18 de diciembre de 2014 - 00:00

Oscar “Maravilla” Martínez: “No me falta ninguno de los premios que se entregan en este país”

Fue elegido como 'Mejor actor protagónico" en los Premios Sur por su gran trabajo en la película "Relatos salvajes". En TV compone a un delicioso villano en "Noche & Día". Una charla con el hombre que fue "el modelo de Cinzano".

Tiene un camarín con lucecitas encendidas, un sillón, un baño privado, comodidad, una gloria ganada. Tiene memoria. Por eso recuerda que hace 43 años, en este mismo lugar, “daba mis primeros pasos. Era un nene. Vine a filmar ‘La gran ruta’, de Fernando Ayala, película en la que me vestía de mujer. Era una banda que asaltaba un hotel alojamiento de la Panamericana, y yo, para poder entrar, estaba toda producidita. Me acuerdo de estar acá muerto de frío, porque estaba en el primer piso y las ventanas tenían los vidrios rotos. Creo que me agarré la gripe más fuerte de toda mi vida”, comparte Oscar Martínez, tal vez desde la misma baldosa de Baires que pudo haber pisado en el ‘71, cuando no lo conocía casi nadie. Pero ya lo intuían unos cuantos.

“Yo debuté en ‘Cosa juzgada’ -emblemático e inigualable programa de televisión dirigido por David Stivel- y, a las tres emisiones, me llamaron para esta película que te digo. Fijate cómo fue el camino: en el primer capítulo toda mi letra era decir ‘No’. En el segundo ya tuve una página y media y, en el tercero, David me eligió para protagonizar con Marilina Ross. Al día siguiente de eso, te lo juro, me ofrecieron ‘La gran ruta’. Tuve un arranque muy bueno”, califica uno de los mejores actores argentinos.

-En esa época, ¿ya eras "Oscar Martínez"?

-No, para algunos era “el modelo de Cinzano”. No me olvido más de eso: un día en la revista TV Guía pusieron “El modelo de Cinzano grabó en Cosa juzgada”. Fueron tiempos maravillosos. Por eso volver a Baires tiene un sabor especial para mí.

Baires asoma detrás de un arco triunfal, en una callecita de Don Torcuato. Su construcción comenzó en 1938 y fue inaugurado como estudio cinematográfico en 1940. Fue testigo de la época de oro del cine argentino. A partir de 1956, Aries Cinematográfica -la productora con la que él filmó varias películas- comenzó a utilizar esos sets, en los que ahora, reciclaje arquitectónico mediante, graba Pol-ka.

Caprichos del destino, tal vez, ese lugar con historia lo tiene ahora como el más villano de “Noche & Día” (a las 21.50 por El Trece y aquí por Canal 7), la tira protagonizada por Facundo Arana y Romina Gaetani. Su comisario Guillermo Inchausti le permite desplegar su paleta de colores, que no todos los malos de la TV saben aprovechar. El tiene matices. Como los tiene su Mauricio de “Relatos salvajes”, la película de Damián Szifrón que la semana pasada le valió la estatuilla de ‘Mejor actor protagónico’ en los Premios Sur. Tenía un rubro difícil, compartido con Ricardo Darín, Leonardo Sbaraglia (los dos también por “Relatos...”) y Daniel Fanego (por “Betibú”). Difícil pero posible, se ve.

“Este es un premio especial, porque no hay un jurado más calificado que la propia gente que hace cine. Es nuestra academia, compuesta por personas que imaginan, sueñan, escriben, dirigen, iluminan y actúan las películas. Es un premio muy valioso”, comenta el actor con un cafecito a mano y con Malena -la hija de su mujer (Marina Borensztein)- de testigo de la charla, sentadita en el piso, con la vista en su celular y con otros de sus sentidos en las palabras de Oscar.

-Tenías un grupo bravo, con Darín a la cabeza.

-Sí, cualquiera de los cuatro lo podría haber ganado con justicia, ésa es la verdad. No fui pensando en que yo era número puesto, ni mucho menos.

-¿Cómo se va a los premios? ¿Dos escalones abajo como para que el impacto no duela tanto si uno no gana?

-A veces hacés eso y a veces también es inevitable sentir que lo merecés. Si querés que te diga la verdad, en los ACE del año pasado fui con la expectativa de ganarlo, porque creo que Salieri (su personaje en la obra “Amadeus”), si no fue mi mejor trabajo en 40 años, pegó en el palo. Y sin embargo no lo gané.

