias con ocasión de un recital de Los Redondos, fue un caso emblemático de violencia institucional y una crisis en la banda.

Bulacio, de 17 años, fue uno de los adolescentes detenidos en la noche del 19 de abril por orden del comisario Miguel Ángel Espósito, responsable de la Seccional 35ta, por “averiguación de antecedentes” y amparado en un secreto y luego derogado “Memorando 40” que iba a contrapelo de la Ley de Patronato de Menores que prohibía la detención de menores sin intervención del juez competente.

El muchacho recién fue sacado de la comisaría a la mañana siguiente, para ser llevado al hospital Pirovano donde se le diagnosticó traumatismo craneano, y en donde reveló haber sido golpeado por la policía. La autopsia posterior a su muerte precisó el procedimiento policial. El cuerpo de Bulacio tenía rastros de golpes con objetos contundentes en miembros, torso, cabeza y extremidades.

El comisario Espósito recién fue condenado en noviembre de 2013 cuando el Tribunal Oral en lo Criminal 29 lo consideró “autor del delito de privación ilegítima de la libertad agravada por ser cometida por funcionario público”, pero la pena de 3 años de prisión en suspenso lo eximió de quedar detenido.

Desde el lado musical, el crimen de Bulacio ensombreció el perfil combativo de Los Redondos, quienes no asumieron demasiado protagonismo para pedir justicia y con la excusa de no querer ser parte de un show mediático, guardaron un perfil bajo en la denuncia del asesinato a uno de sus fans.

El desembarco de Los Redondos en Obras había estado teñido de cierta polémica interna porque llegar allí suponía arriar algunas de sus banderas de independencia artística y de funcionamiento.

Esa noche, el conjunto  celebraba una nueva velada en el reducto en el que “a raíz de su creciente popularidad” había arribado por primera vez el 2 de diciembre de 1989.

En 1989 tocaron 2 veces en el estadio cubierto (con capacidad para unas 5.000 personas) y hacia fin de año salieron al campo de hockey de Obras para hacer vibrar a 25.000 espectadores. La relación entre Los Redondos y el espacio continuó vigente con varias citas durante 1990 y 1991. Luego de la trágica noche de abril, hacia finales de año el quinteto decidió tener su último paso por Obras, un lugar manchado por la historia y que ya estaba quedando chico para el presente de la banda.

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