Yo no sé si el secretario de Estado estadounidense, John Kerry, tendrá éxito con respecto a las dos grandes prioridades elegidas: intentar forjar la paz entre israelíes y palestinos y una tregua con Irán que prive al país de un arma nuclear.
Yo no sé si el secretario de Estado estadounidense, John Kerry, tendrá éxito con respecto a las dos grandes prioridades elegidas: intentar forjar la paz entre israelíes y palestinos y una tregua con Irán que prive al país de un arma nuclear.
Sin embargo, admiro su implacabilidad. Admiro la manera en que se atreve a fallar: la única forma de convertirse en un secretario de Estado trascendente. Además, admiro su estrategia. Él intenta construir una diplomacia que vuelva imposible que Israel, los palestinos e Irán sigan evitando sus grandes decisiones existenciales.
Sin consideración a los detalles del trato con Irán, Kerry, en esencia, le está ofreciendo a Teherán la siguiente alternativa: ¿Quieren ser una gran Corea del Norte o una China pérsica? Si quieren que su poder e influencia sean definidos por cuantas armas nucleares pueden fabricar, así lo pueden hacer, pero serán un gran Estado fallido, aislado en su mayor parte del resto del mundo, en tanto su pueblo nunca será capaz de volver realidad su potencial pleno.
Si ustedes quieren que su grandeza sea definida por el talento y la energía de su gente -que serán desatados una vez que las sanciones sean levantadas y ellos se puedan reintegrar al mundo después de 34 años de medio aislamiento-, tendrán que abandonar todo enriquecimiento nuclear con la excepción del destinado a investigación limitada y necesidades de electricidad. Ustedes eligen. No habrá un trato mejor.
A los palestinos, Kerry les está diciendo: Ustedes quieren mantener la unidad del pueblo palestino; ustedes quieren un Estado independiente en 100 por ciento de Cisjordania con una capital en el oriente de Jerusalén; quieren la remoción total tan pronto como sea posible de todas las tropas y asentamientos israelíes; y quieren ser capaces de mantener cierta hostilidad hacia Israel en sus libros de texto y diplomacia.
Probablemente puedo conseguirles 95 por ciento de Cisjordania, con intercambios de Israel para compensar el resto y un asidero en el oriente de Jerusalén, pero ustedes tendrán que renunciar a la hostilidad y probablemente a su unidad; ya que prácticamente no habrá regreso de refugiados a lo que era Israel antes de 1967, al tiempo que tropas israelíes tendrán que ser autorizadas a mantener posiciones defensivas en el valle del Jordán durante al menos una década. Lo sé, es la mitad de lo acordado, pero es de verdad. Si quieren, pueden esperar otros 100 años.
A los israelíes, Kerry les está diciendo: Ustedes quieren un Estado judío, un Estado en toda la Tierra de Israel y un Estado democrático. Pueden tener dos de tres. Pueden ser judíos y en toda la Tierra de Israel, pero no serán democráticos, porque los árabes en Cisjordania e Israel constituirían un bloque electoral demasiado grande para que ustedes lo toleren democráticamente.
Pueden ser judíos y democráticos, pero no podrían conservar Cisjordania. Ustedes pueden ser democráticos y estar en toda la Tierra de Israel, pero, entonces, no pueden ser un Estado judío (refiéranse al primer punto). Ustedes eligen. No habrá un mejor trato.
Esta no es una decisión fácil para Israel, dada la agitación árabe a su alrededor. La estrategia de Kerry ha sido convencer al Pentágono de que diseñe un plan de seguridad para Cisjordania y el valle del Jordán que se apoye en satélites y otra infraestructura de alta tecnología para eliminar la cuestión de seguridad de la mesa en la medida que sea posible, de forma que la decisión para Israel sea de ideología versus una paz funcional. Oficiales israelíes, sin embargo, argumentan que el plan estadounidense es insuficiente.
La verdad es que ningún acuerdo de seguridad es invulnerable. Lo único que pudiera serlo es, a la par de las mejores herramientas de seguridad, darles a los palestinos un Estado que para ellos valga la pena defender y preservar, sorprendiéndolos con un poco de confianza, exactamente de la misma forma que Nelson Mandela tomó por sorpresa a los sudafricanos blancos. Reviste importancia lo que hacen y dicen los palestinos. Pero lo que hacen y dicen los israelíes también condiciona lo que hacen y dicen los palestinos, y viceversa.
Hasta ahora ni esta dirigencia palestina ni esta dirigencia israelí han demostrado un gramo de "mandelismo". Todo lo que se hacen y lo que hacen por cada cual es guardar rencor y cargarse de recelo, así que nunca hay una sensación de sorpresa. Sin un progreso en la confianza, no veo cómo pueda alcanzarse un gran acuerdo.
Sin embargo, el statu quo no es benigno. Los choques violentos entre israelíes y palestinos están creciendo en Cisjordania. Sin un trato, la situación podría explotar fácilmente. Aunado a esto, la constante expansión de Israel en asentamientos en Cisjordania les está dando a sus enemigos más forraje para deslegitimar al Estado judío.
Yo no apoyo los asentamientos, pero tampoco apoyo los parciales boicots de intolerancia de instituciones académicas israelíes, como el anunciado el lunes pasado por la Asociación de Estudios Estadounidenses, conocida como ASA. China amenaza con expulsar a la prensa estadounidense. Rusia intenta arrancar Ucrania de las manos de la Unión Europea. Sin embargo, ¿la ASA aísla a Israel para condenarlo?
¿Tan siquiera cree la ASA que los judíos tienen derecho a su propio Estado en cualquier parte de Palestina? Después de todo, la declaración de ASA dice que se opone "a la ocupación israelí de Palestina", sin especificar Cisjordania. Sin embargo, temo por Israel. Si Israel no detiene la locura de los asentamientos, negándoles a los palestinos un Estado en Cisjordania, encajará en la caricatura de sus peores enemigos.
Sin duda, para Estados Unidos, Israel y los palestinos, ningún trato sigue siendo mejor que un mal trato que se venga abajo a la mañana siguiente.
Lo que Kerry está intentando formar son tratos aceptables y pragmáticos en los cuales las oportunidades puedan superar legítimamente los riesgos para todas las partes. Su oportunidad de tener éxito con respecto a los frentes de Irán o Israel-Palestina es muy baja, pero respeto enormemente que él se atreva a fracasar.