-Está claro que la cabeza de uno no es la cabeza del jurado.

-Mirá, ese día maravilloso que presentamos “Relatos salvajes” en el Festival de Cannes, con la gente aplaudiendo de pie 15 minutos y gritando vivas por la película, le digo a Almodóvar, que lo tenía al lado mío, algo así como “Pedro, qué maravilla, esto no pasa siempre, ¿no?”. El sonrió: “No, hombre, claro que no. Bueno, cuando es un gran éxito, sí. Pero uno no debe olvidar que el jurado no tiene nada que ver con esto”. De todos modos, yo no me puedo quejar, porque a mí me han premiado mucho. Creo que no me falta ninguno de los premios que se entregan en este país. Los he ganado todos, salvo alguno que yo no conozca.

Sin las gafas oscuras de Inchausti -ni su codicia, ni su soberbia-, cuenta que a los 65 años ya “gané el ACE varias veces, gané el ACE de Oro, la Estrella de mar, la Estrella de mar de Oro, el Premio Clarín Espectáculos, el Martín Fierro, el Moliére dos veces, el Konex de Platino, tengo varios Cóndor de Plata, el que ahora se llama Trinidad Guevara que antes era Premio Municipal a la labor teatral, tengo premios de publicaciones de cine de acá y de afuera, gané en San Sebastián como mejor actor por “El nido vacío”...”.

-¿Los tenés a la vista?

-No, para nada. No es que entrás a mi casa y los ves. Están en mi estudio, que es un lugar privado.

-¿Te hace ruido que con tantos premios seas parte de un programa que encabeza otro?

-No, la verdad es que no. Yo estoy acostumbrado a protagonizar desde hace décadas. No es algo que tengo ejercido, pero no se me caen las uñas por esto. Todo el mundo sabe quién soy.

-De hecho tu trabajo y el de Eleonora Wexler, por peso y por cantidad de tiempo en pantalla, son típicos de protagonistas.

-Puede ser, pero las cosas como son: los protagonistas son Facundo y Romina. Nosotros dos somos, en tal caso, coprotagonistas. Y no siento que esto vaya en detrimento de lo que he hecho hasta ahora. Estaba con ganas de hacer televisión, Adrián (Suar) quería que yo estuviera en este programa, me ofreció este papel y lo hago con mucho gusto. Armó un muy buen equipo, él es muy bueno en eso.

Con entrañables trabajos como los de “Nueve lunas” (cómo olvidar al doctor Pedro Laurenti), “De poeta y de loco”, “El hombre”, “El puntero” -en el que construyó un gran duelo actoral con Julio Chávez-, o los de sus varios “Alta comedia”, no estaba en una tira desde hace 13 años, cuando protagonizó “Ilusiones”. Ahora el formato lo tiene de regreso con un malo y poderoso (ver Guillermo Inchausti) que cada tanto suelta un rasgo de humanidad.

“Hace como 10 días, mirando tele, enganché en ‘Palabras +, palabras -’ (TN) al hijo de Pablo Escobar Gaviria (fundador del Cartel de Medellín). Lo estaban entrevistando y él asumía quién había sido su papá, pero también dijo que fue un padre extraordinario, presente como ninguno y que le escribía unas hermosas cartas. Contó cómo a los 11 años le habló de las drogas y le dijo que no cometiera la estupidez de drogarse, pero si alguna vez decidía tomar le avisara. Le habló pestes de la cocaína. Reveló cosas del padre desde una humanidad poco conocida. Y también, cosas nefastas, casi todas públicas. Creo que estos personajes con tanto poder pueden tener un costado humano. No los salva, pero los hace posibles. Y eso busco con este personaje. Hay un unipersonal que me acercaron una vez sobre los villanos de Shakespeare, y arranca diciendo que ‘Un villano es alguien que piensa siempre primero en sí mismo’. Como Inchausti”.

Se engancha en el juego de buscar por los laberintos de la memoria si la ficción le había dado algún malo tan malo y no lo encuentra. Pero en el viaje por el pasado, aparecen los comienzos, “la frase de mi viejo, cuando yo le conté que quería ser actor y él me dijo ‘Andá a laburar, yo vagos no mantengo’, y después me apoyaron mucho los dos, porque vieron lo fuerte que era mi vocación”, aparecen las anécdotas. Y aparece la perlita ésa de “el modelo de Cinzano”, mote que rápidamente quedó sepultado por su nombre propio. Al que ahora uno podría agregarle un apodo: Oscar “Maravilla” Martínez.

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