14 de enero de 2026 - 00:20

Vino, Messi y una conversación que vale la pena tener

Celebro que Messi diga que consume vino y deseo que eso impacte positivamente en la industria y en quienes viven de ella. Dicho eso, creo que el vino merece ser defendido desde la cultura, la gastronomía y el consumo responsable, no desde la borrachera ni desde la promoción acrítica de bebidas industriales. Esta es mi opinión.

En los últimos días, una frase de Lionel Messi volvió a poner al vino en el centro de la conversación pública. En una entrevista distendida, dijo: “Me gusta el vino… o vino con Sprite, para que pegue rápido.”

Y, como suele pasar cuando habla Messi, la reacción fue inmediata: titulares, memes, lecturas marketineras y una sensación bastante generalizada de “triunfo”. Messi toma vino. El vino vuelve a estar de moda. La industria respira.

Quiero decirlo desde el comienzo, sin vueltas: me alegra que se consuma más vino. De verdad. Me alegra porque detrás del vino hay trabajo. Hay familias. Hay productores, cosechadores, enólogos, gastronómicos, comunicadores, guías, choferes, cocineros, camareros. En un contexto global donde el consumo de vino viene cayendo, cualquier gesto que lo vuelva visible ayuda a que la industria sobreviva y crezca. Y eso es importante. Muchísimo.

Ahora bien. Dicho esto —y con el mismo respeto— siento que vale la pena abrir una conversación un poco más profunda.

Desde mi experiencia como periodista enogastronómica, como mendocina y como alguien que construyó gran parte de su carrera alrededor del vino, yo elijo pensarlo no como un medio para “entonarse”, sino como un bien cultural y gastronómico. Para mí, el vino está ligado a la comida, a la mesa, a la charla, al tiempo compartido. Me cuesta digerir a la idea de “pegar rápido” o de necesitar alcohol para divertirse.

No lo digo desde un pedestal moral ni para señalar a nadie. Lo digo porque creo, honestamente, que asociar el vino a la borrachera no es la mejor manera de cuidarlo, sobre todo hoy, cuando la industria necesita coherencia, cuidado y una mirada de largo plazo.

Tampoco se trata de demonizar consumos populares. El vino tiene —y debe tener— muchas formas de disfrutarse. La sangría, el tinto de verano, los vinos con frutas, con hielo o con soda forman parte de una cultura viva, cotidiana y accesible. La coctelería con vino, cuando está bien pensada y ejecutada, suma creatividad y abre nuevos públicos.

Lo que sí creo necesario señalar es que no todo vale lo mismo. Desde la mirada que yo intento sostener —y comunicar—, me cuesta celebrar la promoción del vino asociada sin más a bebidas industriales y ultraprocesadas. No por una cuestión de gustos personales, sino porque hoy quienes trabajamos en gastronomía, vino y comunicación también comunicamos valores, aun cuando no lo hacemos de manera explícita.

El vino es parte de nuestra identidad, de nuestra historia y de nuestra economía regional. En Mendoza, la gastronomía creció de la mano de las bodegas y de la calidad de sus vinos. Desde que los vinos se empezaron a destacar mundialmente, hubo necesidad de mejores cocinas, restaurantes más sólidos y propuestas con identidad. El vino fue —y sigue siendo— motor de desarrollo.

En Argentina, además, el vino es bebida nacional. Defenderlo no es solo vender más botellas. Es educar, contar su historia, explicar de dónde viene, qué hay detrás de una cepa, de una finca, de una botella. Es entenderlo como parte de nuestra cultura.

Quienes me conocen saben que soy una abanderada de la enogastronomía local, de Mendoza y de la industria vitivinícola. Mi tesis de maestría fue sobre la identidad enogastronómica argentina. Y fui co-creadora del festival ALMAlbec en 2018, con una idea muy clara desde el primer día: educar y promover el consumo responsable. Siempre insistimos en algo simple pero fundamental: una copa de vino, una copa de agua. Y acompañar con comida. Servicio consciente, camareros formados, información clara y un mensaje innegociable: no manejar después de consumir alcohol.

Cuidar el vino también es cuidar al consumidor. No promover el exceso. No naturalizar el descontrol. No generar malas experiencias que después se traducen en rechazo, desinterés o riesgo. Popularizar el vino, sí. Democratizarlo, también. Pero popularizar no es descontrolar.

Admiro profundamente a Messi. Me parece un referente dentro y fuera de la cancha. Justamente por eso, quizás, me hubiera gustado escuchar un mensaje más alineado con el disfrute consciente. Nada más. Nada menos.

Respeto opiniones y elecciones diferentes a las mías. Está perfecto pensar distinto. Esta es la mía, y nace del amor por el vino, por Mendoza y por una industria que da trabajo a miles de personas y que hoy necesita crecer, sí, pero con calidad, con cuidado y con conciencia.

Y dejo una pregunta abierta, como reflexión final:

¿Promover el consumo del vino a cualquier precio —sin pensar en la responsabilidad, la salud y la coherencia— es realmente el camino?

Sobre todo, para quienes trabajan con discursos de sostenibilidad, compromiso regional, productos locales y cuidado de las personas, ¿no vale la pena preguntarnos también qué bebidas y qué industrias estamos avalando cuando comunicamos?

El vino merece algo mejor.

Y quienes vivimos de él, también.

* Alicia Sisteró es periodista enogastronómica mendocina. Instagram (por si quieren arrobarme en las publicaciones de redes) @aliciasistero https://www.instagram.com/aliciasistero/

LAS MAS LEIDAS