9 de septiembre de 2025 - 00:10

Venezuela en el contexto global

Sobre la amenaza de invasión norteamericana a Venezuela, las opiniones se dividen entre quienes piensan que Trump lleva adelante su típica política de presionar para negociar, y los que creen que el presidente estadounidense necesita alguna victoria militar circunscripta en el terreno que fortalezca su imagen.

El lunes 1° de septiembre tuvo lugar en Beijing la reunión de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) y seguidamente la Cumbre de los “Amigos de Ucrania” en Europa. Vebezuela no fue un tema en ninguna de las dos. Es decir que no ocupa un lugar central en el ámbito global frente a problemas como Ucrania, Gaza y otros.

De cualquier manera, la tendencia a la unificación que muestra el bloque de los países en desarrollo favorece a Venezuela, que se encuentra aislada y tiene ahora un punto de referencia más importante.

En la región se percibe un aislamiento de Nicolás Maduro, pero también Washington encuentra problemas para sumar países a su posición. Oficialmente, Estados Unidos ha realizado su despliegue aeronaval frente a las costas venezolanas en el marco de su lucha contra los carteles de la droga, a varios de los cuales ha pasado a calificar como organizaciones terroristas. Entre estos carteles hay dos venezolanos, el Tren de Aragua, desarrollado y conducido desde las cárceles venezolanas, y el Cartel de los Soles, del cual formaría parte el presidente Maduro de acuerdo a la inteligencia estadounidense. Se han sumado a la posición estadounidense países como Trinidad Tobago en el Caribe y El Salvador en Centroamérica.

En América del Sur, el primero en hacerlo fue Ecuador, que el 2 de septiembre recibió la visita del secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, quien declaró como terroristas a los dos carteles más importantes que actúan en el país: los Choneros y los Lobos. Luego se sumó Paraguay y en tercer lugar Argentina. Por su parte, la OEA ha eludido hasta ahora intervenir en el caso y tanto Brasil, México y Colombia como Chile no apoyan el despliegue militar estadounidense.

El contingente militar de Estados Unidos frente a Venezuela parece más apto para realizar un “golpe de mano” circunscripto, que para invadir un país que tiene una población de 28 millones y una superficie de 916,445 km². La última vez que Washington realizó una operación militar para producir un cambio de régimen en la región fue cuando tomó Panamá y apresó al entonces presidente, el general Noriega. Para ello reunió un contingente militar de decenas de miles de hombres. No parece que ahora exista disposición de invadir Venezuela, corriendo el riesgo de desatar una guerra prolongada.

Es cierto que desde entonces la tecnología militar ha avanzado mucho y en especial en Estados Unidos, como lo muestran los misiles de mayor alcance, potencia y precisión. Pero la guerra se termina ganando en el terreno, como lo muestran hoy tanto Ucrania como Gaza. La fuerza desplegada frente a la costa de Venezuela está integrada por tres corbetas misilísticas -se está sumando una cuarta-, una cantidad importante de helicópteros y un grupo de desembarco integrado por cuatro mil hombres. Se ha agregado también un submarino a propulsión nuclear, sin que exista certeza sobre el armamento que lleva. El almirante Alvin Hosley, titular del Comando Sur estadounidense, parece el hombre indicado para comandar este tipo de operación.

Fuera de la región, el Reino Unido y Francia -que en el caso de Ucrania muestran fuertes diferencias con Trump- participan de la operación naval estadounidense, aunque sólo con pequeñas unidades navales que tienen más valor diplomático que militar, con base en sus pequeñas posesiones del Caribe.

En cuanto a Venezuela, tiene una estructura militar grande, pero de dudosa eficacia por el bajo nivel de adiestramiento del personal y de mantenimiento de los sistemas de armas. Según el Global Firepower Index ocupa la posición 50° por su capacidad militar, entre Perú y Rumania.

Pero la información sobre la presencia militar rusa e iraní, si bien es imprecisa, genera preocupación en la inteligencia estadounidense. Está comprobado que el régimen de Maduro ha recibido armamento misilístico y sistemas antiaéreos de origen iraní y probablemente también ruso. La presencia de mercenarios de este origen ha sido denunciada reiteradamente desde Estados Unidos, pero sin pruebas fehacientes. A la tensión militar entre Estados Unidos y Venezuela se suma simultáneamente la de este último con Guyana por la región de Esequibo. Se trata de una ex colonia británica que tiene ciento cincuenta y nueve mil kilómetros cuadrados y una población de ochocientos treinta mil. El territorio guyanés es siete veces menor que el venezolano y su población aproximadamente cuarenta veces. Este país se encuentra eligiendo presidente y ha denunciado agresiones por parte de las fuerzas venezolanas. Guyana, un país muy rico en reservas de petróleo y otros minerales, lógicamente ha tomado partido por Estados Unidos en el conflicto.

La diplomacia norteamericana se encontraría intentando negociaciones para lograr un cambio de régimen en forma incruenta. Mientras se ofrece una recompensa de cincuenta millones de dólares por información que conduzca a la captura de Maduro, habría gestiones para que este se retire voluntariamente del poder, encontrando asilo en Nicaragua como primera instancia. Esta presencia la considera una “amenaza extravagante, injustificable, inmoral y absolutamente criminal” que comparó con la Crisis de los Misiles de 1962.

En cuanto a los analistas internacionales estadounidenses, se dividen entre quienes piensan que Trump lleva adelante su típica política de presionar para negociar, y los que creen que el presidente estadounidense necesita alguna victoria militar circunscripta en el terreno que fortalezca su imagen. Quizás ambas opciones estén en consideración.

* El autor es director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría.

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